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domingo, 16 de diciembre de 2018

Dibufirma de Allériot.

Hola navegantes.

Para nuestra desgracia el fueraborda nuevo nos siguió dando problemas. El vendedor no se lució, nos lo dió con poco aceite, con una boquilla de conexión de la gasolina de segunda mano y deteriorada, con la inclinación bloqueada y rozando el borde del pozo, y el primer día se nos cayó la palomilla que bloquea el giro del fueraborda para que no gire loco. Parece mentira pero es verdad. Y cuando le llamaba para contárselo me decía que ya estaba muy lejos, que no tenía empleados y que el día siguiente empezaba sus vacaciones. O sea, un servicio técnico ejemplar. Es lo peor de las navegaciones de travesía: cuando te das cuenta de que algo te lo han hecho mal ya estás muy lejos para reclamar, ¡y no vas a volver por eso!.

Fuimos resolviendo nosotros lo que podíamos para no detenernos, y pasamos el enorme túnel de Balesmes trasvasando gasolina del depósito exterior al interior con un tubito y casi a oscuras (entradas del blog de 22 y 24 de agosto, con un vídeo del impresionante túnel que merece la pena volver a ver). Con algunas chapuzas conseguimos tener operativo el fueraborda "nuevo" y dirigirnos hacia Lyon. Las etapas cundían mucho porque había poquísimas esclusas y algún día pudimos hacernos hasta 53 millas. Ya teníamos prisa por llegar después de tantos atrasos, y navegábamos hasta el anochecer, quedándonos en cualquier sitio a la orilla del río. No era fácil porque había pocos embarcaderos, y los pocos que había eran privados. En  Alleriot nos quedamos en el de una casa abandonada que estaba ruinoso, con el encofrado del hormigón a la vista, pero para dormir unas horas nos servía.






Nuestra obsesión entonces era llegar cuanto antes a Lyon y desde allí en dos o tres días a Avignon. A Ana se le acababan las vacaciones y mi última tripulante no podía acompañarme hasta Llançá, en Girona. Para cumplir con lo previsto, que era terminar el viaje en Cataluña, tendría que seguir hasta Le Grau du Roi, en la costa mediterránea de Francia, poner el palo, luego hacer 2-3 días de mar hasta Llançá, y allí tener que volver a desarbolar para el camión. Y todo eso hacerlo solo. La navegación, como la vida, suele ser una sucesión de errores acertados hasta que llegas al error a secas, sin adjetivo, y yo no quería que fuese ese verano navegando solo y cansado por el Golfo de León. 

¡Con cuidado!.

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