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sábado, 21 de mayo de 2016

En Cannes, cosmopolita y presumiendo de desmesura.

Hola navegantes.

Al final la noche en Cavalaire fue mala sólo en su primera mitad. De madrugada se calmó el viento, pudimos dormir un poco y amaneció en la calma más absoluta. Sorprendente.

Nuestra intención era llegar a Cannes, 36 millas para recuperar las que no hicimos el día anterior. Y estábamos resignados a  hacerlas a motor por el pronóstico de vientos flojos, de fuerza 3. Así salimos, pero a lo largo del día fue arreciado y pudimos hacer casi toda la navegación a vela, con espí y la vela mayor. En total fueron 36 millas en unas 9 horas. Además con un sol espléndido que nos hizo sacar ya la protección veraniega, o sea la sombrilla, y bañarnos por el camino.

A medida mañana nos alcanzó por babor el maxi-trimarán francés IDEC, que está entrenando por estas aguas. Ya coincidimos con él anteayer en mitad de la rasca (hasta él había reducido el trapo e iba con la mayor en el tercer rizo y con la trinqueta) pero ayer parece como si hubiera venido a saludar, porque viró a escasos 100 metros. Anteayer nos adelantó camino de Cavalaire y calculamos que iba por menos 5 veces más rápido que nosotros, o sea, a unos 30 nudos.

Al acercarnos a Cannes vimos a un kitesurfista que no conseguía arrancar a planear y se estaba dejando derivar con el viento y la corriente. Nos acercamos a ayudarle pero nos hizo la señal de que todo iba bien, un redondel con el índice y el pulgar, pero ya ya. Seguía derivando descaradamente sin conseguir salir del agua, y finalmente se acercó una zodiac a ayudarle.

La entrada a Cannes es después de rebasar las islas Lèrins,  que iremos a conocer hoy. Pero lo más sorprendente es la multitud de ferries y megayates que están fondeados en su entrada. Es un sitio de moda y más esta semana que celebra el festival de cine, pero su puerto es realmente pequeño. Los ferries fondean fuera y desembarcan a los pasajeros en los botes salvavidas, haciendo largas colas.

Tuvimos la suerte de que, pese al festival que lo tiene todo abarrotado, sí tuvieron sitio para nuestro barquito, y además por un precio módico (15 €). Fuimos a recorrer la ciudad entre celebridades (paseamos un rato detrás Miss Francia en traje de noche). Había un montón de chicos y chicas muy trajeados y con un cartelito pidiendo invitaciones para el estreno de Neon Demon o algo así, una película de modelos. Al parecer a los organizadores les interesa que acuda gente trajeada al estreno, y es una especie de ritual.

Más tarde recorrimos las dos marinas de Cannes para alucinar con el culto al millonario pretencioso y a la desmesura. Y en las siguientes fotos podéis ver a nuestros compañeros de pantalán. Megayates con helicóptero, defensa del tamaño de un microbús, tomas de corriente que parecen las de una central eléctrica de alta tensión, cestitos para dejar los zapatos de los visitantes y que no ensucien el suelo, etc. Otro concepto de la náutica. Al ir a ducharnos (por cierto, para mi una ducha muy original porque confundí el bote del gel con el del aftershave) uno de los megayates había organizado un sarao con música de discoteca a todo volumen que tenía muy contentos a los vecinos.

Hoy presenta Ana nuestra actividad de vela solidaria en el Congreso Nacional de Hematología y Oncología Pediátrica que se celebra en Santander. Deseadla suerte.

Hasta mañana navegantes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Divertido que os estéis codeando con la alta sociedad.... ¡que divertido! Hubiese sido interesante una foto de ese monstruo de barco francés en plena navegación.

Que os lo sigáis pasando tan bien.

Higinio