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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Dibufirma de Douarnenez.

Hola navegantes.

Después de las Islas Glénan nos tocó sobrepasar la Punta Penmarch, que marca el comienzo de la Bretaña Norte y un cambio cualitativo en nuestro viaje. En efecto, de ahí hacia el Norte las costas bajas, más o menos protegidas y con abundantes rías y estuarios de Bretaña Sur, dejan paso a las rocas, los escollos mal balizados, los puertos en sitios inaccesibles, y sobre todo la fuerza de los elementos (viento y olas) del Oeste. Tanto es así que los pescadores de la zona que tiran hacia el Sur suelen decir que al ver el faro de la punta Penmarc’h ven la puerta de su jardín. Nos tocó pasarla con chubascos y un viento del Oeste de fuerza 5-6 y surcando unos mares con fuerte marejada, que pondrían en apuros hasta al Descubridor.

En la cara Sur de la punta Penmarc’h hay tres puertos, Lesconil , Le Guilvinec y Saint-Guénole, los tres rodeados de escollos peligrosos y de marcas cardinales que hay que seguir a rajatabla. Fijaos cómo los contemplan los marinos locales que unos escollos entre Guilvinec y Lesconil se llaman en bretón “Ar Guisty”, o sea, “Las Putas”, y la cartografía está llena de pecios. Con aquel tiempo borrascoso ni se nos ocurrió la posibilidad de entrar en ninguno de los tres puertos a pesar de la mojadura que llevábamos, y no nos quedó más remedio que avanzar hasta pasar la maldita punta. Pero la pasamos y arribamos a Audierne, en el interior de un río, desde donde planificamos el paso del Raz du Seine (que hicimos también con niebla y un tiempo invernal) y entramos finalmente en el golfo de Douarnenez. Ya estábamos a un tiro de piedra de Brest, donde me reuniría con Ana unos días después.



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