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martes, 3 de marzo de 2026

Chorraditas que también hay que conocer.

Hola navegantes. 

 En la náutica deportiva no todo son grandes decisiones estratégicas o resolver graves problemas de las velas, el casco o el motor. También hay que saber cuando un problema es ridículo y fácil de abordar sin quemarte las cejas para resolverlo. Uno de esos es el que os voy a contar hoy. 

 Aparentemente se había roto un trozo de la vela mayor, que flameaba cuando recibía el viento. Al bajar la vela y mirarlo de cerca comprobamos que era el refuerzo de un ollao del tomador del primer rizo. Es una goma o un cabito que sujeta una franja de la vela mayor alrededor de la botavara para hacer la vela más pequeña cuando el viento arrecia. Yo prefiero goma que cabo, porque al ser elástica absorbe los tirones que las rachas de viento dan a la vela así recogida, y es más difícil que se desgarre. Esa goma o ese cabito atraviesan la vela de lado a lado a través de un ollao, para permitir atar la vela recogida en la botavara.

 Para que el mismo ollao, que suele ser metálico, no desgarre la vela se refuerza con  un trozo de tela redondo que suele ir pegado, no cosido, a la vela. En nuestro caso ese refuerzo redondo se había roto y despegado:


 La solución es facilísima, porque como ese refuerzo no aguanta fuerzas de tracción, como la vela, sino que está solo para proteger la tela del roce del ollao, es suficiente con pegarlo. Para eso hemos usado una cinta adhesiva de velería de doble cara, recortando un trozo con la misma forma que el que se ha despegado. Se aprieta entre las manos y basta.

 

Una solución que te evita desarmar la vela y llevara a una velería, total para que te hagan ellos lo mismo. Muchas gracias a Ángel, de la Velería Nordeste en Santander, que siempre está ahí para ayudarme desinteresadamente.


 Con cuidado, navegantes.

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