La revista "Practical Boat Owner", una de las de mayor tirada de la náutica deportiva (más de 29.000 ejemplares de difusión mensual) recoge en su número de junio de 2019 nuestro paso por las esclusas del Canal de Midi cuando volvíamos al Golfo de Vizcaya terminando de dar la vuelta a España. Era en el ya lejano mes de agosto de 2012, y Luis y yo, en esas etapas acompañados de nuestras chicas, disfrutábamos de las plácidas aguas interiores de Francia: 600 km y 174 esclusas que nos hicimos en poco más de dos semanas. Como comparación, en la vuelta a Francia de 2018 cruzar Francia de Norte a Sur significó recorrer 713 km y 200 esclusas por los ríos y canales, y nos llevó un mes.
La segunda foto es del Corto Maltés en la esclusa de Castets-en-Dorthe, la última antes de desembocar en el río Garona, y que por eso es una esclusa especial.
En primer lugar
porque se usa muy poco, ya que las peniches de alquiler no tienen derecho a
abandonar el canal, y por lo tanto ellas no la usan. En segundo lugar porque salva un
desnivel enorme (más de 7 metros), o al menos así nos lo pareció en la vuelta a España. Si hubiéramos sabido que en vuelta a Francia, 6 años después, pasaríamos por esclusas, como la de Bollène, con 23 metros de desnivel, a lo mejor la calificaríamos de otra manera. Y en tercer lugar porque su horario está
supeditado al de las mareas de ascienden por el río Garona. Por eso hay
que solicitar hora de paso por teléfono y estar a lo que nos indique el
esclusero. Con tantas variables y teniendo en cuenta además que tenía que
coincidir una pleamar con el horario laboral de los escluseros (no sirven las
pleamares nocturnas) nos preocupaba que hubiera cola para pasarla y perdiéramos un día o
dos en descenderla. Por eso íbamos un poco apresurados.
Llamamos por teléfono al esclusero de Castets-en-Dorthe, Jean Christophe, y quedamos en que le llamaríamos por el
intercomunicador desde la esclusa 51 (la antepenúltima), nos dejaría activado
el mecanismo automático de la 52 (la penúltima) y él estaría esperándonos en la
53 (la última). Nos sorprendió la precaución de tener en condiciones normales
inactivada la penúltima, sin duda para que las peniches de alquiler no pudieran pasar
más allá de ese punto. El paisaje entre las ultimas esclusas era
diferente al que conocíamos: había muchísima animación en las orillas, muchos
ensanchamientos del canal haciendo como lagos de montaña, rodeados de
vegetación, y también aparcamientos de coches, restaurantes, prados con gente pasando
el día, merendando en mantas sobre el césped, aspecto de ciudades de veraneo,
etc. Se notaba que por aquellas esclusas, ya al final del Canal de Midi, navegaban pocos
barcos, porque en todas ellas alguien nos
veía acercarnos y luego los hechos se sucedían como un torbellino, hasta que todo el público estaba arremolinado alrededor para observar nuestras maniobras.
Jean Christophe era un tipo simpático
pero muy serio y servicial. Tal vez influyera su deseo de agradar a los pocos
veleros que ya pasábamos por su territorio. En varias ocasiones en la vuelta a
España nos preguntamos qué había sido de la vela bohemia. Pues parece que ya estaba muriendo por sí misma; en todo el canal sólo nos cruzamos con cuatro veleros haciendo
un tránsito como nosotros de un mar a otro, cuando nos habíamos
imaginado auténticas procesiones y multitud de contactos e intercambio de
anécdotas con navegantes de las más diversas partes del mundo.
Jean
Christophe llamó personalmente a distintos sitios de Burdeos donde podríamos arbolar el Corto Maltés, ya que por el Canal de Midi íbamos desarbolados, a las marinas donde
podríamos quedarnos a dormir, y nos dio indicaciones para el descenso del Garona
con sus corrientes de marea impresionantes. Muchas personas se acercaron a preguntarnos a qué hora exacta íbamos
a descender al Garona, para no perderse el espectáculo. Finalmente hacia las 18 h. bajamos la
última esclusa en Castets-en-Dorthe que es de mecanismo manual, y llegamos a las aguas del estuario del río Garona que
comunica directamente con el mar y donde ya se notaba el efecto de las mareas
que nos llevarían a Burdeos. Fue la esclusa más alta de todo el viaje, y al tocar con el casco las aguas del río algunos
espectadores aplaudieron, y nosotros nos dimos algún tímido abrazo emocionado.
Habíamos terminado con éxito nuestra travesía de Francia por los canales, y ya
paladeábamos el fin de la vuelta a España y el regreso a casa.
¡Con cuidado, navegantes!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios son bienvenidos. Lo más cómodo es poner tu nombre al final del texto y luego elegir como identidad "anónimo".