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domingo, 22 de mayo de 2016

Llegamos a Mónaco.

Hola navegantes.

Hoy salimos temprano de la isla de Santa Margarita después de una noche tranquilísima, sólo marcada por el frío. Yo me acosté con el pantalón térmico y dos camisetas térmicas, una de algodón, un chaleco de lana, calcetines, un bluf de polar, un gorro de lana, el saco de dormir y una manta, y aún así me desperté dos veces soplándome los dedos. A partir de ahora viajaré siempre con el saco de plumas, aunque sea pleno verano. No pensé que lo de Bretaña se repitiera en el Mediterráneo en mayo.

Ha hecho poco viento y hemos hecho toda la travesía apoyados un poco por el motor, para crear viento aparente. En la primera foto os enseño la distribución de velas poco ortodoxa que utilizo cuando quiero ceñir mucho, apoyado por el motor, para no dar bordos innecesarios. Como el génova queda por fuera de los obenques no se puede cazar todo lo que quiero. Entonces le rizo un poco y reenvío la escota al winchi de las drizas por dentro de los obenques. No pinta muy bien pero me permite ganar unos 10 grados al viento sin que el génova se acuartele, lo que en las travesías largas es un puntazo.

A medio camino apareció el mar lleno de burbujitas. Al mirarlo mejor vimos que eran pequeñas medusas y que las había por millones. Cogimos alguna con el esquilero y comprobamos que eran las llamadas "marinero de viento" (velella velella). Son pequeñitas y tienen una burbuja de gas, como la carabela portuguesa, que las permite usar el viento para desplazarse. Tienen los tentáculos pequeñísimos y su picadura es muy grave y dolorosa. Cuando hay medusas en el agua hay que subir el fondeo con guantes, porque pueden haber dejado sus tentáculos en la cadena.

A las 10.30 llamé por teléfono a las dos marinas de Mónaco para pedir atraque y ya no les quedaban. Están preparando el Grand Prix de fórmula uno y la ciudad está abarrotada. Entonces probé en la Marina de Cap d'Ail (sí, cabo de Ajo, como el nuestro pero dicho en francés). Es el último puerto francés antes de Mónaco y es como un bicho raro con la tripa francesa y la espalda monegasca, porque la frontera entre Francia y Mónaco pasa por la calle de los pantalanes. Allí me dijeron que había tenido suerte porque para un barco tan pequeño sí tenían sitio. O sea que estamos en Mónaco por 11 euros la noche los dos.

La entrada al puerto parece un búnker, toda de hormigón. Y si en Cannes la náutica era la desmesura, en Mónaco es el despropósito. En la gasolinera eché 5 litros y me faltaban unos céntimos. Tomás, el gasolinero, me dijo que no me preocupara, que conmigo no se iba a hacer rico. El barco que venía después echó 400, y me dijo Tomás que algunos megayates echan 5.000 litros. Se los tiene que traer un camión cisterna para no vaciarle a él su depósito. Tardan más de dos horas en llenar.

Y si os gustaron nuestros vecinos de pantalán en Cannes, a ver qué os parecen los de Mónaco. El Corto Maltés parece el barquito de los clik. Aquí al lado un barco un poco más grande que el nuestro tiene 4 fuerabordas de 300 caballos (el Corto Maltés, 8 caballos). Y hemos visto barcos que tienen que entrar al puerto marcha atrás porque dentro no caben para dar la vuelta.

La visita a Mónaco ha sido muy entretenida. La ciudad está patas arriba por la preparación de la Fórmula Uno. Hay carteles avisando a los turistas de que les pueden multar por ir con el torso desnudo o descalzo. Casi todas las casas tienen jardines en las terrazas y aquello parece un bosque a la altura de los últimos pisos. El rey Alberto estaba rodando una chuminada de reportaje donde salía de palacio y se sentaba en su descapotable. Repitió la toma por lo menos 3 veces antes de que nos aburriéramos y nos fuéramos de allí. Tenía 3 ó 4 cámaras en el capó, otras en grúas y hasta un drón para grabarle desde el aire. Una visita muy aleccionadora.

De vuelta al barco nos hicimos con las minibicis el circuito de la Fórmula Uno. Ya veréis, ya, cuando os enseñe el vídeo.

Mañana esperamos entrar en Italia si nos lo permite el mistral, pues hay previsiones discordantes. Si podemos nos gustaría llegar a la isla Gallinara, que aunque es privada parece ser que se tolera la pernocta en su puertecito. Ya os contaremos.

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