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martes, 7 de agosto de 2018

Hoy olimos la halitosis de Murphy.

Así es. Nos levantamos a las 6.30 h para llegar a la primera esclusa a las 9, que es cuando empiezan los escluseros. Pues el puñetero motor no arrancaba. Ya habíamos mirado todas las posibilidades de reparación, que son mínimas aquí en mitad de la Francia profunda, alejados de los núcleos urbanos y encima con un motor italiano. Mientras esperaba que abrieran los servicios técnicos para llamarles por teléfono, apliqué mis escasos conocimientos de mecánica y tuvimos la suerte de que sólo era que se había obstruido el chiclé. Pero durante algo más de una hora estuvimos con el alma en vilo imaginándonos una situación como en Port Saint Louis du Rhone al volver de la isla de Elba (10 días retenidos por una avería).

Más adelante fue el puñetero río Somme. Me habían avisado que es navegable, pero se les olvidó decir que con una segadora por delante. Tiene una colmatación de algas que parece el Mar de los Sargazos, y nos hemos pasado 5 horas de las nueve que hemos navegado hoy luchando por conseguir avanzar liberándonos de ellos.


En varias ocasiones se nos ha parado el motor por el peso que llevaba la hélice a rastras, y en una ocasión tuvimos que sacarlo para limpiarlo. Y todo el camino arrancando algas del timón y del fueraborda, y dando marcha atrás para que se soltaran las de la quilla. Con el motor a tope avanzábamos a 1 nudo, y a veces a cero nudos. Y todo eso en plena ola de calor con 35 ºC a la sombra. El peor día de esta navegación, entre el esfuerzo físico, el calor y el temor por el motor.

Y lo peor es que hemos hablado varias veces con los servicios técnicos del canal y nunca nos habían advertido de esta "característica". Tomad nota, el río Somme no es navegable para veleros.

Por si fuera poco, ¿a media mañana sabéis con quién nos cruzamos?. Exacto, con el velero sueco que había vuelto grupas y volvía al mar por donde había venido, porque finalmente no consiguió pasar.


Viaja con su mujer  y con su madre. Supongo que la mujer se divorcia y la madre le deshereda, porque ahora tiene que volver a S. Valery, volver a arbolar, navegar hasta Calais, volver a desarbolar, meterse de nuevo por los canales, y a lo mejor dentro de 3 ó 4 semanas está donde ha estado a punto de llegar por el Somme. Hizo una apuesta muy arriesgada. Cala 1.50, el río Somme 1.40, y ya le advirtieron los de una motora que nos cruzamos en una esclusa que ellos, con 1.20, tocan el fondo por esta zona del río. Luego he hablado con un australiano que me precedía, y su barco, con un calado de 1.15, ha "arado" el fondo varias veces.

Y por segunda vez por si fuera poco, después de todo el día sudando al atardecer se desencadenó la lluvia y una tormenta en la lejanía con aparato eléctrico, que hacía parecer el río un dominio del Conde Drácula.

La parte buena, que las últimas esclusas las gestiona una chica jovencita y minipantalonera, que ha sido un encanto. Viéndonos agobiados porque no llegábamos a Peronne, que es donde queríamos haber llegado ayer, dijo que se quedaba hasta que pasáramos la última del Somme. Y nos ha acompañado por carretera esperándonos en las curvas para darnos ánimos en aquel bardal, teniéndonos los puentes y las esclusas abiertas cuando llegábamos. Estudia medicina y quiere especializarse en pediatría, y se llama Lize. Gracias, Lize.

Hasta mañana navegantes.

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