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miércoles, 6 de junio de 2018

Es lo que tiene salir tarde.

Hola navegantes.

Entre que ayer Mario llegó tarde y que esta mañana no paraba de llover, salimos de la Rochelle casi a las 12 h. Nos esperaban 36 millas hasta Les Sables d'Olonne, que nos hemos hecho en 10 horas, casi todas a vela. Hemos alternado chubascos con ratos de sol y hecho toda la ruta en un único bordo amurados a babor, gracias al viento del oeste. En la foto, el paso por el puente que une la isla de Re al Continente.



Hemos llegado a les Sables a las 22 h, prácticamente de noche porque aunque el sol no se había puesto estaba nublado y lloviendo. Ya no contestaban por la radio y fuimos directos al pantalán de visitantes, donde una navegante solitaria desaprensiva había amarrado su barco justo en medio del pantalán, y no sólo no lo corrió al vernos llegar, sino que se fue para dentro y no nos ayudó a amarrar en el huequecito que nos dejaba.

Por el contrario en el otro extremo estaba una motora gigantesca, un megayate de 3 pisos del que salió una pareja madura a ayudarnos. Debían echar de menos a sus hijos, porque la mujer nos dijo que si teníamos hambre y que nos ofrecía una hamburguesa caliente. Nos dio vergüenza y dijimos que no. Luego nos contaron que vienen en ese barcarrón desde California. Si, lo habéis oído bien, desde California. Del Pacífico al Atlántico por el paso del noroeste, o sea, por el Polo Norte al norte de Canadá, Groenlandia, Islandia y Europa. Ahora están yendo al Mediterráneo y quieren llegar a Israel. ¡Y todo a motor!. Alucinante. Y menudo consumo de combustible. En la siguiente foto la desaprensiva, nosotros y el barcarrón.




Mañana tenemos que descansar, ducharnos, hacer la compra, ver los preparativos de la Golden Globe, y lógicamente nos plantearemos una etapa corta.

Hasta mañana, navegantes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Hola!
Soy un aficionado novato que acaba de empezar a navegar a vela. Sigo con mucho interés vuestras aventuras. Os deseo buen viaje y os agradezco los buenos ratos que paso leyéndoos.

En cuanto a los ocupantes del pantalán de cortesía, es una situación que rompe algún que otro prejuicio. Si hubiéramos hecho apuestas seguramente la mayoría hubiéramos estado razonablemente convencidos de que el reparto de roles sería el contrario.

Saludos desde Santurtzi.

Oskar