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viernes, 13 de junio de 2014

El Cap Ferret y el Banc d’Arguin.

El puerto de La Vigne finalmente no nos cobró la estancia en sus aguas, todo un detalle con nosotros. Y no sólo no nos cobró, sino que no nos pidió ni los papeles del barco  del seguro, algo inaudito en las marinas. Se construyó en 1966 aprovechando una laguna, no conectada con el mar, que existía allí de forma natural desde tiempo inmemorial. Era de agua dulce, y al unirla al mar para hacer el puerto desplazaron de su hábitat a las ranas que allí había, y ahora se han instalado por los alrededores y te amenizan la noche con su croar. El puerto es tan pequeño que la forma de amarrar los barcos es solidarizarlos al pantalán, pues no tiene fingers ni amarras al fondo por el extremo opuesto al pantalán. En las maniobras el espacio es tan reducido que todos tienen los motores protegidos contra los golpes:




Fijaos qué motores utilizan por aquí para poder hacer frente a las potentes corrientes de marea de las bocas de Arcachon:


El premio a la desproporción se lo hemos dado a esta motora, cuyo fueraborda ocupa la tercera parte de la eslora:


Desde La Vigne hicimos una excursión en bici al Faro de Cap Ferret. Es el que marca la entrada a las bocas de Arcachon, y uno de los pocos del mundo cuya luz es roja, suponemos que para marcar aún más la peligrosidad del lugar. Se llega a él por una pista ciclable entre pinares, toda en sombra, lo que se agradece mucho. El faro tiene una imagen característica, con la torre blanca y el tope de color rojo, como su luz. A la vuelta nos asomamos a través de las dunas a las playas del Oeste de la península de Cap Ferret, y al ver el mar desde allí comprendimos por qué los de la bahía a lo que hay fuera lo llaman “el Océano”:


Pasamos en La Vigne una noche tranquilísima y dormimos 10 horas seguidas, descansando de la noche loca de la Isla de los Pájaros y de la excursión en bici de la tarde.

 Al día siguiente fuimos al Banc D’Arguin, un de los lugares típicos de Arcachon. Es un conjunto de bancos de arena emergidos, al pié de la Duna de Pilatos y por tanto fuera de la bahía, que cambian constantemente de forma por los movimientos de arena con los temporales del invierno. Son reserva natural, se controla su acceso, y sólo puede irse cuando el mar está tranquilo, pues se forman rompientes como en las bocas de la entrada. Hoy se daban esas condiciones decidimos ir a conocerlos. Están separados de la Duna de Pilatos por un canal que antes se conocía como “paso del Sur” para entrar a la bahía de Arcachón, pero que ya se ha colmatado de arena y no se utiliza como tal. En la foto se ve la Duna de Pilatos, el canal, y los bunkers de la guerra mundial que se construyeron arriba de la duna, y la erosión de la misma les ha hecho descender poco a poco hasta llegar a su posición actual en la orilla:


 La travesía de ida la hicimos en plena bajamar, y era emocionante ir esquivando los bancos de arena identificándolos por el color del agua, y comprobando cómo habían cambiado en tan solo dos años con respecto a la cartografía que llevamos a bordo. Lo mas espectacular es que antes había una laguna semicerrada que comunicaba con el mar por un estrecho canal, y ahora resulta que hay dos. Han emergido zonas de arenales que antes estaban sumergidos y han cerrado un brazo de mar que antes estaba abierto, convirtiéndolo en una segunda laguna. Desembarcamos en la primera de ellas y recorrimos a pié una parte de su orilla, hasta la zona de la reserva natural que ya no se puede acceder. Como la marea estaba subiendo el desembarco en muy fácil: clavamos la proa en la orilla y llevamos el ancla hacia arriba por la playa, de manera que a la vuelta recuperamos el barco, que ya ha quedado alejado al subir la marea, con la cadena. La primera vez que hicimos esto al comprar el barco no nos dimos cuenta de lo alto que es su francobordo en la proa, y casi no conseguimos subir (la escalera está en la popa, pero no se debe acercar la popa a la orilla pues cualquier ola puede hacer chocar el timón con el suelo y romperlo). Ya lo aprendimos y ahora dejamos colgada una escalera de escalada para la vuelta:


Volvimos tranquilamente a Arcachon, donde también hay estos catamaranes-botellón:

Son catamaranes enormes pero sin cabina, sólo una barra de bar y asientos como en los cines, en fila, para llevar al público.

Hoy y mañana desde Arcachon pensamos ir a dos puertitos del interior de la bahía, Le Teich y Biganos, para aprovechar las grandes pleamares e intentar llegar a ellos. Normalmente no reciben visitantes y no tienen plazas para transeúntes, pero al menos en Le Teich ya nos han facilitado una. El presidente de la Asociación de Propietarios ha sacado su barco para sus vacaciones, y nos dejan ocuparle a nosotros. El de la oficina lleva trabajando allí desde 2001 y me ha dicho que somos el primer barco de tránsito que solicita amarre allí desde que él tiene memoria. Hay que remontar un río sólo accesible en pleamar, como el Río Cubas, que transcurre por una reserva ornitológica.  Va a ser emocionante.

A los grumetillos quiero decirles que nos acordamos de ellos todos los días porque dormimos con la mantita que nos regalaron en 2011:


Y finalmente comentar que en los viajes en barco tiene gracia volver, por necesidad, a las costumbres antiguas. Por ejemplo para ir a la compra:






2 comentarios:

Charo dijo...

¡Fui fuiuuu! ¡Como alegran las mujeres las travesías! Un besazo, Ana.

Anónimo dijo...

Muy gracioso lo de los búnkers!! Un beso. Lucas