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domingo, 26 de julio de 2015

En Pornichet, y el barco sin bendecir.

Pues otro día de lluvia, niebla que no se veía ni la salida del puerto, y viento racheado, que nos vuelve a tener encerrados en del barco esperando una mejoría. Por supuesto la misa en el muelle y la procesión para bendecir los barcos se suspendió. Yo era muy escéptico, pero me quedo sin saber si ir en un barco bendecido te mejora algo la meteorología en la navegaciones. Al único sitio que pudimos ir por la mañana fue al mercado cubierto, donde aprendimos algo nuevo. Aquí hay unas gallinas que ponen los huevos con la cáscara arrugada. El que no se lo crea que mire la primera foto.

Poco después de comer se abrió un paréntesis, dejo de llover y el viento se calmó un poco. Como coincidió con un momento de marea suficiente para salir, nos vinimos a Pornichet. La distancia es mínima, pero lo hemos hecho para acercarnos un poco a la entrada del Loire, y sobre todo para tener más fácil el cálculo de la marea. Para llegar a Nantes hay que entrar al río justo en bajamar, y navegar a favor de la corriente de marea las 6 horas que dura. Pero como de Pouliguen no puedes salir cuando quieres sino que también estás condicionado por la marea, es más fácil desde Pornichet que tiene acceso con cualquier altura de marea.

La travesía fue con un viento racheado de fuerza 5 y olas de 1,5 a 2 metros, pero como todo venía por la popa se llevó bien. La entrada a Pornichet fue de infarto. La boca del puerto se abre, curiosamente, al Norte. Como veníamos del SW teníamos que girar casi 180 grados a estribor en la misma punta del espigón, y eso con vientos de popa con los que es difícil frenar. Desde lejos veíamos la marca verde en la entrada del espigón de estribor, y buscábamos una del mismo tamaño que marcara el espigón de babor. Pues no la hay. Cuando ya estás casi dentro compruebas que lo que hay son dos pilastras en el agua, separadas por unos 10 metros, una roja y una verde, entre las que tienes que acertar a pasar. Por su fuera poco, en ese momento salía otro velero y la estrechez se redujo a la mitad. Por suerte todo acabó bien y en la marina nos han dado un sitio de lo más resguardado, desde donde hacemos hoy el blog.

Por la tarde hemos ido a conocer Pornichet. Lo más curioso, su antiguo puerto de varada, que aún se utiliza. Está sobrecargado de barcos, como veis en la foto, que en bajamar quedan todos en seco al lado de la playa. Y lo segundo su hipódromo, por lo visto muy conocido, que además incluye un polo de desarrollo turístico y empresarial del que están muy orgullosos.

Y para terminar fijaos si hará frío por aquí que los caballitos de los niños están dentro de una vitrina, para aprovechar el efecto invernadero.

Hasta mañana navegantes.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y estaban buenos los huevos esos? Lucas

corto_maltes dijo...

Pues luego te notabas el estómago arrugado, pero nada más.