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jueves, 16 de junio de 2016

En la boca del Arno.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Cecina con intención de llegar a Livorno. El pronóstico era de vientos del Sur todo el día, que nos vendrían muy bien pues nuestra ruta era hacia el Norte. Ya os imagináis que no acertaron. Por la mañana calma chicha y alternancia de chubascos con un sol abrasador, todo el rato a motor. A mediodía, cuando ya estábamos a la altura de Livorno, con un sol de justicia, empezó a levantarse una brisa del Oeste que nos dio pena desperdiciar y decidimos alargar la etapa hasta la boca del Arno. Pero antes dimos un bordo hasta la Torre Meloria.

La Torre Meloria es una torre construida en el siglo XVIII en mitad del mar, a 7 kilómetros de la costa, frente a Livorno,  para marcar un bajo rocoso. Es una torre de piedra de 4 arcos, y posteriormente se ha construido una marca cardinal Sur señalando el bajo, pero la torre original se ha mantenido. Es impresionante estar a 7 kilómetros la costa con un metro y medio de agua bajo la quilla, viendo las rocas al alcance de la mano. Y más impresionante pensar que la torre ha aguantado allí los temporales durante 2 siglos.

Después de dedicar una buena hora a disfrutar de ese sitio característico arrumbamos a la desembocadura del río Arno, el mismo que vimos ayer en Florencia pasando bajo el puente de piedra. Aquí le llaman la boca del Arno. Desde la torre Meloria al Arno fuimos con la mayor y el espí maravillosamente, un día de auténtico verano y hacía tanto calor que íbamos los dos en la proa para que nos diera más el viento y buscando la sombra de las velas, y el timón automático haciendo todo el trabajo.

Como todos los ríos, su desembocadura tiene intríngulis. La arena que arrastra el río se deposita de forma anárquica en la desembocadura, y el fondo varía de un año a otro. Ahora tiene 2 metros de calado y nos habían advertido que el canal más profundo no está en el centro del paso sino pegado al espigón del Norte. Nos apetecía conocer el río pero no quedarnos dentro, porque el principal problema es que si se enfrenta la fuerza del viento, en este caso del Oeste, a la fuerza del agua que baja por el río, se forman olas rompientes muy peligrosas que te pueden impedir salir al mar y obligarte a esperar dentro un cambio del viento. Y como en esta costa el viento predominante es del oeste, las probabilidades de que nos ocurriera eran muchas.

Así pues hicimos pequeña incursión por el río para ver el panorama. Y lo que vimos nos encantó. En el mismo espigón, y a lo largo de ambas orillas, unas casetas sobre palafitos para pescar con unas redes enormes que levantan con grúas. Y en la orilla sur, varios pequeños embarcaderos y clubes Náuticos modestos.

Después de disfrutar del rincón y encantados de haber podido entrar gracias a nuestro pequeño calado, retrocedimos para quedarnos en la marina "Porto di Pisa-Bocadarno " en la misma desembocadura. Es moderna, se construyó hace 3 años, y está más cerca de Pisa que Livorno, lo que nos facilita el cambio de tripulación.

Y para terminar, vamos a retomar la sección de barcos con nombres curiosos, que iniciamos en la vuelta a España. Otro día os contaré algo sobre los nombres de los barcos. El de hoy se llama "Mirar y no tocar" y además, curiosamente en castellano.

Hasta mañana navegantes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Alvaro, aún miras la meteo!!! ;) En el Mediterráneo dicen que sólo hay tres vientos: mucho, poco o de proa! Eso unido a la POCDM (p*ta ola corta del Mediterráneo) hacen de la planificación un ejercicio de lotería. A veces pienso que la falta de carácter planificador y ordenado de los pueblos del Mediterráneo proviene en parte de este carácter espontáneo de este mar

Nos vemos pronto

Fernando
Tonic 23 "Bambou"