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miércoles, 19 de julio de 2017

Pasando los grandes cabos a propulsión.

Así es. Hoy salimos de Coruña con un pronóstico muy favorable de vientos del SW, y por una vez se cumplió. Nuestro proyecto más optimista era pasar el cabo Ortegal y quedarnos en la siguiente ría, en el pueblecito de Cariño. Toda la mañana fuimos en una maravillosa empopada con el espí y el Génova atangonado en orejas de burro, a 5 ó 6 nudos. Lo único malo, que nos cayó algún chubasco y tuvimos que ir con el traje de aguas.

A eso de las 15 h. el viento era tan fuerte que hacíamos picos de más de 7 nudos y era evidente que el barco iba muy forzado. Seguimos sólo con el Génova y así hacíamos entre 6 y 6.5 nudos, más que de sobra para nuestras pretensiones. Viendo que íbamos a terminar la etapa a primera hora de la tarde y no queriendo desperdiciar el ventarrón tan favorable, decidimos alargarla y pasar también el siguiente grande, Estaca de Bares. En la primera foto podéis ver a Mario frente a los Aguillons del Cabo Ortegal, una restinga de piedras picudas que se adentra en el mar, y en la segunda su faro.

Seguimos pues, y hacia las 18 h. entramos en la ría del Barquero, la inmediata posterior a Estaca de Bares. Tiene una preciosa isla en su entrada, la Isla Colleira, con un faro y una vivienda en su cima plana. Allí el viento se calmó y llegamos al puerto de Vicedo a motor, con 51 millas más en la corredera. Es un puerto chiquitín al fondo de la ría, y nos hemos quedado inicialmente abarloados a un pesquero, pero para no madrugar luego nos hemos trasladado al muro del muelle.

El pueblo se recorre en un plis plas y no tiene mucho que ver, salvo las típicas originalidades españolas como el cartel de "no potable"en un canalón del que no se le ocurriría beber ni a un Tuareg, una figura de Charlot de tamaño natural sentado en una tapia, o un jardín decorado con barcos desguazados.

En las últimas fotos podéis ver la escalera por la que salimos de nuestra mansión al muelle. Y a veces hay que salir agarrándose con una sola mano, porque en la otra llevas el bidón de agua, la compra, la bici o la basura.

Mañana seguiremos nuestra navegación pero ya no hacia el norte sino hacia el sureste, apuntando a Asturias, y seguimos con pronósticos de viento muy favorables.

Hasta mañana navegantes.

Un viento de Fórmula Uno.

Hola navegantes.

Hoy el pronóstico se cumplió y nos ha beneficiado mucho. Ha habido todo el día un SW de fuerza 5 que nos ha venido por la aleta o por la popa, ya que nuestro rumbo hoy era hacia el Norte y luego hacia el Este. Salimos de Muxía con el cielo completamente cubierto pero pudimos hacernos la foto delante del santuario del que os hablé ayer. Ya entonces nos agarró el SW que os comentaba, y con las dos velas izadas hemos hecho todo el camino a entre 5 y 7 nudos, con poca ola y sin el agobio del Sol, al que no hemos visto en toda la jornada. En resumen, que nos hemos hecho 50 millas en 9 horas y media, todas a vela, y hemos llegado a La Coruña.

A mitad del camino doblamos las islas Sisargas. Son un archipiélago de 3 islas (Sisarga Grande, Sisarga Chica y La Malante), que tienen un paso de unos 400 metros entre ellas y el Continente, no recomendable salvo en tiempo muy clemente porque está sembrado de escollos y sin balizar. Las pasamos por fuera para no arriesgar, porque con ese viento cualquier descuido entre los escollos puede ser fatal. Un barco que nos seguía atajó por dentro de las islas y nos adelantó en la curva. Era el Xainos, con León, Pilar y María José, que habíamos conocido en Muros y Muxía y que luego nos estaban esperando en Coruña para tomar una cerveza. Claro, ellos tienen el barco en Coruña y se conocen bien estas aguas, y no es la primera vez que las pasan por dentro. Jugaban con ventaja.

Mañana seguiremos hacia el Norte con un pronóstico igual de favorable que hoy. A ver si nos cunde igual y podemos pasar otro de los grandes cabos, el de Ortegal. Además cambiaremos la guía Imray de la costa atlántica por la más conocida de nuestra costa Cantábrica, una tontería pero que nos acerca más a casa.

Hasta mañana navegantes.

lunes, 17 de julio de 2017

En un puré de guisantes.

Ahí hemos pasado el día. Salimos de Fisterra con una niebla espesa como puré de guisantes, y con algunos ratos excepcionales en que se abrió y lució el sol, con el mismo puré llegamos a Muxía 7 horas después, con 24 millas en la estela. En la primera foto lo que veíamos en Fisterra al salir, y en la segunda el Faro de Finisterre detrás de Mario. ¿Veis algo?. Pues nosotros tampoco.

Teníamos la ilusión de sacar una bonitas fotos al contornear Finisterre, y sólo puedo enseñaros la diferencia entre lo que vimos ayer al entrar (tercera foto) y hoy al salir (cuarta foto). Por supuesto tocando la bocina de niebla cada pocos minutos, la cual, por cierto, nos libró de una colisión con un velero de bandera francesa pero tripulación española que nos venía a rumbo de colisión en el puré.

Y así transcurrió el día, con muchísimos cambios de velas para no ganar casi nada, y navegando sin ver una costa que teníamos a muy pocas millas a estribor. Lo peor fue la entrada a la ría de Camarillas, por su mala fama. Está rodeada de escollos que han causado varios naufragios, y no daba mal yuyu entrar precisamente con niebla. En el último momento se abrió un poquito y pudimos coger como referencia el santuario de la Virgen de la Barca, que veis en la quinta foto entre la niebla. Luego os cuento algo de ella.

La marina de Muxía es reciente y aún tiene más de la mitad de sus atraques vacíos. Por el precio no será, de momento ha sido la más barata del viaje, 6,75 euros por noche. Pero el pueblo no tiene nada que ver, la verdad. Ellos están muy orgullosos de su Santuario, erigido donde se supone que llegó la Virgen en una barca de piedra a infundir ánimos al apóstol Santiago. Algunas de las piedras del entorno dicen que son restos del barco de la virgen y que tienen propiedades curativas. 

Está la Piedra de Abalar (oscilar), una laja enorme que se supone era donde llegó la Virgen, de varias toneladas de peso, que según cuentan podía ser movida por una sola persona haciéndola oscilar. Al parecer podía predecir desgracias y detectar a mentirosos y culpables. Es la de la 6ª foto. Hace unos años un temporal le rompió un trozo y la desplazo 45 cm, y eso afectó a su equilibrio, y ya no se la puede hacer oscilar. Se trajo a expertos internacionales para repararla y la Xunta pagó 16.000 euros para intentar recolocarla, pero no lo consiguieron. 

Otra es la Pedra Os Cadris (de los riñones), que te cura el lumbago si la pasas por debajo. El número de veces que hay que pasarla depende de la cara de pardillo que te vean. A mi me dijeron que cuatro, pero a otro visitante que nueve. Está la Piedra de los enamorados, y otras.

Mañana seguiremos hacia el norte con un pronóstico muy favorable de vientos del SW. Ojalá acierten.

domingo, 16 de julio de 2017

En el falso faro del fin del mundo.

Hola navegantes.

Hoy salimos Mario y yo de Muros un poco tarde, a las 11.15, porque nos esperaba una etapa corta. El pronóstico era de viento del NE flojo que nos permitiría navegar a vela, aunque ciñendo. La salida de la ría fue extraordinaria , con un viento del SE por la aleta que nos permitió navegar la primera hora a 5-6 nudos. El mar estaba tan tranquilo que nos permitimos pasar entre los islotes Neixon y la tierra firme en vez de por fuera. Pero una vez salidos de la ría el viento decayó y el resto de la jornada tuvimos que ir apoyados por el motor.

Como al salir de la ría y quedarnos desventados nos aburríamos, nos acercamos a ver de cerca los escollos Los Bruyos, unas rocas asesinas que velan a ras de agua a 4 km de la orilla (y hay otras aún peores a 6 km, el Bajo Meixidos) porque quedan ocultas en pleamar y tienen varios naufragios. Podéis verlas en la primera foto. Justo cuando pasamos junto al escollo la baliza dejó de emitir nuestra posición y nuestras familias se preocuparon pensando que habíamos naufragado. Claro, ellos no sabían que el mar estaba como un plato y sólo veían que nos habíamos acercado muchísimo al escollo y que luego la baliza no daba posiciones nuevas. Perdón.

Luego seguimos hacia el cabo Finisterre bajo un sol achicharrante y con poco viento. Antes de llegar a Fisterra, el pueblo que se encuentra en el interior del cabo y que era nuestro destino, decidimos parar el barco para un baño en altamar, y justo en ese momento, cuando estábamos en el agua, se acercó una manada de unos 15 delfines al barco. Luego entramos en el puerto pesquero de Fisterra y nos hemos quedado en el pantalán rompeolas.

La tarde la hemos dedicado a temas de intendencia, como ir a por gasolina a la estación de carretera porque la del muelle estaba cerrada, y a ver el Faro. Se le considera el más occidental de Europa y por eso se le llama el Faro del fin del mundo. Qué pena que no sea verdad, porque el Cabo Toriñana (9 º 17,977 W), un poco más al norte, está casi 2 millas más al oeste que el de Finisterre (9º 16,396 W). El porqué del engaño no lo entiendo, pero cualquiera puede comprobarlo con las coordenadas de Google Maps.

En este sitio, considerado por los peregrinos el fin de Europa, suelen quemar sus zapatos y botas como despedida del viaje. Ya se ha prohibido la marranada, como veis en la segunda foto, pero algunos dejan el calzado de recuerdo. El Faro es precioso y está en un sitio espectacular. En la última foto podéis ver sus sirenas de niebla.

Mañana seguiremos hacia el Norte, y según el viento entraremos en la ría de Camarillas o seguiremos hasta Laxe.

Hasta mañana navegantes.

sábado, 15 de julio de 2017

El largo viaje de vuelta.

Hola navegantes.

Como os dije, ayer fue un día de despedidas. Por la mañana subí con Ana desde Vilanova a Vilagarcía. Hubo un viento del NE de fuerza 5-6 que hizo que las escasas 6 millas del recorrido se hicieran interminables y llegásemos empapados de agua salada por los rociones. Y como contrate, en Vilagarcía hacia un calor agobiante, por la calle las chicas con pantaloncitos de talla escasa y los chicos con camisetas de deltoides, ajenos a lo que se sufría en el mar.

La tarde la dedicamos a la intendencia, buscar una lavandería, llenar la despensa para el viaje de retorno, y finalmente ir a esperar a Mario, que sustituye a Ana como tripulante.

Hoy por la mañana me despedí de Ana, que se volvió a Santander en un largo viaje por carretera. Mario y yo empezamos la navegación de regreso con una larga etapa hasta Muros, 42 millas en algo más de 10 horas.

La salida de la ría de Arosa fue maravillosa, porque todo el ventarrón que ayer nos vino de proa hoy venía de popa, y hacíamos 5-6 nudos de velocidad solo con el Génova. Como el mar estaba tranquilo nos decidimos a intentar el paso entre los escollos al norte de la isla de Sálvora, el Paso do  Carreiro. Tiene unos 300 metros de ancho y está rodeado de rocas, alguna sumergidas. Sólo se recomienda en caso de buen tiempo, pero está bien balizado. A nosotros nos esperaba una etapa larga y en lugar de contornear la isla de Sálvora por el sur te ahorra una hora u hora y media de viaje. Con un poco de estrés pero todo se desarrolló sin incidentes. En las dos primeras fotos podéis ver las balizas del paso y cómo están rodeadas de piedras. Y en la tercera el trak de nuestro paso por ese canal angosto.

El resto del día fue de esos que te reconcilian con el mar. Sol, viento (aunque la mayoría de cara y siempre ciñendo), temperatura suave y ver caer las millas una tras otra. Sólo llegando a Muros, ya dentro de la ría, el viento se reforzó y nos hizo pasar unos malos 90 minutos porque ya estábamos deseando llegar a puerto, descansar y ducharnos, y justo allí dentro estaba más revuelto que en altamar. Pero finalmente llegamos.

Mañana haremos una etapa corta porque no queremos pasar Finisterre antes del martes, en que un viento muy favorable del SW sustituirá al temporal del NE de estos días, contra el que no podríamos hacer nada con este barquito.

Hasta mañana navegantes.


jueves, 13 de julio de 2017

Exigimos mucho a las minibicis.

Así es. Cuando antes de la navegación fui al taller y le pedí que me pusiera las cubiertas de tacos más gordas que cupieran por la horquilla, al mecánico se le descolgó la mandíbula y me preguntó asombrado que para qué las quería. Pues hoy lo habría comprendido. En las primeras fotos podéis ver las pistas por las que nos hemos metido y luego comprenderéis lo que pasó.

Salimos de la Toja con un viento fanfarrón del NE que se encajonaba entre la isla de la Toja y el continente, levantando borreguitos y alcanzando fuerza 5, y 6 en las rachas. Como nuestro destino era Vilanova y nuestro rumbo precisamente hacia el NE, nos pasamos toda la mañana dando bordos contra ese viento despiadado y además esquivando los numerosos bajos y mejilloneras que encontramos por el camino. Pero llegamos sanos y salvos a Vilanova hacia las 13.30 h.

La tarde la dedicamos a recorrer la isla de Arosa en las bicis. Está unida al continente por un enorme puente, como el de la isla de Re en Francia, solo que más bajo y los veleros no pueden pasar por debajo. Y al otro lado del puente nos sorprendió lo preciosa que es la isla. Aparte de tener una pequeña ciudad y varios puertos, han sabido conservar su lado salvaje en la mitad Sur. Hay una senda costera que se puede recorrer en bici, a través de una sucesión de playitas preciosas, con arena blanca, el agua de color turquesa y los pinares llegando casi hasta la orilla y prácticamente sin urbanizar. Te parece que estás en el Caribe. No dábamos crédito a tanta belleza aquí al lado. Lo malo fue que por esas pistas de motocross las bicis sufren mucho, y como es lógico se nos pinchó una rueda. En toda la isla no hay un taller ni tienda de bicis y tuvimos que volver a Vilanova con las orejas gachas y con las bicis en el maletero de un taxi. Así es la vida.

Mañana será un día tristón porque el sábado a primera hora se marcha Ana. Ha sido una quincena fabulosa. Por la noche viene mi amigo Mario para ayudarme en la primera mitad de la navegación de vuelta a Santander, que terminaré con mi sobrina Alicia.

Hasta mañana navegantes.

miércoles, 12 de julio de 2017

En la isla de la Toja.

Hola navegantes.

El principal motivo para venir a Pedras Negras era conocer su senda costera. Es un paseo de madera construido entre bosques y las rocas de la costa, con vistas permanentes a las islas de Ons y Sálvora. Una preciosidad, con numerosas playas de arena blanca entre escollos y rocas que sobresalen del agua. En su recorrido un curioso monumento que dedujimos que está dedicado a los voluntarios de la limpieza del vertido de petróleo del Prestige, porque los personajes parecen portar una mascarilla y un traje de protección, pero nada estaba aclarado en una placa o similar.

Lo que no nos habían contado es que toda la península, salvo la línea de costa por donde discurre el sendero, es de propiedad militar, está separada por un vallado de espinos, y tiene búnkeres con auténticos cañones apuntando al mar. Suponemos que protege la base naval militar de Marín, en la ría de Pontevedra.

Después de recorrerlo hicimos una navegación de 14 millas para volver a entrar a la ría de Arosa, concretamente a la isla de la Toja. Esta situada en una zona de poco fondo y rodeada de escollos, que nos hizo ir pendientes del plóter hasta el puerto. Es un puerto inaugurado hace pocos meses y que no venía en nuestras guías náuticas ni en Google Maps y tuvimos que encontrarlo dejándonos llevar por la intuición. Se trata de unos pantalanes separados de la costa y a los que se llega por una larga pasarela. Los hicieron así buscando la zona profunda de la lengua de mar que hay entre la isla de la Toja y la Punta Borrelo. En el atraque llama la atención la fuerte corriente lateral, que se debe a la marea, ya que no han construido un espigón de piedra que proteja los pantalanes de los elementos. Hoy estamos bien, pero cuando sople duro debe ser un sitio incomodísimo.

Dedicamos la tarde a recordar los sitios de La Toja y el Grove que ya conocíamos de un viaje anterior. En la capilla de San Calampio, esa que está cubierta de conchas, los desaprensivos se han dedicado a firmar autógrafos en ellas, a pesar de la optimista prohibición del párroco. ¡Qué país!. ¿Hará falta que pase una generación para dejar de ver estas muestras de espíritu pueblerino?.

Por otra parte la isla de la Toja nos recordó muchísimo al proyecto urbanístico de Cortegada, sólo que aquí se consumó: chalets para gente de gorda billetera, un golf, un puente que la una al continente y un puerto deportivo. La historia no siempre se repite.

Mañana seguiremos navegando hacia el interior de la ría y conoceremos la isla de Arosa.

Hasta mañana navegantes.

martes, 11 de julio de 2017

La isla de Ons.

Hola navegantes.

Esta mañana salimos temprano de Pontevedra para aprovechar la marea vaciante. Hasta la ría de Pontevedra fuimos a motor, de la ría salimos aprovechando el viento terral que era del Este, con el espí y el Génova atangonado en orejas de burro. En ese tramo si mirábamos a estribor teníamos la maravilla de la isla de Tambo, y si mirábamos a babor lo que veis en la segunda foto.  ¡Ay señor!. Y entre la salida de la ría y la isla de Ons fuimos un rato a motor y la última mitad a vela.

Llegamos a Ons en plena bajamar y el muro del espigón de desembarco sólo tenía agua en su extremo. Allí no pudimos quedarnos y fuimos a una de las boyas que gestionan los restaurantes locales. Nos habían dicho que te dejan usarlas a cambio de comer en ellos, como si hubiera una relación directa, pero no es así. Vino a recogernos un botero y nos explicó que daba igual de quién es la boya y si comes o no en el restaurante. Lo que les interesa es fomentar que la gente desembarque en la isla, porque eso beneficia a todos. Que para la vuelta le pidiéramos a cualquiera que nos llevara al barco, que lo haría.

Como pensábamos dar la vuelta completa a la isla y no nos daba tiempo a comer sentados, compramos simplemente bocadillos y bebida y empezamos a caminar bajo un sol de justicia. Fuimos al mirador de donde se ve la vecina isla de Onceta, de acceso prohibido. Luego al "Buraco do Infierno", una excavación kárstica que se ha hundido y ha dejado un hueco de cuarenta y tantos metros de hondo, y al faro. Volvimos al puerto, tomamos el café en uno de los restaurantes y su botero nos devolvió al barco sin más explicaciones. Gracias chicos. La excursión fue mucho más relajada sabiendo que el barco estaba seguro en una boya que, como ocurrió en nuestra vuelta a España, amarrado en el muro y temiendo que tocara el fondo en la bajamar.

Ya con muy poco viento nos hemos venido al puerto de Pedras Negras, que es como se llama el de San Vicente del Mar, el último antes de volver a entrar a la ría de Arosa. Acabaremos las vacaciones de Ana aquí en la ría de Arosa porque la huelga de autobuses no parece bien encaminada, amenaza con hacerse indefinida, y hemos decidido hacer el siguiente cambio de tripulación en Vilagarcía, que tiene tren.

Hasta mañana navegantes.

lunes, 10 de julio de 2017

Remontamos el río Lérez hasta Pontevedra.

Hola navegantes.

En mi incultura general desconocía que se podía llegar a Pontevedra en barco, aunque sea en uno de poco calado. Pero al estudiar la cartografía de la ría de Pontevedra vimos que en su esquina nordeste está el río Lérez, que llega hasta la ciudad de Pontevedra. Pasa por debajo de varios puentes, pero los dos primeros, que permiten llegar hasta la ciudad, son navegables sin desarbolar (12 metros de vano). Y no solo eso, en la propia ciudad hay unos pantalanes con sitio para los barcos de paso. Pero el río tiene poco calado, con zonas de 1,1 metros (el Corto Maltés con la orza subida cala 70 cm) por  lo que el instrumento más utilizado hoy iba a ser el escandallo, como veis en la primera foto. Nos decidimos a intentarlo hoy.

Había que subir con la marea creciente, porque así si varamos sólo tenemos que esperar unas horas a que suba la marea para reflotar. La bajamar era hoy a las 11.42 y decidimos iniciar la remontada del río dos horas después. Hubiera sido mejor hacerlo cerca de la plea, pero entonces no nos quedaba tiempo para ver Pontevedra. En la espera dimos otra vuelta por Combarro, encontrando que en bajamar medio pueblo estaba en el agua en una agradable tertulia mientras cogían almejas con los rastrillos.

Para hacer un poco más de tiempo fuimos a ver de cerca la isla Tambo. Es un inmenso eucaliptal con algunos pinos, casetas militares en cualquier playa accesible, y un curioso faro en una península, al que se accede por una escalera de caracol situada en el exterior, en vez de en el interior. Un lugar precioso que ojalá pronto podamos disfrutar.

A las 13.55 entramos en el río, que está bien balizado. Nos dejamos arrastrar a poca velocidad por la marea, con el mínimo de motor para tener maniobrabilidad con el timón. A su entrada, y llevando ya dos horas subiendo la marea, solo tenía medio metro de agua bajo la quilla, más dentro el río era más profundo. Hasta su primer meandro la vista hacia popa era deliciosa, pues está centrado por la isla Tambo. Luego se entra en un paisaje urbano no muy bonito, con barrios y coches alrededor.

Las aproximaciones a los dos puentes fueron un poco estresantes. Siempre pasa, aunque hagas un acto de fe para creerte el vano que dice la guía náutica, conforme te acercas la perspectiva engaña y siempre te parece que no vas a caber. Por suerte pasamos sin problemas y a eso de las 14.30 amarramos en el Club Naval de Pontevedra.

Nos recibió primero Moncho, el marinero, y como por aquí no deben venir muchos veleros de paso, luego el presidente del club, que nos explicó sus problemas con la colmatación de lodos de la ría, que está dejando inutilizables algunos amarres en bajamar. Aquí en Galicia estamos sorprendidos por la amabilidad de todo el personal de las marinas, gracias chicos.

Dedicamos la tarde a conocer Pontevedra, una bonita y entrañable ciudad con un centro histórico muy completo y una enorme zona verde en el entorno de un afluente al río Lérez.

En el apartado de chascarrillos, os enseño un barco de nombre Serenguetti, con la decoración acorde, y lo que pasa por querer reutilizar la cartelería de las señales de tráfico.

Mañana intentaremos explorar la isla de Ons. Hasta mañana navegantes.