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domingo, 9 de junio de 2019

A la isla de Los Ratones.

Hola navegantes.

Ayer fue nuestra segunda navegación Carpe Diem de este verano. Después de la ciclogénesis que afectó a Cantabria el viernes, el sábado amaneció soleado y con poco viento y nos las prometíamos tan felices. Pero el viento fue arreciando a lo largo del día, y nada más salir a navegar teníamos ya un Nordeste de fuerza 5 que nos hizo abandonar nuestra idea original de salir de la bahía para desembarcar en la Isla de Mouro. La navegación iba a ser muy dura y teníamos a bordo algunos grumetillos de 4 a 6 años. Además la marea estaba entrando en la bahía y empujaba en la misma dirección del viento. Tanto es así que los primeros bordos los dimos a favor del viento y la marea (hacia el Oeste) y luego algunos de los barcos pequeños, con las velas reducidas como íbamos, no éramos capaces de remontarlos y tuvimos que ayudarnos con el motor. A pesar de ello los grumetillos aprendieron algunas maniobras de velas y a llevar el timón:




Decidimos entonces cambiar de isla y desembarcar en la de Los Ratones, que está dentro de la bahía. Oficialmente se llama "Isla de La Torre", pero es más conocida por el nombre popular de Isla de los Ratones, porque antes de hacerse el edificio de la escuela de vela estaba llena de ratas. Es un islote rocoso con muy escasa vegetación baja en su vertiente Norte. Como la marea estaba alta pudimos desembarcar en la rampa de varada y acceder a la terraza de la escuela, que tiene una pequeña pista deportiva para que jueguen los niños los días que no pueden navegar.

Nada más desembarcar vimos algunas parejas de gaviotas patiamarillas (las grandes) en actitud de defender sus nidos: se ponen a graznar para asustarte y te hacen vuelos rasantes sobre la cabeza, en algunos de los cuales te pueden cagar encima. Pero precisamente esa actitud las delata, y te hace saber dónde está el nido. Y así fue, pronto encontramos uno con un  pollito ya nacido y otro huevo en incubación, que nos permitió estudiarlos.


La isla tiene una playuca de arena de unos veinte metros de largo, pero tras algunos temporales del invierno, como ha ocurrido este año, la arena puede desaparecer y queda un playazo de piedras. La parte buena es que entre las piedras hay muchas conchas, caracolas y orejas de mar, sobre todo ahora al principio del verano que todavía no ha ido mucha gente. Dedicamos una parte de la tarde a recoger conchas.

En la zona de vegetación suelen anidar los charranes (únicas colonias en el Cantábrico: 33 parejas contabilizadas). Los charranes son más pequeños que las gaviotas patiamarillas, tienen forma de golondrina y son más agresivos, tal vez por estar en inferioridad de condiciones con sus depredadoras las patiamarillas, que en cuanto se descuidan se comen sus huevos y hasta sus crías. Ponen los huevos de tres en tres como las patiamarillas, y del mismo color pardo moteado, pero son pequeñitos como los de las palomas. Tuvimos la suerte de encontrar un nido con dos polluelos y un huevo aún sin eclosionar. En 17 años que llevamos de Carpe Diem es el primero que encontramos estos polluelos. Una de las conchas de peregrino que encontramos parecía hecha a la medida para ser su casita.





A la hora de volver la zodiac que nos habían desembarcado se retrasó y ya nos veíamos pasando la noche en el islote. De cena sólo íbamos a tener dos huevos (uno grande y uno pequeño) y 3 pollos (uno grande y dos pequeños), lo que para 15 personas hambrientas parecía bien poco (es broma). Finalmente nos recogieron y como ya había amainado el viento volvimos a puerto sin problemas, dando algunos bordos para estirar la tarde.

Al volver a puerto practicamos las maniobras de amarre, y nos dio tiempo a pescar algunos animalitos y enseñarles a manejarlos. Finalmente fue una tarde perfecta pese a las dificultades de la salida.




Aquí está la dibucarta de ayer, que tiene premio como siempre.



¡Con cuidado, navegantes!.




viernes, 7 de junio de 2019

Las chicas pueden orinar de pie.

Hola navegantes.

Espero que entendáis que esta entrada no quiere ser escatológica sino eminentemente práctica. Se ha comprobado que las chicas, a menudo por razones prácticas, beben la mitad que los hombres, inconscientemente para tener que ir menos veces a orinar. Eso, junto a su anatomía, facilita las infecciones urinarias, con las que conviven durante toda la vida muchas mujeres.

Le necesidad de orinar de pie surgió del mundo militar. Imaginaos a una mujer paracaidista teniendo que soltarse todos los correajes y buscando un sitio para orinar en el campo de batalla. De allí surgió la idea de una pequeña "copa" o "embudo" que se adaptase a su anatomía y el extremo se hiciera salir por la bragueta. Después se extendió al mundo civil y es más habitual en Sudamérica. Leyendo una novela sudamericana me sorprendió la descripción de lo que sacaba una chica al vaciar su bolso, mencionando con toda naturalidad el monedero, las llaves, el lápiz de labios, el móvil, la copa de orinar de pie....

Pues esa necesidad ha llegado al mundo de la vela, donde a la ropa de aguas, al chaleco y al arnés que dificultan desvestirse, se añaden la escora y los golpes de las olas cuando te sientas en el WC, y la necesidad de estar poco tiempo bajo cubierta cuando estás de guardia. En el último número de Voiles et Voiliers anuncian esas copas adaptadas al mundo marino:


Lo malo es que, como todo en la náutica, tienen un precio prohibitivo: entre 160 y 190 euros, una locura. En Internet sin embargo podréis ver que hay en el mercado infinidad de modelos, tanto desechables de cartón encerado, como reutilizables, acompañados o no de una toallita de higiene, etc, y a precios mucho más asequibles (desde menos de 3 euros):
















Además de para la vela y otros deportes, también son útiles para los aseos públicos, al no tener que sentarse en el inodoro y arriesgarse a entrar en contacto con agentes infecciosos, y ello sin necesidad de hacer malabarismos.


Espero comentarios de las destinatarias, a ver si le ven algún inconveniente...

miércoles, 5 de junio de 2019

Recuperaron el My Song.

Hola navegantes.

Aunque parezca mentira, el My Song, el megayate que se cayó de un mercante y que os conté hace unos días, ha podido ser recuperado del mar. Ayudó que el mar estaba tranquilo y pudo acercarse un remolcador:







Le introdujeron flotadores antes de que se hundiera del todo y pudo ser remolcado hasta Palma, donde lo sacaron al varadero:




Los daños son considerables, con agujeros en el casco, daños estructurales en el timón y la quilla, la caída y parece ser que la pérdida del palo, y al haber entrado el agua salada habrá que rehacer desde cero todo el interior (electricidad, electrónica, mobiliario, tapizados, etc):






 El coste posiblemente será casi tan alto como el barco nuevo. Al parecer el mercante que le transportaba se encontró con una tramontana de 40 nudos (es fuerza 8 y con olas de hasta 9 metros) y no disminuyó la velocidad, aunque eso tendrá que determinarlo el seguro.


¡Con cuidado, navegantes!.

martes, 4 de junio de 2019

Nuestra navegación a la Isla de Elba en la revista Skipper.

Hola navegantes.

Así es, la revista Skipper, en su número de junio de 2019, ha sacado un reportaje sobre nuestra navegación a la Isla de Elba, ida y vuelta, en el Corto Maltés. Está en la página 158.


Espero que os guste.


jueves, 30 de mayo de 2019

Más sobre el accidente del My Song.

Hola navegantes.


Un refrán turco dice que "cuando el carro se ha roto, muchos os dirán por dónde no se debía pasar".  No quisiera caer en ese tópico, pero al  ver las fotos de cómo iba sujeto el My Song en el mercante no puedo aguantarme dar una opinión:





Y mi opinión, aunque por supuesto puede estar equivocada, es que me parece increíble que un barco de 120 toneladas vaya sujeto con esas cintas, apoyado sólo en dos cunas tan altas y estrechas, en el borde de la cubierta del mercante, y con el mástil puesto, lo que eleva el centro de gravedad y aumenta el balance de todo el velero sobre su cuna con las olas. Parece amarrado para un transporte por canales más que por el océano, donde se sufren olas de cinco metros a diario, y en los temporales de 12-15 metros. Vamos, que está amarrado como para tentar al diablo, y así les fue.

Fijaos ahora lo que probablemente acabe en el fondo del mar:



Cualquier parecido de "eso" con lo que entendemos por un "barco" es pura coincidencia.

¡Con cuidado, navegantes!.

Por cierto, qué risa en las fotos de ayer la brocheta de 28 tripulantes sentados para hacer bandas. Más de dos toneladas de "lastre" para equilibrar bien el supervelero.

miércoles, 29 de mayo de 2019

El superyate My Song, de 40 metros, se cae de un mercante.


 Hola navegantes.

Veréis que las desgracias no nos ocurren sólo a los barquitos modestos. En efecto, el superyate My Song, con un valor de 30  millones de euros y propiedad del multimillonario italiano Pierluigi Loro Piana (uno de los más ricos de la lista Forbes) se ha caído al agua desde la cubierta del mercante que le trasladaba del Caribe a Las Baleares el pasado sábado, un poco antes de llegar a las islas. Este tipo de transporte es habitual para los veleros que cruzan el Atlántico y luego se ven sin fuerzas, sin tripulación o sin tiempo de hacer la navegación de vuelta a Europa a vela. Aunque eso sí, las tarifas de este tipo de transporte también son  multimillonarias.


 
El My Song tiene 40 metros de eslora, 8 y pico de manga, pesa 120 toneladas (el Corto Maltés poco más de una tonelada) y tiene una quilla retractable de 30 toneladas, que hace pasar el calado del barco de 7 metros a 4,8 al retraerla. El barco está construido en carbono, el material más ligero y resistente conocido en la náutica, pero que por su precio suele utilizarse sólo en embarcaciones pequeñas.

La superficie vélica era de 2.210 metros cuadrados (el Corto Maltés 30 m2) lo que le permitía alcanzar unos picos de velocidad de 28 nudos. La motorización era un 6 cilindros de 8.700 cc. El depósito de combustible era de 7.000 litros (18 días de autonomía) y el de agua de 2.400 litros. 
 



Su destino final era Porto Cervo, para participar en una regata de superyates. El mercante que le transportaba era el "Brattingsbord" de la compañía Peters & May. La caída de la carga al agua sucede raramente (temporales que escoran el barco y hacen que se suelte la carga, especialmente contenedores), constituyendo un peligro para otros barcos que pueden chocar con ellos, porque suelen quedar flotando entre dos aguas. En las siguientes fotos, el My Song después de caer al agua:





   Por ahora no se sabe si el barco podrá ser recuperado ni la extensión de los daños, aunque una caída libre desde esa altura es muy probable que lo haya dislocado o roto sin remedio.


¡Con cuidado, navegantes!.

domingo, 26 de mayo de 2019

Primera navegación Carpe Diem de 2019.

Hola navegantes.

Ayer hicimos nuestra primera navegación con los niños de Valdecilla de este verano. Por la mañana estuvo nublado y cayeron algunas gotas, pero esta vez el pronóstico acertó y por la tarde se despejó y pudimos navegar tranquilamente con un viento del Oeste que se dejaba tutear, y luciendo el sol entre las nubes. Vino muy bien, porque algunos niños era la primera vez en su vida que embarcaban y si en su primera navegación se marean o lo pasan mal es difícil que prenda la afición.

Empezamos enseñándoles las normas de seguridad y a continuación las maniobras para desamarrar. Aquí podéis ver a la benjamina del grupo, con cuatro añitos, aprendiendo a manejarse con las amarras y con el bichero:



Luego dimos unos bordos por la bahía junto a los otros barcos que salieron con el grupo, el Kalama y el Karen V. Aunque este año se han apuntado al grupo 21 niños, en esta primera salida vinieron pocos porque algunos están todavía con exámenes. Hicimos un intento de salir de la bahía hacia la Isla de Mouro, pero al empezar a recibir las olas nuestra benjamina se mareaba, y dimos media vuelta.





También aprendieron a izar las velas,  manejar el winchi y llevar el timón:





A media tarde fondeamos frente a La Magdalena para merendar. Lo hicimos como siempre, en  fila en lugar de abarloarnos, porque en la posición de abarloados (o sea, amarrados de costado) si vienen olas los cascos se golpean y, en los veleros, los mástiles pueden engancharse. Además así tiene más emoción pasar de un velero a otro para merendar y saludar a los amigos. Todavía no hacía calor y el agua estaba fría, y nadie se bañó.


Como fondeamos en un lugar expuesto a la marea, dio la mala suerte de que el viento y la corriente eran contrarios (el viento del Oeste y la marea del Este) y en esas condiciones los barcos de descolocan. Según la forma de cada uno les afecta más la corriente (los que tienen mucha obra viva, o sea, mucha parte sumergida) o más el viento (los que tienen más arboladura, o sea, palos más grandes) y terminan yéndose unos contra otros y no dejándote tranquilo. Para evitarlo echamos por la popa del Corto Maltés el ancla de capa, que al aumentar la fuerza con que tiraba la corriente mantuvo bien la fila fila todo el tiempo que estuvimos fondeados.

Después vino otra plácida navegación a vela para volver cada uno a su puerto. Como llegamos pronto, esperamos a los padres enseñándoles a pescar quisquillas y cangrejos con el esquilero


En resumen, una tarde magnífica para empezar la actividad. La siguiente salida será el 8 de junio.

Para terminar, aquí va la dibucarta de nuestra primera navegación. Instrucciones para los nuevos: hay que ir girando la pantalla a medida que se lee. Cuando la frase se interrumpe con puntos suspensivos, hay que seguir donde vuelve a aparecer el mismo número de puntos suspensivos: si son dos, donde vuelve a haber dos puntos, y si son tres, donde vuelve a haber tres. Hay que poner la traducción abajo, en el apartado de "Comentarios". Cada dibucarta que se acierte suma puntos y al que la acierte le regalo el dibujo original. A  largo del verano el que acumule 10 puntos tiene premio, que es poder llevar a navegar a un hermano o un amigo. ¡Animo que es fácil!.



¡Con cuidado, navegantes!.

martes, 21 de mayo de 2019

Empieza Carpe Diem en Murcia.

Hola navegantes.

Será en el Mar Menor, de Murcia, y van a llamarlo "Navegando por la vida", pero es una nueva localización de la actividad de vela solidaria con niños de oncología, en este caso del Hospital Virgen de la Arrixaca. Aquí podéis oír la entrevista:

Clic aquí

Esta actividad se está haciendo ya en:

  • Cantabria desde 2003.
  • Getxo desde 2016.
  • Laredo desde 2017.
  • Huelva y Sevilla desde 2018.
  • Murcia ahora, desde 2019.
Podemos estar orgullosos, los más de 100 capitanes y sanitarios que hemos participado en Santander, de que la actividad se extienda.

viernes, 17 de mayo de 2019

El Corto Maltés en la revista náutica "Practical Boat Owner".

Hola navegantes.

La revista "Practical Boat Owner", una de las de mayor tirada de la náutica deportiva (más de 29.000 ejemplares de difusión mensual) recoge en su número de junio de 2019 nuestro paso por las esclusas del Canal de Midi cuando volvíamos al Golfo de Vizcaya terminando de dar la vuelta a España. Era en el ya lejano mes de agosto de 2012, y Luis y yo, en esas etapas acompañados de nuestras chicas, disfrutábamos de las plácidas aguas interiores de Francia: 600 km y 174 esclusas que nos hicimos  en poco más de dos semanas. Como comparación, en la vuelta a Francia de 2018 cruzar Francia de Norte a Sur significó recorrer 713 km y 200 esclusas por los ríos y canales, y nos llevó un mes.



La segunda foto es del Corto Maltés en la esclusa de Castets-en-Dorthe, la última antes de desembocar en el río Garona, y que por eso es una esclusa especial. 
 


En primer lugar porque se usa muy poco, ya que las peniches de alquiler no tienen derecho a abandonar el canal, y por lo tanto ellas no la usan. En segundo lugar porque salva un desnivel enorme (más de 7 metros), o al menos así nos lo pareció en la vuelta a España. Si hubiéramos sabido que en vuelta a Francia, 6 años después, pasaríamos por esclusas, como la de Bollène, con 23 metros de desnivel, a lo mejor la calificaríamos de otra manera. Y en tercer lugar porque su horario está supeditado al de las mareas de ascienden por el río Garona. Por eso hay que solicitar hora de paso por teléfono y estar a lo que nos indique el esclusero. Con tantas variables y teniendo en cuenta además que tenía que coincidir una pleamar con el horario laboral de los escluseros (no sirven las pleamares nocturnas) nos preocupaba que hubiera cola para pasarla y perdiéramos un día o dos en descenderla. Por eso íbamos un poco apresurados. 

Llamamos por teléfono al esclusero de Castets-en-Dorthe, Jean Christophe, y quedamos en que le llamaríamos por el intercomunicador desde la esclusa 51 (la antepenúltima), nos dejaría activado el mecanismo automático de la 52 (la penúltima) y él estaría esperándonos en la 53 (la última). Nos sorprendió la precaución de tener en condiciones normales inactivada la penúltima, sin duda para que las peniches de alquiler no pudieran pasar más allá de ese punto. El paisaje entre las ultimas esclusas era diferente al que conocíamos: había muchísima animación en las orillas, muchos ensanchamientos del canal haciendo como lagos de montaña, rodeados de vegetación, y también aparcamientos de coches, restaurantes, prados con gente pasando el día, merendando en mantas sobre el césped, aspecto de ciudades de veraneo, etc. Se notaba que por aquellas esclusas, ya al final del Canal de Midi, navegaban pocos barcos, porque en todas ellas alguien nos veía acercarnos y luego los hechos se sucedían como un torbellino, hasta que todo el público estaba arremolinado alrededor para observar nuestras maniobras.

Jean Christophe era un tipo simpático pero muy serio y servicial. Tal vez influyera su deseo de agradar a los pocos veleros que ya pasábamos por su territorio. En varias ocasiones en la vuelta a España nos preguntamos qué había sido de la vela bohemia. Pues parece que ya estaba muriendo por sí misma; en todo el canal sólo nos cruzamos con cuatro veleros haciendo un tránsito como nosotros  de un mar a otro, cuando nos habíamos imaginado auténticas procesiones y multitud de contactos e intercambio de anécdotas con navegantes de las más diversas partes del mundo. 

Jean Christophe llamó personalmente a distintos sitios de Burdeos donde podríamos arbolar el Corto Maltés, ya que por el Canal de Midi íbamos desarbolados, a las marinas donde podríamos quedarnos a dormir, y nos dio indicaciones para el descenso del Garona con sus corrientes de marea impresionantes. Muchas personas se acercaron a preguntarnos a qué hora exacta íbamos a descender al Garona, para no perderse el espectáculo. Finalmente hacia las 18 h. bajamos la última esclusa en Castets-en-Dorthe que es de mecanismo manual, y llegamos a las aguas del estuario del río Garona que comunica directamente con el mar y donde ya se notaba el efecto de las mareas que nos llevarían a Burdeos. Fue la esclusa más alta de todo el viaje, y al tocar con el casco las aguas del río algunos espectadores aplaudieron, y nosotros nos dimos algún tímido abrazo emocionado. Habíamos terminado con éxito nuestra travesía de Francia por los canales, y ya paladeábamos el fin de la vuelta a España y el regreso a casa.

¡Con cuidado, navegantes!.

jueves, 16 de mayo de 2019