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viernes, 8 de junio de 2018

Para los problemillas... solucioncillas.

 Hola navegantes.

Yo en el barco no llevo manguera por lo que abulta, y relleno los depósitos con un bidón auxiliar. Pero algunas marinas tienen los grifos tan a ras del suelo que no cabe el depósito debajo y no puedo llenarlo. Por eso llevo un metro de tubo con un adaptador para el grifo:


Hoy fuimos a ver los barcos de la Golden Globe, una réplica vintage de la primera regata de la vuelta al mundo en solitario, con barcos y medios de aquella época. Es la regata en la que a Moitessier le dio la venada y decidió no volver a Europa cuando la iba ganando.  Pero todavía no había llegado ninguno de los barcos participantes y nos quedamos con las ganas.

Por el camino sentimos tristeza al ver abandonado otro barco mítico, el de 6 metros con el que el italiano Alessandro Benedetto dio la vuelta al mundo por los 3 cabos, en solitario y sin asistencia. Ahora está criando caracoles y sujeto por palés en un patio trasero.



Cuando ya estábamos preparando la salida después de comer, vimos que la hélice había trabado un manojo de algas y tuvimos que sacar el motor para quitarlas.



Luego hemos tenido una travesía de poco viento y mucho calor hasta Saint Gilles Croix de Vie, en la costa frente a la isla de Yeu. El pueblo está en un río precioso. Nos ayudó en la maniobra un chico que reconoció al barco porque es de Santander. Nada menos que Javier Cifrián, el navegante cántabro que está preparándose para la minitransat. Es la regata más dura que se conoce, cruzar el Atlántico en barcos de 6 metros, y en regata. La participación exige haber demostrado ser capaz de navegar en solitario, y tienen que hacer mil millas sin asistencia para demostrarlo. Javier se ha subido más al norte de las islas Scilly, y cuando estaba de vuelta y sólo le faltaban 60 millas le venció el sueño y naufragó ayer. Varó en la playa aquí al lado, y por suerte no le ha pasado nada ni a él ni al barco, porque en arena el barco sólo sufre si hay olas, y las de ayer eran muy pequeñas.


Lo malo es que ahora tiene que repetir las mil millas de preparación porque tienen que ser sin asistencia, y ayer para sacar el barco de la playa tuvieron que remolcarle. Le hemos invitado a cenar a bordo y ha sido una noche muy agradable compartiendo historias tan lejos de casa.

Nos enseñó su barco, el "Urro" (en honor a una esquina preciosa de la bahía de Santander, el cabo donde nace el pantalán de Calatrava) y nos quedamos asombrados de lo espartano que es un minitransat. Allí no dormiría ni Simón el Estilita.


Mañana lleva el barco a su puerto base en la Rochelle para las reparaciones y prepararse para la repetición de las mil millas. ¡Que paciencia!. Y nosotros saltaremos a la isla de Yeu.

Hasta mañana navegantes.


2 comentarios:

tyler dijo...

Grandes aventuras! Gracias por compartir!!! Buena proa.

Oscar dijo...

¡Disfrutad del viaje! Cuando vuelvas ya te pondré al día de los avances con el Diosa Maat.