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viernes, 27 de mayo de 2016

Vernazza, otro sitio maravilloso.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Sestri Levante con la intención de llegar a Porto Venere, pero el viento estaba tan asmático que no hacía navegar al Corto Maltés, íbamos apoyados por el motor y estábamos tan aburridos del run run que decidimos acortar la etapa y quedarnos en Vernazza. Y la decisión fue muy afortunada.

Es uno de los dos únicos puertos de Le Cincue Terre, una región italiana famosa por sus cultivos en terrazas sobre el mar y sus pueblos pintorescos. Hasta hace pocos años sólo se podía acceder a los pueblos a pie por la montaña o en barco. Actualmente la erosión está acabando con las tierras cultivables y se ceden terrenos gratuitamente a quien se comprometa a rehacer las terrazas y cultivar según los métodos tradicionales.

No tiene marina y nos habían dicho que si tenías suerte podías encontrar sitio en el muro entre los barcos locales. Y allí fuimos y, por ser temporada baja, tuvimos suerte.  Nos hemos quedado punta del espigón de una cala recoleta al lado de una iglesia construida a la orilla del mar y al lado mismo del centro del pueblo. Lo único malo es que a estribor tenemos roca a 20 o 30 cm bajo el agua y como el  viento nos nueva o el ancla de popa garree, nos vamos contra ella.

Hemos subido al Castillo Doria que domina el pueblo desde donde se tienen unas vistas espectaculares pueblo y su bahía. Y hemos recorrido sus callejas esta vez a pie, porque son tan pequeñas y empinadas que en la bici habría sido imposible. En una tienda de comestibles hemos conocido a una chica catalana que se ha venido a Vernazza "por amor" (son sus palabras) y nos ha guardado los frigolines a congelar, porque ya llevamos 3 días sin ir a una marina y por la noche no podemos enchufar la nevera a los 220 V.

Mañana intentaremos llegar a Porto Venere. Hasta mañana navegantes.

jueves, 26 de mayo de 2016

Las cosas se van arreglando.

Hola navegantes.

Hoy conseguí grabar el Navionics en el móvil, y probablemente un amigo me acompañe en la etapa que no podrá Alicia, o sea que los dos problemas que ayer me quitaban el sueño parece que se encaminan bien.

Hoy hemos salido de Génova con la intención de dormir en Portofino. No ha hecho viento y casi todo el día hemos ido a motor. A media mañana entramos en la cala de San Fructuoso, con una ermita a la orilla del agua en un sitio espectacular. Estaba abarrotado de gente joven, posiblemente una excursión escolar.

A continuación preparamos el ancla pesada en popa porque en Portofino, como en muchos puertos del Mediterráneo, se amarra al muelle dejando caer el ancla a una cierta distancia en el mar, que es la que sujeta el barco perpendicular al muro. Por comodidad es mejor llevarla preparada.

Llegamos a Portofino poco después de comer. Está justo tras una península con casas señoriales y una roca con forma de cabeza de perro. Y el puerto de Portofino más bonito todavía, con casas de color rojo, rosa y manila en tonos pastel reflejadas en el agua. Pero cuando llamamos a capitanía para pedir plaza nos mosqueamos cuando nos dijeron que llamáramos a un teléfono para darnos las tarifas. Cuesta 86 euros pasar la noche y 28 euros tocar tierra para desembarcar a hacer las compras (hace poco en Mónaco nos costó 11 euros la noche). Salimos pitando de ese rincón para millonarios snob, por muy bonito que fuera. Si por un barco de 6 metros se paga eso, los megayates que se veían por allí deben pagar 1.000 euros por noche, y aún estamos en temporada baja.

Tras reanudar la ruta tuvimos que entrar al puerto de Chiavari para sacar el fueraborda y quitar un hilo de pescar que se había trabado en la hélice. Y con eso resuelto nos vinimos a Sestri Levante, una preciosa sorpresa inesperada. No tiene puerto y se amarra de proa al espigón, pero es uno de los sitios más bonitos hasta ahora.

Sus casas se reflejan en el mar, tiene una bahía llamada "del silencio" con la escultura de un pescador sobre una roca. En la explicación del monumento dice que el autor se lo donó a la ciudad "y a todos los amantes de lo bello". Realmente viviendo aquí no se puede ser indiferente a la belleza.

Posteriormente escalamos, más que subimos, con las bicis a la colina para ver la Torre Marconi,  donde hizo sus experimentos de la telegrafía sin hilos y de la radio. Pero después de subir resultó que pertenece a un hotel y no dejan visitarla. Por el camino están los restos del oratorio e Santa Catalina, lo que quedó tras los bombardeos 1944. 

Mañana seguiremos hacia el sur. Ya estamos cerquísima de Pissa, donde se despedirá Nacho y se incorporará Ana a la tripulación. Hasta mañana navegantes.

Una pesada ceñida hasta Génova.

Hola navegantes.

Hay días en que la ley de Murphy hace su aparición y no te deja vivir. Hoy ha sido uno de esos.

En primer lugar comprobé con sorpresa que la cartografñía electrónica que tengo a bordo, que suponía que incluía toda Italia, se acaba en el mar de Liguria, donde estamos. De repente estaba sin posición. Menos mal que Nacho lleva el Navionics en su tablet, gracias a eso hemos salido del apuro. Con la dificultad de estar fuera de casa y en un pais extranjero, hemos localizado en Savona dos tiendas de electrónica marina, y resulta que el aparato es viejo y ya no hacen los cartuchos que necesito. Tengo que seguir buscándolo y consegirlo antes de que Nacho se vaya.

Me planteé la alternativa de descargarme la aplicación de Navionics en el móvil. Cuando ya estaba decidido no sólo no me aparecía la citada aplicación en Play Store sino que el móvil se me quedó bloqueado  con la pantalla en blanco y así estuvo toda la tarde hasta que me lo resolvió Pablo desde Australia. Lo que me quedó claro es que el móvil no es un instrumento seguro para los programas de navegación. Imaginaos este fallo entrando a un puerto con niebla.

Y por si fuera poco mi sobrina Alicia, que me iba a acompañar en la bajada de Las Landas hasta Santander,  ha tenido un problema imprevisto y no podrá venir a navegar conmigo este verano. Imaginarme solo descendiendo por Las Landas con este barquito no es un pensamiento tranquilizador, la verdad. Si no puedes entrar en Arcachon son unas 180 millas a hacer de una sola tirada, y además con mal tiemnpo, que suele ser precisamente la causa de no poder entrar en Arcachon.

Volviendo a nuestro periplo, hoy hemos salido de Savona a media mañana para intentar atajar el Golfo de Génova en horizontal, hacie el Este. En las primeras fotos nos veis debajo de la famosa torre dedicada a Leon Pancaldo, el marinero del que os hablé ayer, momentos antes de salir. Finalmente los de Capitanía no hicieron acto de presencia y hemos dormido perfectamente.



Pero en el golfo hacía hoy un viento del Este que nos obligó a dar bordos, y finalmente roló al Sureste. El role al Sureste nos permitió dejar de dar bordos pero no dejar de ceñir, y toda la navegación de hoy ha sido una larga ceñida hasta Génova, donde decidimos meternos para acortar la etapa.

Génova es el primer puerto de Italia y es enorme. A su entrada pudimos ver el famoso Costa Concordia (el que encalló en la Isla de Giglio, que posiblemente visitemos en este viaje) en proceso de desguace:


 Tiene 3 ó 4 marinas para barcos deportivos y nos quedamos en la del Puerto Viejo, en pleno centro. También aquí hemos tenido unos curiosos vecinos de pantalán:


Hemos dedicado la tarde a recorrer Génova en bici y mañana seguiremos hacia el Este, después de intentar localizar aquí el cartucho que necesito. Y por cierto, no veáis cómo les gustan a los iatalianos las motos. Génova está plagada de aparcamientos como éste:


Hasta mañana navegantes.

martes, 24 de mayo de 2016

Un día de verano, y una nueva experiencia.

Hola navegantes.

Hoy nos hemos despertado de frío. En la cabina hacía 14 grados y ya había salido el sol, que aquí sale antes de las 6, o sea que a media noche debía hacer 12 o menos.

Hoy salimos de San Remo para una etapa larga, intentando compensar lo que perdimos ayer. Antes de salir hicimos un ajuste que llevaba mucho tiempo esperando. Hemos recortado el extremo del grifo de la cocinita, que era muy largo y dificultaba fregar la cazuela, que casi no cabe en la pila. Además os enseño el cactus de recepción San Remo. Hay un carril bici sobre el trazado de un antiguo tren, y está rodeado de cactus con higos chumbos. Algunos los han decorado como el que os enseño.

Al principio no hizo viento pero a media mañana salió la brisa anunciada del sur que nos ha permitido navegar casi todo el día con la mayor y el espí, bajo un sol como el as de oros. A la hora de comer dejamos por babor la isla Gallinara, a la que queríamos haber entrado ayer. Hoy no estaba en nuestros planes detenernos en ella y la vimos desde lejos. Yo creo que se debería llamar Tortugara, porque desde luego a una gallina no se parece. A ver lo que opináis vosotros.

Ayer preguntamos a la policía portuaria de San Remo la posibilidad de quedarnos en el muelle de los puertos sin entrar en las marinas. Nos confirmaron que en todos los puertos hay un muelle llamado Banquina di Transito donde te puedes quedar 3 días sin pagar, aunque hay que llevar los papeles a la capitanía para que te tengan controlado. Hoy decidimos probarlo porque el precio de la de ayer nos pareció exagerado.

A las 20 h. entramos en Savona después de hacernos 50 millas en 12 horas. Es un gran puerto comercial (el 5º de Italia) con una dársena pequeña para pesqueros y barcos deportivos. Llamamos por la radio a la capitanía preguntando por la Banquina di Transito y nos remitió a la marina de Savona. Así que confiados en nuestra estrella y en lo que nos dijo la policía portuaria de San Remo, nos metimos por nuestra cuenta a explorar el puerto y preguntamos a unos pescadores cuál era la Banquina di Transito. Y en ella nos hemos quedado. Como hacemos en España. La de Savona está justo a los pies de la torre a León Pancaldo. Es un marinero de Savona que acompañó a Juan Sebastián Elcano en la primera vuelta al mundo, y nos parece extraordinario dedicar la torre, y la calle principal de la ciudad, a un personaje modesto pero que se jugó la vida en aquella aventura que demostró que el mundo no era plano.

Mañana veremos esta ciudad y seguiremos hacia el este.


lunes, 23 de mayo de 2016

Ya estamos en Italia.

Hola navegantes.

Está mañana salimos de Mónaco a las 9.45, un poco tarde para nuestras costumbres porque tuvimos que hacer la compra. El pronóstico no era preocupante y pensábamos hacer una etapa larga. Pero nada más salir había un oeste de fuerza 5 con olas de 2 metros que nos aconsejó izar sólo el génova, y con esa vela íbamos a 6 nudos, con puntas de hasta 9.6 cuando cogíamos una ola en surf.

A media mañana empezaron a emitir los de Crossmed un boletín meteorológico especial cada 15 minutos anunciando vientos de fuerza 8 a mitad del día. Tuvimos un dejà vu porque es lo mismo que nos pasó hace una semana, pero no quisimos arriesgarnos y acortamos la etapa quedándonos en San Remo. Por otra parte nos apetecía conocer esta ciudad italiana.

A las 11.58 un velero emitió por la radio un mayday pidiendo ayuda por una vía de agua. Enseguida contestaron de Crossmed y después de establecer su posición, las personas a bordo y el tipo de emergencia, le pidieron por dos veces que confirmara que solicitaba ayuda. Y después también por dos veces le dijeron el servicio era de pago, que si se daba por enterado y a pesar eso seguía solicitando la ayuda. ¡en qué mundo vivimos!.

La entrada a San Remo fue curiosa porque justo antes de llegar el viento roló 180 grados (empezó a soplar del este) y un poco después cayó una granizada. ¡vaya meteorología para mayo!. Era nuestro primer puerto italiano y todo nos resultaba nuevo. Aunque nos habían dicho que las marinas eran más baratas que en Francia ha sido todo lo contrario, 27 euros en un pueblito en vez de 11 ayer en Mónaco. A lo mejor a partir de mañana empezamos a quedarnos en el muelle en lugar de en la marina, ya os contaremos.

Visitamos el pueblo, que tiene fundamentalmente un casino y un santuario en lo alto de una montaña (110 metros de desnivel que nos hicimos con las minibicis) desde donde se ve todo el pueblo y abajo el puerto. El santuario tiene unas esculturas impresionantes rodeando el altar, pero me sorprendió que de las 12, dos eran de una mujer que había cortado la cabeza a un tío. ¡qué bestias las italianas!.

El pronóstico meteorológico aquí en Italia es muy gracioso, parece un bingo. Han numerado las zonas de navegación, la dirección y fuerza del viento, la altura de las olas y la visibilidad, y de cada zona emiten el pronóstico para 4 franjas horarias. La chica empieza a cantar números y números sin parar, y lo mejor es copiarlos sin rechistar y luego sentarte a pensar lo que ha dicho. Tengo que hacerme una planilla para copiarlo sin problemas y luego analizarlo.

En San Remo hemos instalado la bandera de cortesía italiana, que decorará el Corto Maltés los próximos meses. A ver si nos trae buenos augurios.

Hasta mañana navegantes.

El WiFi de los megayates.

Hola navegantes.

Ayer se me olvidó contaros otro detalle de los megayates. Nosotros andamos siempre buscando WiFi para contaros el viaje y contactar con nuestras familias, y es una de las servidumbres incómodas de navegar. Pues hay megayates que tienen para ellos solos 3 redes WiFi: una para los dueños, otra para los invitados y otra para la tripulación. Como lo oís.

domingo, 22 de mayo de 2016

Llegamos a Mónaco.

Hola navegantes.

Hoy salimos temprano de la isla de Santa Margarita después de una noche tranquilísima, sólo marcada por el frío. Yo me acosté con el pantalón térmico y dos camisetas térmicas, una de algodón, un chaleco de lana, calcetines, un bluf de polar, un gorro de lana, el saco de dormir y una manta, y aún así me desperté dos veces soplándome los dedos. A partir de ahora viajaré siempre con el saco de plumas, aunque sea pleno verano. No pensé que lo de Bretaña se repitiera en el Mediterráneo en mayo.

Ha hecho poco viento y hemos hecho toda la travesía apoyados un poco por el motor, para crear viento aparente. En la primera foto os enseño la distribución de velas poco ortodoxa que utilizo cuando quiero ceñir mucho, apoyado por el motor, para no dar bordos innecesarios. Como el génova queda por fuera de los obenques no se puede cazar todo lo que quiero. Entonces le rizo un poco y reenvío la escota al winchi de las drizas por dentro de los obenques. No pinta muy bien pero me permite ganar unos 10 grados al viento sin que el génova se acuartele, lo que en las travesías largas es un puntazo.

A medio camino apareció el mar lleno de burbujitas. Al mirarlo mejor vimos que eran pequeñas medusas y que las había por millones. Cogimos alguna con el esquilero y comprobamos que eran las llamadas "marinero de viento" (velella velella). Son pequeñitas y tienen una burbuja de gas, como la carabela portuguesa, que las permite usar el viento para desplazarse. Tienen los tentáculos pequeñísimos y su picadura es muy grave y dolorosa. Cuando hay medusas en el agua hay que subir el fondeo con guantes, porque pueden haber dejado sus tentáculos en la cadena.

A las 10.30 llamé por teléfono a las dos marinas de Mónaco para pedir atraque y ya no les quedaban. Están preparando el Grand Prix de fórmula uno y la ciudad está abarrotada. Entonces probé en la Marina de Cap d'Ail (sí, cabo de Ajo, como el nuestro pero dicho en francés). Es el último puerto francés antes de Mónaco y es como un bicho raro con la tripa francesa y la espalda monegasca, porque la frontera entre Francia y Mónaco pasa por la calle de los pantalanes. Allí me dijeron que había tenido suerte porque para un barco tan pequeño sí tenían sitio. O sea que estamos en Mónaco por 11 euros la noche los dos.

La entrada al puerto parece un búnker, toda de hormigón. Y si en Cannes la náutica era la desmesura, en Mónaco es el despropósito. En la gasolinera eché 5 litros y me faltaban unos céntimos. Tomás, el gasolinero, me dijo que no me preocupara, que conmigo no se iba a hacer rico. El barco que venía después echó 400, y me dijo Tomás que algunos megayates echan 5.000 litros. Se los tiene que traer un camión cisterna para no vaciarle a él su depósito. Tardan más de dos horas en llenar.

Y si os gustaron nuestros vecinos de pantalán en Cannes, a ver qué os parecen los de Mónaco. El Corto Maltés parece el barquito de los clik. Aquí al lado un barco un poco más grande que el nuestro tiene 4 fuerabordas de 300 caballos (el Corto Maltés, 8 caballos). Y hemos visto barcos que tienen que entrar al puerto marcha atrás porque dentro no caben para dar la vuelta.

La visita a Mónaco ha sido muy entretenida. La ciudad está patas arriba por la preparación de la Fórmula Uno. Hay carteles avisando a los turistas de que les pueden multar por ir con el torso desnudo o descalzo. Casi todas las casas tienen jardines en las terrazas y aquello parece un bosque a la altura de los últimos pisos. El rey Alberto estaba rodando una chuminada de reportaje donde salía de palacio y se sentaba en su descapotable. Repitió la toma por lo menos 3 veces antes de que nos aburriéramos y nos fuéramos de allí. Tenía 3 ó 4 cámaras en el capó, otras en grúas y hasta un drón para grabarle desde el aire. Una visita muy aleccionadora.

De vuelta al barco nos hicimos con las minibicis el circuito de la Fórmula Uno. Ya veréis, ya, cuando os enseñe el vídeo.

Mañana esperamos entrar en Italia si nos lo permite el mistral, pues hay previsiones discordantes. Si podemos nos gustaría llegar a la isla Gallinara, que aunque es privada parece ser que se tolera la pernocta en su puertecito. Ya os contaremos.