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lunes, 16 de mayo de 2016

Islas de Frioul.

Hola navegantes.

Hoy hemos hecho una etapa corta entre Marsella y Frioul. Nos apetecía conocer estas curiosas islas unidas como siamesas.

Llegamos a las 10.30 y nos sorprendió ver los comercios del pequeño poblado abiertos, porque hoy es festivo en Francia. Nos han explicado que desde 2004 todos los trabajadores tienen obligación de trabajar un día festivo al año, y las ganancias de ese día son para reflotar la caja de las pensiones de los jubilados. Aunque cada empresa puede decidir el festivo que trabaja, el gobierno sugirió que fuera hoy.

Las islas de Frioul son dos en realidad, Ratonneau al norte y Pomeges al sur.  Se unieron por un dique artificial en 1824, posteriormente mejorado, para ampliar la capacidad de la isla como lazareto donde se hacía la cuarentena de los buques procedentes de las Indias. Más adelante en el espacio cerrado de mar que quedó entre las dos islas se construyó el puerto, donde nos hemos quedado hoy.

Antes de la entrada al puerto llama la atención en la costa un barco subido a las rocas. De más cerca comprobamos que es la casa de los prácticos que la han construido con la forma de la proa de un mercante. También nos sorprendió un intercambiador de libros con forma de rinoceronte.

Dedicamos la mañana a recorrer la isla de Ratonneau y la tarde a la de Pomeges. En ambas vimos muchos restos militares (ruinas de cuarteles, baterías defensivas, santabárbaras, búnkeres, nidos de ametralladoras) porque las islas fueron militares hasta 1974. Están plagadas de gaviotas patiamarillas como las de Santander, pero ya con los pollitos crecidos, mientras que en Santander salen de los huevos a primeros de junio.

En la isla de Pomeges nos paró la Guardia de la reserva porque no está permitido recorrerla en bici. Tuvimos que volver al puerto a dejarlas y hacer la excursión a pie. Nos sentó mal que algunos de los monumentos en ruinas no se pueden entrar a ver, pero no te lo avisan desde el principio del camino, con lo que te das la paliza para nada. En Pomeges visitamos el puerto de cuarentena original, el que se usaba antes de construir la escollera de unión de las dos islas. Todavía se ven las muescas que habían hecho en las rocas para amarrar las cadenas de los barcos y usar la propia roca como noray. Una obra de cantería impresionante. Y en Ratonneau las ruinas del hospital Carolina, donde se hacía la cuarentena, que están restaurando.

Finalmente, en el terreno práctico, hoy ha empezado a hacer calor después de 2 semanas invernales, y hace raro pero ya hemos estrenado el ventilador. Aunque ahora de noche vuelve a refrescar y estoy escribiendo esto con el maridillo debajo del jersey. Esto parece otra vez Bretaña.

Mañana intentaremos llegar a la isla de Embiez. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué preciosidad de isla y qué buen tiempo por fin!!

Lucas

Anónimo dijo...

Solo desearos una buena singladura y que me esta gustando
el blog
Nacho cuéntanos tus primeras impresiones a bordo
Juan Lvin