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sábado, 24 de junio de 2023

En modo fluvial.

 Hola navegantes.

Ayer salió todo bien y dejamos el Corto Maltés en modo fluvial. Aprovecho para enseñaros la"trompa" que le pongo al palo para las esclusas. Es una prolongación con un tablón para que si chocamos con el muro de la esclusa no se rompa el enrollador (si choca la proa) ni la luz de tope (si choca la popa).



Como algunos me lo han preguntado, he anotado el tiempo que tardamos en desarbolar. Fueron dos horas de preparación, una media hora de grúa, y una hora y media de remates tras la grúa. En total 4 horas.

Al desarbolar se aprovecha para inspeccionar las partes del palo que suelen ser inaccesibles, como las crucetas y la perilla. En esa inspección hemos visto que la polea de la driza de la mayor estaba rota y bloqueada. Es lo que tiene el paso de los años, y por eso nos costaba tanto izar y arriar la mayor. Ahora tengo que buscar una del mismo modelo y ponerla antes de subir el palo.

Después de una ducha reparadora salimos para Redon, una travesía de 13 millas en tres horas. El puerto de Redón está muy cambiado desde mi última visita. Han hecho un edificio nuevo para la Capitanía y los aseos, han instalado dos pantalanes de tránsito antes de la antigua esclusa, y han hecho una pasarela peatonal sobre ésta.


Como hoy o mañana entraremos en la zona de canales abandonando el Vilaine, en Capitanía tenían la información del estado de las algas en los canales:


Y empieza a ser preocupante. En el trayecto Ille de Rance, que tomaremos nosotros, ya hay 7 zonas con la"navegación perturbada". Por ejemplo la nº 7 la limpiaron el 17 de mayo y tienen prevista la siguiente limpieza el 3 de julio, o sea que esas limpiezas solo duran un mes y medio. Las otras 6 zonas van a limpiarlas entre el 12 de junio y principios de julio. En fin, que esta vez tampoco nos libramos de ese mal rollo, y espero que lleguemos a esos tramos con la limpieza ya hecha. Supongo que será peor a la vuelta, en agosto, que con el calor habrán proliferado más. 

Ya hace un calor espantoso, y en la Capitanía no tenían congelador. Nos ha guardado los frigolines una pareja francesa que vive en Redon en su barco, y que curiosamente ellos sí tienen congelador. Gracias, Bruno y Cristine.

Entre las curiosidades de Redón, que en el claustro de la Abadía de St-Sauveur han hecho una exposición de arte moderno. Muy dudosa la elección del sitio, pero fijaos qué escultura tan bonita aprovechando un tronco viejo:



Le han dado la forma del la proa de un mercante, y sobre ella unas figuritas humanas.

Luego están los depósitos de sal, de cuando Redón vivía del comercio de la sal y hasta aquí subían los barcos a cargar, aprovechando la marea. Ahora están en desuso y sirven para el arte grafitero:



Y la Cruz de los  Marinos, en la última bifurcación del río, que servía de indicación a los barcos para no pasar de largo y seguir hasta Rennes. Ahora han hecho un parque alrededor.


A todo lo largo del puerto hay estas curiosas estructuras:


Ni la vez anterior ni esta han sabido decirme lo que son o para qué servían. Si a alguien se le ocurre que lo comparta.

Finalmente, otras curiosidades vistas en el puerto: un trimarán con los flotadores plegables, para ocupar menos y pagar menos en los puertos:


Uno que lleva las bicis en la proa, una de ellas colgada del balcón:

Éste, que en vez de bicis lleva unas moto en la plataforma de baño:


Y lo más triste, cuando los años dejan de ser dulces con uno que vive en el barco y le llega la dependencia: la sillas de inválido en la bañera:


Bueno, pues hoy seguiremos hacia el Norte sin destino fijo. Ya sabéis que en los canales puedes detenerte donde quieras. 

 Con cuidado, navegantes.

viernes, 23 de junio de 2023

Estreno en el río, y desarbolar.

 Hola navegantes.

Ayer salimos sin prisa de Arzal para dos navegaciones cortas, la primera hasta La Roche-Bernard y la segunda hasta Folleux. En primer lugar os enseño el sitio donde dormimos en Arzal: al fondo de un pasillo del pantalán, cerquísima de la vegetación. Aunque parece un sitio idílico es donde más mosquitos hay.  Tuvimos que emplearnos a fondo para defendernos.


La navegación por el Río Vilaine es preciosa, un anticipo de lo que nos espera. Una vegetación exuberante en ambas orillas, con los casoplones de algunos privilegiados a la orilla del río, hasta con su propio muellecito para el barco.


En tan solo una hora llegamos a La Roche-Bernard. Se distingue por el altísimo puente de la autopista, 50 metros, la selva de mástiles del Puerto Nuevo, y las ruinas del puente anterior, bombardeado en la segunda guerra mundial, que podrían haber tirado al construir el nuevo pero que dejaron de recuerdo:
 


Como no íbamos a pasar la noche nos dejaron amarrar en un pantalán gratuito del Puerto Viejo, justo debajo de la famosa Roca que da nombre al pueblo:


Por cierto que para hacer esta foto me la jugué, porque tuve que entrar por un prado lleno de colmenas y hacerla entre sus zumbidos:


La otra parte del nombre del pueblo, "Bernard", de debe a un jefe vikingo llamado Bern-Hart que, en el año 1.000, ascendió por el Vilaine buscando un sitio desde el que poder controlar el tráfico por el río. La roca fue el sitio perfecto y sobre ella estableció su torre maestra. Luego se convirtió al cristianismo, sus sucesores recibieron en título de barones y se les permitió seguir controlando el tráfico por el río. Al construirse la presa de Arzal el puerto dejó de secarse con las mareas y se reconvirtió en puerto deportivo.

Al “Puerto  Viejo” o  “Port   du  Rhodoir”, donde nos quedamos, se  entra  por la  orilla  de  estribor  siguiendo  el  cauce    de  un  riachuelo  con  el  mismo  nombre,  que  era  el  puerto  original  cuando  el  río  no  estaba  embalsado.  Ahora  siempre  mantiene  agua,  pero  en  origen  era  un  puerto  de  varada  que  se  secaba  en  bajamar,  porque  las  oscilaciones  de  la  marea  llegaban  hasta  Redon. Ya veréis cuando lleguemos que en el mismo Redon había una esclusa.

Como  los  de  Arcachon,  el  puerto  de La  Roche-Bernard  no  tiene  balizamiento  luminoso  por  la  noche,  probablemente  por  ser  innecesario  ya  que  la  esclusa de Arzal  no  abre  en  horario  nocturno. En lo alto de la roca hay un cañón, y desde ella unas vistas espectaculares del río, la marina y sus puentes.


El Ayuntamiento ha seguido una iniciativa que durante unos años encabezó Bernard Moitessier, que consistía en plantar árboles frutales en vez de árboles sólo ornamentales, para que se pudieran alimentar gratuitamente los sin techo.


Moitessier incluso ofreció una recompensa en metálico, de sus propios ahorros, al primer ayuntamiento francés que lo hiciera.

Por la tarde otra corta navegación nos llevó hasta el pueblecito de Folleux, donde nos quedamos justo debajo de la grúa que nos va a desarbolar hoy.



Cogimos la electricidad de la misma caseta de la grúa, para al menos tener funcionando la nevera y los ventiladores, y bajo un sol desertícola preparamos el barco para desarbolar. Quitar las velas y hacerlas sitio a bordo, quitar y endulzar la jarcia móvil, quitar la electricidad del palo, engrasar los cadenotes de los obenques, medir los tensores de los obenques para dejarlos igual al rearbolar, sustituir lo que está roto o desgastado, etc, todo eso que parece poco si se dice rápido pero que nos ocupó media tarde. Pero hemos dejado el Corto Maltés listo para que la operación sea rápida.

Así pues, hoy esperamos desarbolar a las 9, y luego seguir hasta Redon.

Con cuidado, navegantes.

jueves, 22 de junio de 2023

En agua dulce

 Hola navegantes.

Ayer salimos de La Turballe un poco tarde por distintas razones. La primera fue imprevista, y tiene relación con las gestiones para desarbolar. 

Llamé primero al puerto de Redon, donde me habían dicho que podía desarbolar con el mástil de un velero más grande, que ellos se encargaban. Pues resulta que el que me cogió ayer el teléfono no sabía nada, decía que allí no. Después de una conversación propia de Groucho Marx con Homer Simpson, resulta que hay un marinero especial, Pierre, que sabe hacerlo y debe ser como un trabajito personal, no un servicio del puerto. El tal Pierre trabajaba el jueves y el viernes, pero no el sábado, el domingo ni el lunes. O sea que si no llegábamos hoy jueves para hacerlo mañana viernes, ya no podíamos desarbolar hasta el martes. Y eso suponiendo que a Pierre no le pasara nada. O sea, un plan poco fiable.

Entonces llamé a la segunda opción, el puerto de Arzal, el primero tras la esclusa. Pues allí no tenían la agenda libre hasta el mes de julio. Es un puerto de invernada y supongo que toda la flota está pensando en botar el barco para su verano.

Con el estrés en alza, los tres o cuatro posibles sitios alternativos no contestaban. Y uno podía hacérmelo pero con el siguiente procedimiento: como no tiene grúa al lado del agua me proponía sacar el barco con un remolque, llevarlo a debajo de la grúa, desarbolar y volver a echarlo al agua. Todo por la "módica" cifra de 170 euros.

Finalmente nos sonrió la fortuna y hemos encontrado un taller, en un pueblecito en mitad del recorrido del río, Fouleux, que tiene grúa junto al agua, cobra 58 euros, y además podemos dormir el día anterior en el muelle de la grúa y es gratuito. Por supuesto es lo que haremos. A ver si no se tuerce.

La segunda razón para salir tarde fue que al río Vilaine teníamos que entrar con cierta altura de marea, porque en bajamar el calado en su desembocadura es sólo de 0,1 a 0,6 metros. La bajamar era a las 13:52, y por lo tanto queríamos llegar a media tarde.

La navegación fue maravillosa, con un vientecito del SW cuando nuestro rumbo era NW y N, que aprovechamos con la mayor y el espinaker casi todo el tiempo. Por el camino modifiqué la longitud libre de la escota de la mayor para que no llegara a los obenques, y tiré la arena que llevaba para las orcas. Ya hemos salido de Golfo de Vizcaya, y volveré a cogerla en una playa de Francia para la vuelta.

(Nota: después de escribir esto he leído que ya se ha producido un ataque por orcas a más de 3.000 millas de Portugal, en las Islas Shetland. La pauta es la misma, tirarse a destruir el timón del velero. Mal asunto).

Llegamos a la esclusa del Vilaine para la apertura de las 18 h. Entramos los segundos, y se reprodujo el show que ya conocíamos de anteriores entradas. Los barcos entramos como sardinas en lata, y el público mirando todo desde las gradas que han puesto para contemplar el espectáculo. Hoy no había tanto público como otras veces, que las gradas llegan a estar llenas.

La diferencia del nivel de agua en esta esclusa es ridículo, apenas unos centímetros, nada que ver con algunas de la vuelta a Francia que eran de 25 metros (sí, 25 metros de desnivel, creedlo). En un momento se abrió la compuerta, se levantó el puente de la carretera y todo había terminado sin darnos cuenta de haber subido con el barco un escalón.


Ya estábamos en el agua dulce del río, y en ella estaremos las próximas dos semanas navegando hacia en Norte por el interior de Francia. Adiós a las aguas color berilo del mar, y hola a las marrones de los ríos y canales.

Nos quedamos en el puerto de Arzal, el primero tras la esclusa. Fuimos a conocer el pueblo, pero debe ser sólo una colonia de casas construidas cuando se hizo la presa. Después de subir con las bicis una cuesta de casi 2 km por una carretera nacional, resulta que el único bar del pueblo estaba ya cerrado (eran las 19:30), la única pizzería también cerrada, y el único supermercado ¿adivináis qué?, también cerrado. Volvimos al puerto y también aquí todo cerrado. Alucinante.

Como en todos los puertos, hay barcos abandonados. Pero aquí, al estar en agua dulce, en vez de crecerles algas de varios metros que viven bajo la flotación, lo que ocurre es que las plantas terrestres echan las raíces en el agua, se pegan al casco y florecen al aire. Un deterioro muy curioso y distinto al que estamos acostumbrados.



Esa preciosa planta acuática salía del timón de un Fantasía. Las telarañas y la suciedad de la cubierta son las mismas.

El pueblo no debe ser muy atractivo para vivir porque no les van ni los médicos. Un cartel en la calle pedía médicos para Arzal, como en los restaurantes piden camareros:

Yo, desde luego, no me vendría. Hoy seguiremos remontando el río tranquilamente hasta llegar a Fouleux, donde esta tarde prepararemos el barco para desarbolar mañana.

Con cuidado, navegantes.

miércoles, 21 de junio de 2023

Otra etapa laaaaaaaaarga.

 Hola navegantes.

Ayer Ana se estrenó en este viaje con una etapa larguísima. Salimos de Nantes con la pleamar con idea de descender el río y volver a quedarnos en Pornichet, como a la ida. Fuimos viendo las mismas cosas sorprendentes y alguna curiosidad más. Por ejemplo, a mitad del río aparece lo que te imaginas que es un faro, justo enfrente de la casa sumergida:

Pero ¿qué pinta un faro en un río?. Claro, no es un faro, es la Torre del Plomo. Es una torre de base circular, de 69 metros de alto, uno de los últimos edificios industriales de la zona. Se llama así porque allí se fabricaban perdigones hasta 1.988. Se fundía el plomo y,  en estado líquido, se dejaba escurrir desde arriba a través de una criba. Por el aire se redondeaba las gotitas y caían en un baño de agua fría, donde se  solidificaban, y ya se habían convertido en perdigones. ¡Qué inventiva!.


La primera mitad del río la hicimos tranquilamente con un viento suave, pero luego se levantó un NW que se encajonaba en el cauce, y en todos los recodos nos venía de cara. A pesar de ello, con la mayor y el motor, y gracias a la corriente, no bajábamos de 5-6 nudos, y a veces vimos en el GPS hasta 8. 

Cerca de la desembocadura se produjo el efecto viento contra corriente tan típico, y se formaron olas de un metro muy incómodas. A pesar de ello llegamos a la altura de Pornichet a las 13.50 h, y como curiosamente el mar estaba más tranquilo que el interior del río, decidimos seguir hasta La Turballe.

La navegación por la tarde fue teniendo siempre en el horizonte, a babor, el campo de molinos eólicos marinos, que es impresionante de grande (unas 10 millas) y en el que la navegación esta muy reglamentada.


Cada molino está implantado a 1.000 del siguiente, y se puede navegar entre ellos sin acercarse a 50 metros de la base, a 200 metros de los postes eléctricos, a 25 metros de otros barco, y navegando a menos de 12 nudos. Además hay que llevar el AIS en emisión (el Corto Maltés no tiene) salvo en buenas condiciones meteorológicas y de visibilidad, que aquí en Bretaña son la excepción más que la norma. En resumen, que mejor no meterse.

Al final de la tarde tuvimos que dar otro de esos rodeos desesperantes. El último cabo antes de La Turballe vuelve a tener una zona de escollos, en este caso de casi 2 millas, que hay que rodear obligatoriamente, aunque ya estés viendo tu puerto de destino accesible en línea recta. Os aseguro que no apetece mucho cuando ya llevas, como ayer, 54 millas en la estela.
 
El puerto de La Turballe es uno de los pocos de aguas profundas en esta costa, o sea, en los que su entrada no depende de la marea. Procuro elegirlos así para no estar condicionado en la hora de salida y de entrada por el nivel del agua. Aunque he estado más veces al entrar no le reconocía. Claro, han ampliado el espigón y creado un nuevo plano de agua con pantalanes a estribor, unas 50 plazas de atraque, que estrenarán en julio.


Al bajar la vela mayor nos encontramos con la desagradable sorpresa de que tiene varias zonas de desgaste y un pequeño desgarro. Es una vela nueva y ha ocurrido en las zonas donde roza con los obenques en las empopadas:



En estas navegaciones largas (este verano, más de 2.000 millas) usamos el barco más que la mayoría de los navegantes en toda su vida, y lógicamente se acumulan en pocos meses los desgastes de varios años. Lo hemos resuelto con los medios de a bordo, a ver lo que dura. Y a partir de ahora me propongo no largar tanto la escota en las empopadas, aunque me obligue a hacer rumbos menos directos.

Hoy intentaremos llegar a la desembocadura del Río Vilaine, y si es posible pasar la megaesclusa que le separa del mar.

Con cuidado, navegantes.

martes, 20 de junio de 2023

Más sorpresas en Nantes.

 Hola navegantes.

Ayer pasamos el día en Nantes. Lo primero que quiero comentaros es la pena que da el desconocimiento de la navegación fluvial, aunque egoistamente para mí sea mejor porque me facilita las cosas. Fijaos cómo está el pantalán de cortesía de Nantes:

Donde cabrían 100 barcos o más (porque pueden ponernos abarloados) sólo hemos estado dos. Y eso en una ciudad preciosa, y que tiene una navegación sorprendente de un solo día desde muchos puertos de la costa de Bretaña. Una pena.

Por la mañana fuimos a la Isla de Nantes, una isla fluvial que ahora conocen como Isla de las Máquinas, porque es donde se concentran el elefante mecánico y una exposición de engendros volantes y flotantes. Allí hay un planeta Tierra del tamaño que se ve desde la Luna:



 
Para darle más realismo, en el suelo han hecho una superficie lunar, con cráteres y las huellas de los astronautas, y para simular la ingravidez de la luna en los cráteres hay camas elásticas. No veáis cómo se lo pasan los niños.

Poco a poco llegamos a la punta Este de la isla, y allí la sorpresa es la naturaleza salvaje, porque está ocupada por un parque, el Parque de Beaulieu, que más parece una selva, y hace raro que esté tan cerca de esa gran ciudad:


Luego fuimos a conocer la ruta fluvial que deberíamos haber cogido para llegar al Canal de la Mancha, si no llega a ser por las obras que tienen secos una parte de los canales. Tendríamos que haber desarbolado en Nantes, haber tomado esta esclusa en la propia ciudad:


haber atravesado un túnel de un kilómetro por el subsuelo de Nantes, y haber salido al Río Erdre, por el que habríamos navegado hacia Saint Malo:

Pero de nada sirve lamentarse. Los canales están secos y en obras, y no queda otra que volver al mar e intentarlo por otro río, el Vilaine. En la siguiente foto, uno de los colosos con los que tenemos que compartir los canales y las esclusas.

Y termino con un grupo escultórico de la Plaza Royale (a pesar de este nombre, nunca ha tenido la escultura de un rey). 

La figura central, de mármol blanco, representa a Nantes. La mujer con dos jofainas vertiendo agua, debajo de la anterior, representa al río Loira, y las cuatro figuran humanas de las esquinas a los cuatro afluentes del Loira (los ríos Erdre, Sèrve, Cher y Loiret). Una bonita composición.

Hoy seguiremos Ana y yo el viaje bajando de nuevo al mar por el Loira. Esta vez la estrategia es inversa: coger la marea en pleamar a las 7 h, y dejarnos arrastrar por ella río abajo hasta algún puerto de la desembocadura. Los días siguientes seguir costeando hacia el Norte, hasta entrar de nuevo al Continente por el Río Vilaine, que finalmente nos permitirá llegar a Saint Malo.

Con cuidado, navegantes.

lunes, 19 de junio de 2023

Cambio de tripulación en Nantes.

 Hola navegantes.

Ayer vino Ana a Nantes desde Santander. Un largo viaje nocturno en autobús que le dejó baldada. Y por si fuera poco se pasó todo el día lloviendo. Tuvimos que hacer las gestiones de la intendencia, (fundamentalmente buscar una lavandería para el ropero) bajo la lluvia, protegidos con los paraguas, y los desplazamientos en tranvía. Por suerte el fin de semana el tranvía es gratis en Nantes.

Quiero enseñaros dos detalles para amarrar el barco en un río. Lo primero, los muelles de las amarras. En Nantes hay un gran tráfico comercial y de barcos de turistas que no paran de hacer olas, que llegan al pantalán y te sacuden. Para esta navegación me he traído los muelles de las amarras de Santander, y en sitios como éste son realmente útiles. Hay veces que parece que las cornamusas van a arrancarse, y los muelles amortiguan los tirones y las protegen.


Lo segundo importante es amarrar fuertemente el timón a la vía. En efecto, cada 6 horas se invierte la corriente de marea, pero tú no cambias el barco de posición. Cuando la corriente te entra por la proa no hay problema, es la posición de trabajo normal del timón. Pero cuando te entra por la popa, y con tanta fuerza, puede llevar el timón a un extremo, en esa posición su resistencia a la corriente es máxima, y pueden arrancarse o doblarse los herrajes. Hay que amarrarlo a la vía con un cabo grueso.


Entre las curiosidades de Nantes están los aparcamientos de bicis de 2 pisos. Hay tantas que así aprovechan mejor el espacio en los sitios más concurridos, como  la estación. Además hay infladores de uso libre, eso sí, fijados al suelo para que no se los lleven.

Una de las cosas más surrealistas es el campo de fútbol torcido. 

En el suelo está pintado torcido y se juega así en él:

Y para ver el partido bien han puesto un espejo convexo que convierte el campo torcido en un campo recto (clic encima para verlo mejor):


Una divertida oda al absurdo. 

Para la posteridad quedarán estas advertencias pintadas en el suelo, de cuando la pandemia:

Como ahora la gente anda mirando al suelo, por el móvil, es más práctico poner los anuncios en el suelo que en las paredes.

El Jardín de las Plantas no es sólo un jardín, es un espacio de convivencia. Allí sigue habiendo creaciones artísticas sorprendentes, como bancos torcidos o de tamaños absurdos:


Fuentes donde se permite casi todo:


espacios donde los trabajadores pueden ir en la pausa del bocadillo para tomárselo en espacios acristalados con sus compañeros, originales parques infantiles:

espacios con animales, pajareras, etc. 

También visitamos otros monumentos con los que no os voy a aburrir. Hoy iremos a la isla de las máquinas, en mitad del río Loira. Era un espacio industrial y de astilleros que están reconvirtiendo. Y mañana descenderemos el río con la marea para volver al mar.

Con cuidado, navegantes.