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miércoles, 15 de julio de 2015

Le Bono, el pueblo de Moitessier.

Hola navegantes.

Ayer por la mañana amaneció nublado y con llovizna y estuvimos conociendo Auray. En bajamar el río y el pueblo no son tan bonitos. Fijaos en las dos primeras fotos con qué fuerza baja el río y lo guarro que ha quedado el escenario donde estábamos fondeados. Las orillas son de vasa negra y pringosa, y ya pagamos la novatada de pisarla y dejar el barco negro. La  foto panorámica es la vista de Auray desde el cerro, a mitad de la marea.

Para los desembarcos nos ha venido muy bien el anexo duro que nos prestaron en capitanía. Aunque en la foto se vea tan pequeñín, al lado de nuestra balsa de juguete es como un trasatlántico.

Con la pleamar de la tarde arrimamos el barco al muelle de piedra para recoger las bicis y cargar el agua, cosas que en mitad del río no podíamos hacer. Las bicis las dejábamos amarradas a las estructura de acero inoxidable que tienen hecha para los anexos. Como todos tienen que ir al barco, en mitad del río, en su anexo, hay una flota enorme y para que abulten menos los tienen almacenados en vertical al lado de la rampa.

Por la tarde ya lucía el sol y hacia un calor abrasador. Hicimos la pequeña distancia que hay hasta Le Bono a motor y aprovechando la corriente de marea vaciante. Es un puerto pequeño que se seca en bajamar, y para los visitantes tiene unas boyas de proa-popa en mitad del río como Auray. El pueblo es pequeño y sin muchas distracciones. Vinimos a verlo sobre todo por ser la cuna de Bernard Moitessier, uno de los gurús franceses de la vela. 

Yo creo que hoy en día Moitessier no se habría hecho tan famoso, se le habría considerado un poco loco e irresponsable. Cuando iba a ganar la primera vuelta al mundo en solitario y ya tenía que remontar el Atlántico para volver a Europa, decidió que quería un modo de vida más tranquilo y dio media vuelta más al mundo para ir a la Polinesia. Pero con esa decisión no compartida rompió en la práctica con su familia. El premio en metálico que le correspondió por haber sido el primero en "cerrar" uns circunferencia alrededor de la Tierra (es decir, cortar la línea de su rumbo de ida, aunque no volviese a Europa) se lo donó al Papa, de lo que luego se arrepintió toda su vida (acabó su vida en la pobreza). El caso es que en su pueblo natal no tiene ni un monumento ni una calle dedicada. Sólo su tumba en el cementerio es un lugar de peregrinaje de sus fans, que le han ido dejando regalos modestos pero llenos de significado sentimental y relacionados con el mundo marítimo. Todas las restantes fotos son de los objetos que le han dejado. Sirvan de homenaje a un gran marino que vivió modestamente y que tras su muerte sigue haciendo gala de modestia, con esa humilde tumba en el suelo entre tanto panteón de mármol. Como veréis en la última foto, yo también he dejado un recuerdo de todos nosotros, navegantes de Santander, en homenaje a ese gran marino que ha despertado tantas vocaciones de navegación y de aventura en sus muchos libros. Pese a todo, descanse en paz

Hoy hemos venido al río Vilaine, pero os lo contaré mañana.

Hasta mañana navegantes.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bonita ofrenda para la memoria de un marino tan singular.
Y cuanto aprendemos con cada singladura del Corto Maltés!!
¡¡Bons vents!!
(MGG,jdsdSP)

Anónimo dijo...

http://m.youtube.com/watch?v=T0mqpWwvzW4.
Un pequeño recuerdo en homenaje a este navegante cuya estela dio la vuelta al mundo.

Anónimo dijo...

Presiosa entrada en el blog. Menudo sitio!

Lucas

Daniel Tribaldos dijo...

Debe ser muy emocionante acudir a la tumba de ese gran navegante, gracias por la cronica y las fotos.