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miércoles, 16 de enero de 2019

Dibupoema a mi barco.

A MI BARCO.


Hay algunos que dicen que no amas a un barco
si no consigues verlo como a otro ser vivo.
Yo no soy metafísico y lo digo más parco:
soy feliz despeinado y con la barba de chivo
en el Corto Maltés camino al desembarco,
despacio por el mar como por un negativo.

   Soy feliz cuando llego sobre la mar tendida
a un puerto extranjero del que nada conozco,
sabiendo que me espera lo bueno de la vida:
lugares, experiencias, alguien que nos convida,
gente dura del mar en quien me reconozco…
lo que mantiene a raya a La Cariacontecida.

   Y feliz cuando luego el sol de madrugada,
como una gigantesca naranja partida,
ve salir a mi barco entre los espigones,
y navego en la calma o en la turbonada,
comiendo mal y poco entre los chaparrones
o echando una siestecita al sol bien merecida.

   Y feliz cuando un atardecer inesperado,
por  no llegar a puerto, me quedo fondeado
bajo un cielo nocturno que parece un brasero,
y siento extinguirse la brisa convaleciente,
y veo acostarse el sol despacio por poniente
cogido de los dedos de la chica que quiero.

   Muchos de los momentos felices de mi historia
los he pasado dentro de su piel de resina:
jornadas luminosas, cielos de cartulina,
noches negras buscando una luz giratoria,
y hasta los ojos de Ana tras la Biodramina,
esa tierna mirada sin escapatoria.

   ¿Cómo no voy a querer a mi Corto Maltés?.
Él hará inmortales estas cosas antes o después.




martes, 15 de enero de 2019

lunes, 14 de enero de 2019

La cara positiva de un suspenso.

Hola navegantes.

Suspender y tener que repetir un curso de la carrera, ¿os parece un drama a los 24 años?. Pues no debería serlo. Pienso mucho en la frase que oí a una señora de 90 años: "Enmarca todo supuesto desastre con estas palabras: ¿en cinco años, esto importará?".

Seguramente acabar la carrera de farmacia un año antes o después sea absolutamente indiferente en el curso de una vida, y mirad lo que decidió esta estudiante francesa, Clara Dumard, cuando tuvo que repetir 4º de Farmacia.


 Lo primero fue considerar aquello como una oportunidad en vez de como un fracaso. Lo segundo retomar una idea infantil de navegar con su padre por el Polo Norte. Dedicó unos meses a buscar patrocinadores, una campaña de micromecenazgo (crowdfunding), crear una empresa para gestionar su proyecto, comprar un velero de segunda mano, acondicionarlo para la navegación polar, y convencer a su madre y hermanos para que les ayudasen en las cosas prácticas durante su ausencia (desde mandarles los boletines meteorológicos a encargarse de sus redes sociales, su casa o sus facturas). Convencer a su padre para acompañarla no debió de costarle mucho, pues es también navegante y quien le introdujo en ese deporte de niña.

Finalmente partieron el pasado verano para una ruta de 9.000 millas intentando pasar exclusivamente a vela (sin apoyo del motor) el llamado Paso del Noroeste, que es la travesía del Océano Atlántico al Pacífico por el Norte de Canadá, bordeando los hielos del Polo Norte. Hasta entonces no lo había hecho nadie sólo a vela. Al final no lo consiguieron, porque ese paso no es practicable todos los años ya que depende de la permeabilidad de los estrechos, y a su vez ésta depende del derretimiento de los casquetes polares. Pero aquí puede aplicarse este proverbio japonés: "Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar". En agosto estaban en el ártico canadiense esperando, junto a otros veleros, y ya fue evidente que ese año el paso no se abriría.


La alternativa de invernar allí no entraba en sus planes, y la de pasar a toda costa tampoco.  Otro velero argentino lo intentó, fue atrapado entre dos placas de la banquisa, elevado fuera del agua por la compresión de los hielos, vuelto a dejar caer y naufragó, salvándose los tripulantes de milagro. Por lo tanto Clara y su padre, Christian, volvieron a Francia recorriendo la costa canadiense en vez de batir ningún récord, pero fue una experiencia igualmente positiva. Convivieron con los osos polares y los inuit, conocieron aldeas donde el alcalde es que el que caza más narvales, identificaron zonas de costa mal cartografiadas desde el siglo pasado,  aprendieron a reconocer los icebergs de noche por el ruido de las olas, y estrecharon sus lazos personales.


 Ahora, de regreso en Francia, ¿alguien cree que ese año de la carrera "perdido" le cerrará alguna puerta a Clara en el mercado laboral?. ¿O más bien será lo contrario?.  Cada uno que piense lo que quiera.

¡Con cuidado, navegantes!.

domingo, 13 de enero de 2019

sábado, 12 de enero de 2019

viernes, 11 de enero de 2019

Dibufirma de Silvia.

Os recuerdo que podéis pedirme el libro de "Dibucartas al grumetillo" por correo electrónico y os lo mandaré dedicado con una dibufirma, la vuestra o la de a quien se lo queréis regalar. Un saludo.


jueves, 10 de enero de 2019

Dibufirma de Gloria.

Dedicada a Gloria Gómez, Directora General de Deportes de Cantabria, que va a intentar ayudarnos institucionalmente en la difusión de "Dibucartas al grumetillo". Gracias, Gloria.

miércoles, 9 de enero de 2019

El bestia lo logró.

Hola navegantes.

En la entrada del 30-3-17 os conté que un francés, Benoît Lecomte, que ya había cruzado el Atlántico a nado en 1998, pretendía ahora cruzar el Pacífico, también a nado. Volved a leerlo porque es impresionante. Yo dudaba de que lo consiguiera, pero sí, ¡el tío lo ha hecho!.

Su principal objetivo era concienciar sobre la contaminación de plásticos en el océano, que ya forma islas flotantes de una extensión equivalente a tres veces Francia cada una.

 https://www.youtube.com/watch?v=o1ldwWsWsuY

La travesía previa del Atlántico fue para sensibilizar y recaudar fondos para la lucha contra el cáncer, en homenaje a su padre.

La travesía actual del Pacífico la ha realizado en 191 días, saliendo de Japón y llegando a San Francisco. Ha nadado 8 horas al día y le ha acompañado un velero donde dormía, y que le dejaba cada mañana en la misma posición de GPS donde le recogía la noche anterior para no hacer "trampas" durante la noche. Salió el 5-6-18 y llegó a San Francisco el 12-12-18. ¡Seis meses y medio  nadando!. Y la prensa hablando de los del futbol, por correr una hora y media en cada partido. Alucinante.

 http://thelongestswim.com/


¡Enhorabuena al héroe!.
 

lunes, 7 de enero de 2019

Une "Dibucarta" pour les lecteurs de France.

Bonjour navigateurs.

Dans le livre "L’aventure du Corto Maltés (Le tour de la péninsule ibérique sur un voilier de six mètres)"  vous trouverez quelques "Dibucartas". Il s'agit de lettres avec la particularité, et donc le nom de "Dibucartas", qui à un moment donné les lettres commencent à tourner ou se redimensionner pour constituer un dessin. Elles sont généralement lus en faisant tourner le dessin, et dans certains endroits la conception du dessin nécessite une coupe de la phrase. Ensuite, il y a une ellipse (deux, trois ou quatre points) et la lecture réapparaîtra là où ce nombre de points réapparaît.

Voici une "Dibucarta " du livre pour voir s'il vous plait. Vous devez commencer à lire dans la queue, et le texte dit:

"Salut navigateurs. Après trois mois et 2.500 milles nous sommes à nouveau à Santander. Nous réussîmes! Mais le succes n'est pas de surpasser un défi mais d'être heureux et se sentir réalisé au milieu de la mer à bord d'un voilier, et cela ne dépend pas de la route choisie ni de la taille du voilier. Ne renoncez jamais à un rêve, par fou qu’il paraît. Santé et République!".



Vous pouvez acheter le livre dans la colonne droite de ce blog, ou sur la page Amazon dans:

https://www.amazon.fr/dp/B07M685N4Y

Cordialement.

sábado, 5 de enero de 2019

Dibufirma de Santander.

Hola navegantes.

Lo que más despertaba nuestra curiosidad en Avignon era su puente. Nos sonaba de la canción infantil “Sur le Pont d’Avignon” pero en nuestra incultura no sabíamos nada de él, y menos que llevaba varios siglos roto, que sólo le quedaban cuatro de los veintidós arcos originales, y que no conducía a ninguna parte porque finaliza en mitad del río. Lo descubrimos con estupefacción al navegar junto a él al llegar a Avignon. Se lo hemos contado después a mucha gente y a todos les pasaba lo mismo.


Se edificó en el siglo XII y medía casi un kilómetro. Pero la fuerza del Río Ródano, y el hecho de que los pilares centrales estuvieran asentados en terrenos de aluvión, hicieron que fuera destruido muchas veces por las riadas. Una leyenda dice que una voz divina ordenó a un pastor llamado Benito que construyera el puente. Como se reían de su pretensión, Benito fue dotado de una fuerza milagrosa, cogió una roca monumental y la colocó en la orilla. La muchedumbre entusiasmada le creyó, y en los años siguientes los aviñonenses levantaron el puente. Y Benito fue declarado Santo.

Aunque la letra de la canción dice que se bailaba “sobre” el puente de Avignon (“sur le pont”), y en algunas fotos antiguas se ve a grupos de niños bailando en corro, la verdad es que es muy estrecho como para bailar encima y lo más probable es que la canción original dijera “bajo” el puente (“sous le pont”) y con el uso se desvirtuase el texto.


El 3 de septiembre llegó nuestro amigo José Luis con el camión. Antes de acostarnos quitamos del barco todo el peso innecesario, fundamentalmente vaciar los depósitos de agua y tirar todos los frigolines y muchos de los folletos turísticos que habíamos amontonado en esos tres meses largos de recorrer Francia, con lo que igual le aligeramos cien kilos. Y luego pasamos nuestra última noche a bordo en un colchón mojado, porque al vecino de pantalán se le había ido la manguera por nuestro tambucho de proa, con un maldito grillo que no paró de cantar en toda la noche en el muelle, y un poco nerviosos por lo deprisa que iba todo. Yo quería dormir, pero mi cerebro quería madurar todas las experiencias de esa vuelta a Francia y empezar a soñar con nuevas aventuras.
Por la mañana nos levantamos a las 6.45 y en un par de horas estaba el barco bien afianzado en el camión y le vimos marchar sin terminar de asimilar un final tan raro. Nuestro día en Avignon también fue muy raro, porque teníamos que coger el autobús bien entrada la noche, y teníamos por delante un día entero pero sin vivienda donde descansar. Lo llenamos como pudimos y la noche en el autobús fue aún peor que la anterior, o sea que llegamos a Santander como con resaca. Queríamos dormir... pero la cita con José Luis era firme y no podíamos fallarle. Finalmente todo acabó bien.



Ya solo quedaba arbolar, la limpieza general, un montón de bricolajes... e ir pensando en la próxima aventura.

viernes, 4 de enero de 2019

Dibufirma de Avignon.

Hola navegantes.

Retomo aquí las dibufirmas de los puertos que visitamos en la vuelta a Francia este verano y con ellas  los recuerdos que me guardé. Nos habíamos quedado en Alleriot, un sitio anodino a la orilla del río Saône, afluente del Ródano, por el que llegaríamos al Mediterráneo. Efectivamente por el Saône  llegamos a Lyon.

Aunque no tan emocionante como París, también se nos encogía el alma entrando en esa gran ciudad, la tercera de Francia, con nuestro barquito. Tiene nada menos que 18 puentes, que llevaba marcados en el Navionics porque me preocupaba pasarme de largo y tener que dar media vuelta y navegar contra la corriente. Nos quedamos en  el Halte Nautique "Confluence", que recibe ese nombre por estar situado en el final de la lengua de tierra que separa el Río Ródano de su afluente, el Saône, y esa zona urbana en forma de península se llama “Confluence” (“Confluencia”) precisamente por confluir allí los dos colosos. Después de tantas penalidades nos quedamos allí dos días y medio a descansar y conocer Lyon.

Luego entramos en el Ródano, el último escollo de ese viaje, un río monumental, con tráfico comercial de grandes mercantes, esclusas de más de veinte metros de desnivel, una corriente de tres o cuatro nudos y la posibilidad de que el mistral se encajone en el cauce del río, que sigue la misma dirección de ese viento. Nos habían prevenido mucho contra sus riesgos. Pero volvió a ser verdad lo del perro que ladra al espejo, y se asusta sin darse cuenta de que se está atemorizando de sí mismo. Alimentar tus propios temores. La realidad fue que la corriente te ayuda, al tráfico comercial estamos acostumbrados de la bahía de Santander, y las esclusas están perfectamente estudiadas con sus norays flotantes que bajan y suben con el barco. Y el mistral aparte de refrescar, hacer una ola incómoda o dificultar la entrada en las esclusas porque venía de popa y nos torcía, lo bueno es que nos incrementaba la velocidad. Los días de mistral hicimos más de siete nudos con el motorcito de 6 CV. Increíble. Finalmente el 31 de agosto llegamos a Avignon.



¡Con cuidado!.

jueves, 3 de enero de 2019

Tres mujeres más valientes que nosotros.

Hola navegantes.

Así es, nada menos que tres mujeres están actualmente lanzadas a atravesar el Cabo de Hornos, dando la vuelta al mundo a vela en solitario, sin escalas, y por las altas latitudes, nada de por el Ecuador, que es lo "fácil". Suzanne Huber-Curphey será la primera. Salió de Portland el 14 de junio y allí se dirige para cerrar el círculo. Pero atención, la siguiente, Jeanne Socrates, que salió de Australia en octubre, ¡tiene 76 años!. Sí, setenta y seis. Y la tercera, Asia Pajkowska (la de la foto) que salió de Plymouth en septiembre, ¡tiene 60!. Sí, sesenta, habéis leído bien. ¡Chapeau por todas ellas!.




miércoles, 2 de enero de 2019

"La vuelta a España del Corto Maltés" en francés.

Hola navegantes.

Igual os pareció raro ver una entrada del blog en francés hace pocos días (el 29-12-18). Era para anunciar a los seguidores franceses (¡9.000 visitas al blog desde Francia!) la publicación del libro en francés. Después de un largo proceso de dos o tres años, se ha publicado por fin en Amazon.

Como les decía a los navegantes del país vecino, se puede conseguir en la columna derecha de este blog, o bien directamente en:

https://www.amazon.fr/dp/B07M685N4Y


La historia ya la conocéis, y si no podéis volver a ella retrocediendo al histórico de este blog, a mayo de 2012: junto a mi amigo Luis Espejo, también Capitán de Yate y ambos navegantes aficionados, dí la vuelta a la península ibérica a vela en una travesía que duró tres meses. 

Tres detalles hicieron a este viaje especial. En primer lugar el barco era un Tonic 23,  velero de serie de menos de 7 metros y 28 años de antigüedad, sin ninguna preparación estructural específica. En segundo lugar la circunnavegación de la península fue completa, no finalizó en Cataluña como es lo habitual. Luis y yo continuamos la vuelta atravesando Francia por el Canal de Midi y volvimos a Santander por el Este. Y en tercer lugar no estuvimos esponsorizados, realizando el viaje por el puro gusto de navegar y con nuestros propios medios. 

En este libro se relatan los detalles de la preparación del barco, las anécdotas del viaje y mis propias conclusiones personales y relativas a la navegación en barcos pequeños de serie. Si algún lector se anima a ampliar los horizontes de su pequeño velero tras la lectura de estas páginas, el objetivo del libro estará cumplido.

Esta es la portada del libro en francés:


 Y esta la ruta que hicimos y que cuento en el libro:

 
 

Si me ayudáis a difundirlo entre los navegantes franceses os lo agradeceré. Un saludo.