Visitas al blog:

viernes, 10 de junio de 2016

Capraia, la gema de este viaje.

Hola navegantes.

Hoy salimos con destino a Capraia a pesar del pronóstico de vientos flojos.  Ha hecho un poco más de lo pronosticado y hemos podido navegar algunas horas sólo a vela, izando el espinaker, y el resto apoyados por el motor. Todo ello bajo un sol abrasador. En total han sido 23 millas en 6 horas.

La primera foto es para que veáis lo que he contado otras veces de las nubes que se estabilizan encima de una isla y permiten descubrirla desde lejos, cuando aún está detrás del horizonte. Veis la silueta de Elba con un copete de cúmulos encima, mientras el resto del cielo está absolutamente despejado. Y en primer plano la línea de vida que siempre arrastramos al navegar por si alguien se cae al agua. Por el camino tuvimos todo el tiempo a Córcega a la vista por babor. Sólo nos separaban de ella una 15 millas pero no era nuestro objetivo en este viaje.

Llegamos a Capraia después de comer y ha sido un auténtico flechazo, posiblemente la gema de este viaje, aunque aún nos queda mucho por conocer. Es una isla pequeña, que también fue prisión y ahora es un parque natural. Al llegar pedí atraque para dos días y me dijo el marinero que para mañana lo tenía difícil porque llegaba una regata. Pero cuando le dije que el calado del Corto Maltés es de 70 cm con la orza subida dijo que entonces no había problema, y nos ha puesto en el pantalán más al fondo del puerto, en una zona que cala alrededor un metro, donde otros veleros no pueden entrar.

La isla sólo tiene un cachito de carretera asfaltada, como de 2 km, entre el puerto y el poblado. Sólo pueden circular las motos de 7 a 21 horas, y los demás vehículos motorizados una hora antes y después de la llegada de cada ferry. Nosotros hemos ido a echar un primer vistazo con las bicis. Todo son cuestas y bien empinadas. Hemos visto el castillo de San Giorgio, expectacular en la cima de un promontorio y que ya habíamos visto desde el mar. En la base de sus paredes tiene una red de cisternas para recoger el agua lluvia.

Al atardecer llegamos a un mirador estratégicamente situado, hasta con bancos para enamorados, para ver la silueta de la isla de Elba recortada sobre el cielo y sobre el mar. Era como una postal del objetivo de nuestra navegación, que tanto ha costado pero que tanto ha compensado las dificultades. Y desde toda la costa Este veríamos lejana en el horizonte la isla de Gorgona, la que os conté que acaban de abrir al público porque aún es prisión, y que podamos ver a la vuelta.

Mañana vamos a circunnavegar Capraia para conocer todas sus cala s y rincones desde el mar (toda la isla es parque natural y tiene ciertas restricciones a la navegación) y pasado mañana la conoceremos por tierra.

Hasta mañana navegantes.

jueves, 9 de junio de 2016

En la cumbre de Elba.

Hola navegantes.

Como no habréis visto nuestra salida en la baliza, os habréis imaginado que nos hemos quedado en Marciana Marina. En efecto el pronóstico hoy era de calma chicha y no nos apetecía hacer la travesía a Capraia a motor. Como además nos apetecía conocer el monte Capanne, hemos aprovechado el día para eso.

La noche ha sido movidita porque ha habido varias tormentas con aparato eléctrico y no paró de llover, y de madrugada tuvimos que recoger toda la ropa que teníamos tendida fuera y acomodarla dentro del barco a secar. La mañana se mantuvo nublada y la cumbre del Monte Capanne estuvo con un copete de nubes que ya nos hizo sospechar que desde arriba no se vería nada. Pero aún así fuimos al Cabinovia que despertaba nuestra curiosidad.

Es una especie de telesilla pero con unas cestillas para dos personas. Te advierten que no te bambolees ni bailes dentro de la cestilla.  Nada más llegar nos dijeron que no funcionaba, las tormentas de la noche habían estropeado algo de la electrónica. Desesperados nos fuimos a conocer el pueblo de Marciana, que es pequeñito y como colgado de la falda de la montaña. Tiene una iglesia modesta con frescos pintados en las paredes. Había un anuncio del cineforum de la parroquia, y aquí el cura no se andaba con rodeos ni eufemismos, porque todas las películas eran de Jesucristo. Notamos que olía muy mal, hasta que nos dimos cuenta que era a orina y que había marcas en la pared. Al parecer usan esa esquina de la iglesia (sí, dentro) para orinar. ¡qué guarros!.

Desde el pueblo vimos que el Cabinovia estaba en marcha y fuimos a hacer el viaje. Hay que subirse y bajarse de la cestilla en marcha, como en los telesillas. Todo el trayecto está sembrado de gorras, sombreros y bastones de montaña, de gente que los ha perdido en el camino. La cumbre estaba nublada y no se veía nada, pero casi todo el trayecto a la cumbre nos ofreció vistas de la cara norte de Elba y de Marciana Marina en primer plano, y por eso mereció la pena. El selfi que nos hicimos en la cumbre y la foto en el helipuerto la cumbre os dará una idea clarísima de lo que pudimos ver desde arriba. ¡que pena!.

A la vuelta nos cambiamos de marina, porque hay dos y sin querer nos habíamos ido a la cara. La del Círculo della Vela vale 20 euros en vez de 30 la de ayer, y encima es más acogedora, con más tradición velera y con una escuela de vela que da pena por su excesiva modestia. Os enseño dos fotos del local donde  enseñan a los futuros navegantes. En las oficinas tienen una foto de nuestro ex-rey, la oficial, que les dedicó cuando vino a una regata. No se estiró mucho para elegir el regalo.

Mañana siguen pronosticando vientos flojos pero no queremos atrasar más el salto a Capraia, y nos iremos aunque haya que escuchar todo el día los caballos del fueraborda. Hasta mañana navegantes. 

Estamos en Marina Marciana.

Hola navegantes.

No me han sabido decir la razón de tan curioso nombre, pero ayer hemos venido a Marina Marciana, al W de Portoferraio después de circunnavegar la isla de Elba. Nos hemos quedado aquí en vez de llegar a Portoferraio porque es el puerto ideal para saltar a isla de Capraia, a la que iremos mañana o pasado.

Después de desayunar las pastas típicas de Elba, con la silueta de la isla, hemos salido de Marina di Campo con un viento fuerte del N que nos entraba por la aleta de estribor. Mal rollo, porque ya sabéis que el Corto Maltés tiene el motor a estribor, y al salir de los atraques hacia atrás se desvía descaradamente hacia babor. El viento empeoraba esa tendencia, y justo a babor teníamos los barquitos locales. Me preocupaba irme contra ellos. Había quedado con los ormeggiatori que me ayudarían a salir tirando en la buena dirección con su zodiac, pero al irnos no estaban y tuvimos que hacer la maniobra solos.

Ha sido un día de verano, con sol y viento en la dosis justa. Hemos contorneado toda la costa W de Elba, 21 millas y casi todas a vela. La chica de las oficinas de la marina, Renata, habla español y conoce Santander y Valladolid por haber hecho allí su Erasmus. Me dijo que somos los primeros españoles que ha recibido en la marina. Mientras estaba conmigo atendió una llamada de teléfono de alguien que pedía atraque para algún día de agosto, y le dijo que todo el mes estaba ya la marina llena (!!!!?????). Elba en temporada alta debe ser imposible y prohibitiva.

Desde Marina Marciana hay una excursión típica al monte Capanne, el más alto de la isla con 1.019 metros. Se sube en una especie de teleférico pero con cestillas abiertas para 2 personas, salvando un desnivel de unos 800 metros. Para corazones aguerridos. Desde arriba de ve no sólo todo Elba, sino todo el archipiélago toscano y hasta Córcega. Según la meteorología nos quedaremos hoy para esa excursión o iremos a Capraia, la siguiente isla.

Hasta mañana navegantes.

martes, 7 de junio de 2016

La isla de Pianosa.

Hola navegantes.

Si creíais que el culebrón de ayer con los ormeggiatori se había terminado, estabais muy equivocados. No sé si os dije que nos colocaron debajo de la grúa. Pues hoy a las 8 vino el gruista y nos dijo que allí no se podía estar a partir de las 8, que necesitaba el muelle para botar los barcos. Busqué a Pascualino, el padre de los dos amarradores que aunque debe estar jubilado, hace las veces de autoridad cuando sus hijos no están. Se parece al enanito gruñón de Blancanieves, pequeño, con su barbita blanca y un solo diente. Llamó a Alessandro, su hijo y el que nos colocó ayer, y dijo que nos marcháramos tranquilos, que allí mandaba él. Les advertí que no se les ocurriera moverme el barco, porque estamos en una zona de poco fondo y no quiero que me le choquen con una roca. Y nos fuimos en ferry a Pianosa con la incertidumbre de lo que pasaría.

Pianosa fue una isla penitenciaria hasta los años 90, y al dejar de serlo ha quedado como una isla fantasma, con edificios a los que no se ha dado otro uso y que se están cayendo.  Hemos hecho una visita en bici de montaña a toda la isla, muy aleccionadora. Aparte de los edificios abandonados y sus historias vimos Il Porticiolo, el puerto de la isla que ya no se usa porque está prohibido navegar en todo el entorno de la isla y los ferries usan uno exterior más grande.

En la cafetería conocimos a César, un uruguayo que está cumpliendo condena y trabaja de camarero. Aunque en Pianosa ya no haya cárcel, mandan a trabajar aquí a internos de la cárcel de Porto Azzurro. Está razonablemente adaptado a su vida, cuando le dan permisos reside en La Espezia, y conoce varias ciudades españolas. Charlamos un rato con él en castellano, que decía que se le estaba olvidando, y nos despedimos deseándole lo mejor. Es el moreno que sale en la foto a la izquierda del Papa, cuando visitó Pianosa.

La foto del fresco que muestra un penado anciano al lado de un ángel es la de la capilla del cementerio. Un preso que pintaba bien decoró esa capilla, la iglesia de la isla y la casa del director. A cambio se le dejaba vivir fuera de los muros, en la zona libre de la isla.

Cuando había reclusos ser cultivaban vides y se fabricaba un vino local. Además de la botella de la foto, que está vacía, se conserva una con vino de los años 50. Ahora no queda ni una sola vid en la isla. Y la foto con el todoterreno es de la llamada Torre de Babel, una estructura en espiral que se construyó al parecer sin ningún objetivo, sólo hacer trabajar a los presos. Más tarde se usó como búnker en la guerra mundial y como cisterna de agua.

Al volver a Marina de Campo el Corto Maltés ... seguía en su sitio. ¡Uf!

Hasta mañana navegantes.

Los "ormeggiatori" italianos.

Son los amarrados de los puertos, y al final os diré algo de ellos.

Ayer salimos de Porto Azzurro con un día de auténtico verano que se mantuvo hasta la noche. Queríamos conocer una cala llamada "de l'Innamotata", o sea, de la enamorada. Teníamos que doblar la Punta Calamita ("Punta del Imán") en el extremo sudeste de Elba. Esta Punta está llena de exploraciones mineras que se ven desde el mar. Esta zona, como Portoferraio, tiene el subsuelo muy rico en minerales de hierro, hasta el punto que se han informado alteraciones magnéticas que afectan a los compases de los barcos. Por eso no me extrañó el nombre de la punta. Aunque fui pendiente de mi compás no pude detectar ninguna anomalía, para lo que supongo que harán falta instrumentos de precisión.

Al mediodía llegamos a la cala, que nos decepcionó porque estaba llena de sombrillas, tumbonas, chiringuitos y demás. Lo que si es impresionante es su acceso, hay que contornear dos islotes llamados "los gemelos", entre los cuales no se puede pasar por haber escollos. Más preocupante aún que un escollo situado en 42º42,949 N y 10º22,239 E, y que según el Navionics está a 2 metros bajo el agua, es una roca que vela a ras de la superficie y no la ves hasta que estás encima ella. Menos mal que yo adopto la precaución básica de pasar a un través de dedo (en el zoom más grande) de todos los peligros para dejar un margen a los posibles errores cartográficos o de posición del GPS, porque si no le hubiera pasado por encima confiado en mí metro cuarenta de calado con la orza bajada.

En esa cala comimos y hacía tanto calor que estrenamos el toldo. Luego vinimos dando bordos a Marina del Campo. Justo antes de llegar el viento, que había sido del SW todo el día, roló al NW y al venir de tierra y encajonarse en el valle, soplaba racheado y con mucha fuerza, entrando de lleno en el puerto. En la punta del espigón me esperaba el ormeggiatore. Me dijo que tenía que echar mi ancla por popa por lo menos con 40 metros de cadena (no los tengo ni para el ancla principal, la de proa) porque el viento en ese momento era muy fuerte y podía echarme contra el muro del muelle. Más dentro había un atraque libre con fondo de 1,5 metros y costaba 50 euros la noche. Mientras empalmaba distintos cabos plomados para conseguir los 40 metros se acercó otro navegante con su zodiac y me contó que la noche anterior se había amarrado en ese muelle, el ancla le garreó y tuvo que cambiarse a un fondeo en la playa para no chocar con el muro.

En ese momento la decisión estuvo clara. Mañana vamos a visitar la isla de Pianosa en ferry (no está permitido ir con tu barco) y vamos a dejar el barco 12 horas sin vigilancia. Si fondeásemos en la playa no tendríamos forma de desembarcar para coger el ferry ni conocer el pueblo. Y si nos quedaramos en el muro, nuestra ancla de popa es sin duda peor que la del barco que nos contó sus problemas, que es mucho más grande que el Corto Maltés. El riesgo era muy alto y decidimos utilizar la plaza más segura, aunque éramos conscientes de que estaban abusando de nuestras circunstancias. Al desembarcar le pregunté al ormeggiatore que dónde estaban las oficinas para ir a pagar, y me dijo que no había, que era el bar. Me acordé de un consejo de la guía Imray, en el sentido de no ponerte chulo los ormeggiatori y resignado me limite a negociar un descuento por quedarnos dos noches, como así fue.

Mañana, como os dije, iremos a Pianosa en ferry. Es una reserva natural y la visita nos llevará todo el día.

Hasta mañana navegantes.

domingo, 5 de junio de 2016

Esto sí es el verano.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Cavo para pasar un día relajado y avanzar un poco hacia el sur. Como hacía un día de auténtico verano nos propusimos fondear en la isla Palmaiola, frente a la punta Nordeste de Elba, para pasar el día y bañarnos. Está deshabilitada y sólo tiene un faro en su cima. Por el camino nos hizo desviarnos de nuestra ruta el ferry que une Elba con el continente. En alta mar tenemos preferencia los veleros sobre cualquier barco de motor, incluso un mercante o un ferry, pero no suelen hacer caso. Fijaos cómo va decorado, como si fuera el arca de Noé.

Suponemos que por ser domingo, la cala a sotavento de la isla estaba llena de barcos, pero a pesar de ello había sitio para todos, el agua estaba maravillosa y decidimos quedarnos.

Después de comer nos vinimos a Porto Azzurro, una navegación de 15 millas a vela, dando algunos bordos porque el viento nos venía de cara, pero muy agradable. Porto Azzurro es un pueblo construido por los españoles en el siglo XVI.  Tiene un fuerte que domina la bahía y que hasta finales del siglo XX fue prisión de delitos políticos y mafiosos. El puerto en origen se llamaba Porto Longone, y en italiano "Longone" se hizo sinónimo de delincuente o mafioso. Por eso se le cambió el nombre por el de Porto Azzurro, para atraer turismo quitándole esa connotación negativa. Hemos rodeado el fuerte y ahora parece estar abandonado. Desde él se tienen unas vistas espectaculares de la bahía.

En el espigón del puerto hay un cartel enorme que dice: "Marina de Porto Azzurro, el oasis de los dioses", y está ocupado por esculturas de dioses mitológicos, entre otros Neptuno en un sitio privilegiado para que se le vea al entrar. Aparte de esto, el pueblo nos ha parecido volcado al turismo, lleno de restaurantes, tiendas de modas y heladerías, y nada más.

Mañana intentaremos llegar a Marina di Campo, de donde salen los ferries para visitar la isla de Pianosa, que es reserva natural y no dejan entrar con tu barco. Hasta mañana navegantes.