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viernes, 2 de noviembre de 2018

Dibufirma de Le Palais.

Hola navegantes.

Después de Rochefort iniciamos la ascensión de la costa francesa de isla en isla, y tras varias escalas llegamos a Belle-Île (significa "Isla Bella") y concretamente a su capital, Le Palais. Para mí era una emoción especial porque de aquí en adelante ya no conocía la costa, mientras que hasta ese punto lo había recorrido en mi anterior navegación a Bretaña en 2015. O sea que llegaba con todos los sentidos abiertos a las novedades.

Todo el viaje hasta la isla fue bajo una cortina de agua, y en lugar de encontrar, como esperábamos, un paisaje bello como una primavera japonesa llegamos a una costa que cuando conseguíamos verla entre la lluvia era de un solo color, el marengo, bajo un cielo gris como un elefante recién lavado. Eso sí, el recorrido estuvo lleno de emociones fuertes. Pasamos entre otras dos islas preciosas, Houat y Hoedic, que me hubiera encantado conocer. Pero no tienen puerto, hay que desembarcar en playas o zonas de varada, y están rodeadas de escollos, o sea que no era precisamente el mejor día para arriesgarse. El paso entre ellas fue como una gincana, buscando las marcas cardinales, las balizas y los escollos en la oscuridad de los chubascos. Tuvieron que quedar para otro viaje.

El puerto de Le Palais está presidido por La Ciudadela, un impresionante fortín del siglo XVIII. Es un puerto de ferries que unen la isla al Continente, y sus maniobras añaden una dificultad más al ya de por sí difícil tráfico en ese puerto complicado. Y más aquel día, que coincimos con una regata de veleros solidarios, como os conté en el blog, y tuvieron que acomodarnos a más de 50 barcos a la vez. Por nuestro pequeño tamaño tuvimos la suerte de que nos colocaran solos en la dársena más interior, el "Bassin de la Saline”, separados de la vorágine por un puente levadizo. Es una especie de pequeño fiordo con una zona arbolada a estribor y una calle poco transitada a babor, donde nos dieron un atraque con finger y torre de luz y de agua en nuestra misma proa. Más adelante un marinero me reconoció que nunca se habían visto tan apurados para acomodar a todos los barcos de un solo día. 


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