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martes, 22 de julio de 2014

Nos abandonó Murphy.

O eso parece. ¡Menuda tarde la última con los grumetillos!. Cuando quedamos daba susto salir, todo nublado, con viento del W  (que en Santander siempre trae lluvia) y pronóstico de tormentas con aparato eléctrico. Pero ya hace tiempo llegamos a la conclusión de que en Santander, si esperas un pronóstico favorable, nunca harías nada. Por muy mal que lo pongan nunca anulamos la cita con los grumetillos. En el peor de los casos nos quedamos en el muelle enseñándoles nudos marineros o de pesca, o las tablas de mareas, o pescando, etc. Es raro que el mal tiempo dure toda la tarde y casi siempre acaba despejando y dejándonos unas horas para navegar.

Por si el mal tiempo fuera poco, uno de los 7 barcos que salíamos el sábado tuvo una avería de motor y tuvo que volver a puerto enseguida. Como además de los veleros iba a salir con el grupo una motora para el arrastre del churro, ésta recogió a los pequeños tripulantes y a la médico para unirse al grupo, aunque navegando a motor. O sea que nadie se lo perdió.

Ibamos a hacer arrastre con el "churro", ese inflable en el que se pueden montar 3 ó 4 niños a caballito. Empezamos  bajo algún chubasco, pero ni eso les hizo desistir ya que llevaban toda la semana soñando con este día. Era la primera vez que usábamos ese artilugio, pues siempre lo habíamos hecho con tablas de surf.

Antes de 2 horas el cielo se abrió, salió un  sol espléndido, el viento amainó, y hasta el agua estaba caliente. Al final pudimos dedicar casi cuatro horas a arrastrarles por las partes más calmadas de la bahía, y en los ratos de espera no pararon de bañarse, incluso en los ratos que los adultos de a bordo nos habíamos puesto el traje de aguas. ¡Hay que ver!. Y como esto es un grupo para aprender a navegar, también les enseñamos a utilizar las tablas de mareas.

La próxima salida sera una navegación nocturna para ver los fuegos artificiales y algunos se quedarán a dormir a bordo. Ya os lo contaré.



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