Hola navegantes.
Bueno, pues ya hemos cumplido con el ritual de todos los años antes de la navegación del verano, que es hacer el carenado del Corto, o sea, darle la patente. Hay quien se la da cada dos años, pero a nosotros nos gusta hacerlo cada año porque salir para una navegación de 2.000 millas con el casco sucio es como ir al Cabo Norte en coche y proponerse no pasar de la tercera velocidad.
Este año ha salido bastante limpio, sólo con una capa de verdín que se fue con la karcher, y este es su aspecto para afrontar las largas etapas hasta el Mediterráneo (casi hasta la frontera con Italia) y vuelta:
Me encanta que me entren estas imágenes por la niña del ojo y poder decir, como en los colegios, que el Corto progresa adecuadamente. Como anécdota, en el varadero ya no tienen escaleras disponibles para subir y bajar mientras el barco está en la cuna, y cada uno tiene que llevar la suya. Pero claro, nosotros vamos en la bici y no podemos llevar una escalera en la bici, lo que nos obliga a desarrollar el ingenio:
El puerto de Marina del Cantábrico, donde carenamos, está junto al aeropuerto, y entre la contaminación de los aviones y la porquería que hay por el suelo y que metemos a bordo con los zapatos, el barco acaba como el almacén de un carbonero. Después de cada varada nos toca un par de horas de limpieza general, que hicimos ayer por la tarde.
Con este trámite está todo listo en el barco para empezar la navegación el 2 de junio hacia Burdeos, donde cogeremos el Canal de Midi para llegar al Mediterráneo. Sólo nos queda organizar algunas gestiones administrativas, como estudiar los avisos a los navegantes del campo de tiro de Las Landas y del Canal de Midi, conseguir la póliza del seguro redactada en inglés, revisar el extintor, y llamar a los sitios donde tumbaremos y levantaremos el mástil.
Con cuidado, navegantes.