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viernes, 12 de enero de 2024

Una dibucarta de Las Landas diferente.

 Hola navegantes.

En la navegación a Londres tuvimos, lógicamente, que ascender la costa francesa de Las Landas. Fue una navegación poco habitual porque todo nos salió bien, a lo que no estamos acostumbrados. Os lo conté aquí:

Clic aquí.

Lo normal es encontrase una meteorología horrible, dificultades para hacer escala en Arcachon (lo que te obliga a llegar hasta Royan, en la desembocadura del Garona, o sea, 160 millas desde España) y problemas con el campo de tiro del ejército francés.

Eso es lo que nos pasó en la navegación a Bretaña en 2015, cumpliéndose el refrán "a veces la vela es sólo un poco más divertida que el trabajo". En Hondarribia el pronóstico no era muy favorable porque daban vientos del Norte para toda la semana. Salimos hacia Capbreton e inicialmente el viento nos entró por el través y nos permitimos izar el espí, pero cuando íbamos así tan contentos vimos que el horizonte se ponía negro y se formaban dos trombas de agua, un fenómeno excepcional que yo no había visto al natural en toda mi vida de navegante. Nada más verlas nos cruzamos unas miradas capaces de hacernos trasluchar y nos preparamos para lo peor, arriamos el espí a la desesperada y nos quedamos con el velamen mínimo hasta ver qué pasaba. Finalmente no nos alcanzaron, pero sí el chubasco acompañante que nos tiró agua como si el cielo y el  mar fueran la misma cosa. 

El día siguiente no había ejercicios de tiro, pero el segundo sí, y luego toda la semana habría vientos del Norte de fuerza 4 y 5, lluvia, y ejercicios de tiro todos los días. Intentamos, pues, seguir el día siguiente. Nos levantamos a las cuatro y media para ir a ver el panorama desde el puerto, ya que la pleamar era a las cinco. Y lo que vimos fueron nubes negras como murciélagos de las que caían cuerdas de agua, el paso con rompientes y un rumor parecido al susurro de las hojas muertas, un viento de morro de fuerza 5, y un maretón lleno de borreguitos. Para enfriarte la sangre. Y aunque allí el viento venía del Oeste en Arcachon vendría del Norte, una auténtica pared de viento que nos haría casi imposible llegar en la pleamar. Nos sentimos pequeñitos y no nos pareció prudente salir así, arriesgándonos a un zozobre en el paso.

El segundo día nos levantamos a las cinco de la mañana para ir a ver el estado de la salida del puerto. A pesar de los nubarrones y las olas grandilocuentes, que se habían reducido desde el día anterior, decidimos salir ese día. Nuestro destino iba a depender de las condiciones de navegación, en el mejor de los casos intentaríamos llegar hasta la desembocadura del Garona, y como plan B entrar en Arcachon. Nos encontramos un viento del Norte de fuerza 5, que nos obligó a navegar a la francesa casi todo el recorrido sin parar de dar pantocazos. Como si las cosas que consideramos inanimadas también pudieran quejarse, cada cadenote, cada obenque, cada driza, cada mamparo, maldecía a su manera con un ruido particular. Además había ejercicios de tiro del ejército francés, y nos habían marcado un meridiano que no deberíamos de pasar hacia el Este, concretamente el de 1º 23’ W.

Con tantas horas de motor se hizo evidente que no nos llegaría la gasolina para alcanzar la desembocadura del Garona, así que no nos quedó más remedio que entrar en Arcachon. Pero este puerto tiene unas condiciones muy estrictas de acceso: sólo puede entrarse en el entorno de la pleamar, de día y con olas menores de un metro. Es uno de los tres pasos más peligrosos de Europa, porque con viento y mar de fondo del Oeste las olas que proceden del Atlántico Norte sin nada que las frene llegan a romper contra las lenguas de arena de los márgenes de la entrada, disimulando el canal y arrastrando a los barcos contra los bajos fondos.

A las 16 h. ya divisábamos la entrada de Arcachon, y como el ejercicio de tiro finalizaba, en teoría, a las 16:30, llamé por radio al faro de Cap Ferret para preguntar si después de esa hora podía atajar en diagonal hacia la entrada de Arcachon cortando la zona militarizada, para ganar un tiempo precioso. La respuesta (rotundamente no) nos calló encima como los cascotes de un edificio en demolición, y no nos quedó más remedio que seguir contorneando contrarreloj el famoso campo de tiro. Conseguimos llegar a la boya de recalada después de 64 millas náuticas, exactamente a la hora de la pleamar. Las condiciones eran duras, con viento del Norte de fuerza 5 y fuerte marejada (olas de hasta 2,5 metros) pero allí el rumbo cambiaba de ser al Norte como llevábamos todo el día, a ser hacia el Este, con lo que el viento nos entraba por el través. Las olas se calmaron dentro del canal de entrada, y a eso de las 19 horas estábamos en mitad del paso navegando a toda vela.

Desgraciadamente desde el paso de Arcachon hasta la marina aún nos quedaron tres horas de navegación, y como habíamos entrado justo en el momento de la pleamar, a partir de ahí tuvimos que hacer todo el recorrido dentro de la bahía en contra de la marea vaciante. Además a partir de la Duna de Pilatos el canal volvía a recurvarse hacia el Norte, con lo que el viento volvió a darnos de morro, lo que se hizo agotador. A todo motor y ayudados por la mayor no pasábamos de 2-3 nudos. Finalmente llegamos a la marina de noche, con las oficinas cerradas y sin nadie para acogernos. La distancia que dejamos atrás ese día fue de 67 millas. Llevábamos en el cuerpo 15 horas de navegación agotadora, desembarcamos como si nos movieran desde arriba con hilos como los de las marionetas, y a pesar de eso no encontramos ningún sitio abierto para cenar (estábamos en Francia y eran las 23 h.). 

Esta navegación tan movidita  resume lo que es habitual en Las Landas, y por eso las condiciones tan buenas en la navegación a Londres nos sorprendieron tan favorablemente.

La siguiente dibucarta es la de la navegación por Las Landas en el viaje a Bretaña. Se empieza a leer en el hombro, y se la regalaré al primero que la transcriba (clic encima para leerla mejor):


 Con cuidado, navegantes.

jueves, 11 de enero de 2024

La extensión de los sargazos.

 Hola navegantes.

Todos relacionamos el Mar de los Sargazos con una pequeña extensión al Este del Caribe, allí donde desemboca el Amazonas y aporta al mar sus nutrientes, y que ya existía en tiempos de Colón. Es un mar que te complica la vida, al enredarse la quilla y el timón en las algas kilométricas. 

Pues el problema es que los sargazos están extendiéndose, y ya abarcan toda la extensión del Océano Atlántico, al Norte del Ecuador, unas 5.500 millas, y todo el Golfo de México:


La causa obedece a la deforestación y el cultivo intensivo del Amazonas, que ha incrementado en millones de toneladas los productos orgánicos que el río vierte al mar, y al cambio climático. 

Aparte del desánimo que te generan estas noticias sobre el futuro de nuestro planeta, para los navegantes oceánicos supone una dificultad más a las muchas que ya se encuentran. No quiero ni imaginarme un atasco de algas como los que hemos sufrido en los canales, en mitad del Océano.

Definitivamente, entre el cambio climático, los sargazos, los continentes de plásticos, las orcas, la piratería, las trabas administrativas, los conflictos bélicos y las desigualdades entre países, la vela ya no es lo que era. Habrá que disfrutar de los espacios que aún nos quedan antes de la catástrofe total. Como dice un proverbio inglés, "sonríe, mañana será peor".

Con cuidado, navegantes.

martes, 9 de enero de 2024

Vinilos nuevos.

 Hola navegantes.

Los vinilos con el logotipo del Corto Maltés, en las aletas de mi barco, llevaban ya 20 años y estaban muy deteriorados. Se desgastan sobre todo por el roce con las defensas, especialmente en el interior de las esclusas. En los canales pasas de un extremo a otro: entre una esclusa y otra navegas como por una charca, pero dentro de la esclusa, y especialmente cuando se llena, te azotan los remolinos y las olas desde todos los lados y el barco no para de chocar con la pared. Es como estar en el mar con fuerza 5, pero además pegado a un muro de piedra.

Aunque, obviamente, reforzamos todas las defensas y ponemos un tablón por fuera de ellas:

 

 

el roce con las mismas defensas también desgarra y desgasta los vinilos. Así que los hemos renovado y el barco ha quedado así:



Son de los que llaman de alto agarre y con laminado de protección. Si me duran lo que los anteriores me doy por contento.

Con cuidado, navegantes.

sábado, 6 de enero de 2024

La imprudencia y la vida de los demás.

 Hola navegantes.

A veces los marinos "valientes" no se dan cuenta de que si algo les sale mal no están arriesgando sólo su vida en el mar, sino también la de los que salen a rescatarles. En junio de 2019 la tempestad Miguel (con rachas de fuerza 12, la más alta de le escala) azotó la fachada atlántica de Francia. A pesar del aviso un pescador jubilado salió de Les Sables d'Olonne, uno de los puertos más difíciles de acceso y más expuestos a los temporales del Oeste.  Al verse en apuros activó su baliza de socorro y el barco de salvamento salió de Les Sables a rescatarle. El barco volcó y fallecieron 3 de los 7 marinos que iban a ayudarle. También falleció el pescador al hundirse su barco. ¿Os imagináis el encuentro de los familiares del pescador con los de los rescatadores fallecidos?.

 La discusión es un tópico cuando alguien va a intentar un reto en el mar, porque muchos dicen que si les pasa algo no vayan a rescatarlos, comparándolo con el derecho a suicidarse. Aunque obviamente no es el caso del ejemplo, porque el pescador sí solicitó ayuda al activar la baliza, aunque no lo hubiera hecho habrían ido a ayudarle. Porque el aviso pueden darlo también los familiares cuando le echan de menos, o cualquiera que vea el barco en apuros desde la costa. Y otros dicen que los rescatadores ya saben que su oficio es peligroso, como si eso justificara provocar voluntariamente ese peligro. Argumentos patosos para intentar justificar lo injustificable.

 Acordaos de este refrán: los marinos más peligrosos son los que nunca tienen miedo. Porque tener miedo es ser prudente, saber disimularlo es ser valiente.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 4 de enero de 2024

Dibucarta del Río Loira en 2015.

 Hola navegantes.

En la navegación a Londres tuvimos que remontar el Río Loira hasta Nantes por un cambio imprevisto de planes, lo que nos permitió volver a discurrir por sus sorprendentes visiones. Ana y yo ya habíamos recorrido ese río en la navegación a Bretaña en 2015, y en aquella primera vez llegamos a Nantes alucinados de lo que habíamos visto. Os reproduzco aquí nuestras impresiones de 2015:

"A partir de media mañana se puso a llover y empezaron a ocurrir cosas raras, que nos daban la impresión de haber entrado en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas. Por ejemplo llegamos a la Central Térmica de Cordemais (47º 16,6’ N; 1º 53,1’ W), una industria horrible con unas chimeneas como rascacielos que se veían desde todas partes. Un poco antes de llegar a ella sale un pequeño ramal del río por babor, que conduce a una modesta marina justo detrás de la Central. Con las tres chimeneas de su Central Térmica no puede fallarse este puerto, en la orilla derecha del Loire. Una vez pasado el reflejo de huir ante tan poca poesía, encontramos aquí la más confortable de las etapas entre Saint-Nazaire y Nantes. 

 El puertecito consiste en un pantalán en mitad del cauce del río con sitio para 60 barcos, incluyendo algunas plazas para visitantes, y un puerto en seco con capacidad para 250. La zona del pantalán tiene dos metros de calado, pero el acceso bastante menos y sólo se puede entrar dos horas después de la bajamar. No es que pensáramos quedarnos, por las limitaciones de horario de entrada y salida, pero ya que habíamos llegado hasta aquí desde España nos apetecía por lo menos verlo. A esa altura de la navegación ya íbamos a 8 nudos, y al virar a babor para acercarnos a la orilla el Corto Maltés parecía que derrapaba. Cuando nos acercábamos a la orilla no dábamos crédito a lo que veíamos: en la cima de una chimenea había un chalecito de color rosa, con las contraventanas en celeste y hasta un arbolito junto a él. ¡Sí, un chalet allí arriba, en la chimenea!. ¿Qué pasaba?. 


Como seis millas más adelante nos encontramos a estribor el ramal de un antiguo canal que se comunica con el Loire por una esclusa, la esclusa de La Martinière (47º 12,5’ N; 1º 46,9’ W). Íbamos a pasar de largo cuando al dirigir la mirada a la esclusa vimos algo raro. Parecía un barco que se había quedado atrancado en lo alto del muro de la esclusa. Íbamos ya a más de 8 nudos empujados por la corriente y volvimos a derrapar para dar media vuelta y acercarnos a curiosear. Para entrar en ese ramal del río teníamos que navegar contra la corriente del Loire, porque ya nos habíamos pasado de largo y teníamos que retroceder, y el Corto Maltés con el fueraborda a tope no hacía ni un nudo. Pero finalmente conseguimos llegar y en aquel ramal muerto del río ya no entraba la corriente y pudimos quedarnos a nuestro gusto para verlo y hacer fotos. En efecto, sobre el muro de la esclusa había un velero de casco azul, como de 8 metros de eslora, con su vela mayor perfectamente enrollada, como un cigarrillo, en la botavara, y que parecía haber encontrado su punto de equilibrio pues la orza se había calado perfectamente contra el muro de la esclusa. Lo sorprendente es que estaba como derretido, como salido de un cuadro de Dalí. A mí algo no me cuadraba, porque sé que la fibra de vidrio, al forzarla más allá de su resistencia, se resquebraja y se termina abriendo una grieta, y sin embargo la de aquel velero parecía de plastilina. 



Al pasar frente a Couëron estuvimos pendientes de la maniobra del transbordador y nos distrajimos un poco de la ruta, y justo cuando acabamos de cruzarnos con él nos asaltó la sorpresa mayúscula de esta travesía, porque nos apareció una casa de piedra de tres pisos en mitad del cauce (47º 12,3’ N; 1º 42,9’ W) a unos cuarenta metros de la orilla, bastante inclinada hacia el centro del río como si estuviera a punto de desplomarse. Parecía incluso que alguien viviera dentro, porque había luz en la ventana de la derecha del piso superior. No nos dio tiempo a pensar mucho en ella porque se puso a llover con ganas y ya veíamos el puente de la autopista inmediatamente anterior a Nantes y teníamos que recoger las velas. Dejamos la interpretación del misterio para preguntarlo en Nantes".


 
(Extractos del libro "Santander-Bretaña-Santander en el Corto Maltés". 

Todavía tengo el original de la dibucarta de aquella etapa, y se la regalaré a primero que la transcriba (los que ya tengáis alguna de la navegación a Londres, por favor esperad un par de días para que puedan intentarla los demás):


Con cuidado, navegantes.

miércoles, 3 de enero de 2024

Fata Morgana en Elche.

 Hola navegantes.

Cuando estaba preparando la navegación de la vuelta a Italia os hablé del fenómeno llamado "Fata Morgana". Es un espejismo debido a una inversión de temperatura que te hace ver en el aire a los barcos del horizonte:

Clic aquí.

Os recomiendo volver e leerlo para entender la curiosa explicación científica. Se llaman "Fata Morgana" (del italiano: hada Morgana) en referencia a la hermanastra del Rey Arturo que, según la leyenda, era un hada cambiante. Por alguna extraña razón son especialmente frecuentes en el estrecho de Mesina, entre Sicilia y el continente, y por esa zona vimos nosotros el único del viaje, una isla (no un barco) flotando en el aire. 

 Clic aquí.

 Suelen ser visibles por la mañana, después de una noche fría, y en condiciones meteorológicas de estabilidad. 

Pues a veces lo que es tan extraordinario y propio de sitios lejanos sucede aquí mismo. El 26 de diciembre se pudo ver esta maravillosa Fata Morgana frente a las costas de Elche: 

¡Qué sorpresas nos depara el mar!.

Con cuidado, navegantes.