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domingo, 1 de abril de 2018

Los marinos, como los toreros.

Hola navegantes.

Una marino del velero Sun Hung Kai-Scallywag, participando en la Volvo Ocean Race, cayó al agua el pasado 26 de marzo y se le ha dado por desaparecido. John Fisher, descanse en paz.
 

 Su muerte vuelve a poner en duda las normas idiotas de estas regatas, en que parece que se busca el riesgo de muerte como un atractivo más, y quizás el principal, del espectáculo, igual que en las corridas de toros. De hecho su lema, que a partir de ahora se va a volver contra ellos ("La vida al límite") parece un guiño a ese riesgo de muerte, igual que hace unos años en los circos se anunciaban los trapecistas "sin red" para atraer más público. Navegan en unos barcos que se han comparado a los primeros modelos de la aviación, en que los pilotos volaban en avionetas con cabinas abiertas, ateridos de frío y sin la más mínima comodidad (que se traduce en seguridad) lo que a estas alturas del siglo XXI es una aberración. Los encaminan a navegar por las peores aguas del planeta y lejos de las rutas comerciales que ya no se utilizan, lo que hace que cualquier posible ayuda tarde días en llegar (el mercante más cercano estaba a 400 millas). El Sun Hung Kai-Scallywag navegaba entre  Auckland (Nueva Zelanda) y Itajai (Brasil), o sea, en mitad del Pacífico, en empopada con un viento de 35-40 nudos, olas de 4-5 metros que barrían la cubierta, y el agua a 9ºC. Aunque John llevaba puesto el traje estanco de supervivencia y el chaleco, y aunque sus compañeros hicieron lo correcto (lanzar el aro salvavidas y la boya de señalización, macar la posición GPS y avisar a salvamento) no consiguieron encontrarlo. Es más, ni siquiera localizaron la boya de señalización que habían lanzado. A esas velocidades y con esas olas que tapan la visibilidad del náufrago, encontrarlo en mitad del océano después de los minutos que se tardan en la maniobra de velas para retroceder es como encontrar una aguja en un pajar.

Al parecer una ola barrió la cubierta, provocó una trasluchada y John, que estaba volviendo a la bañera de una maniobra en la cubierta, aún no habia enganchado su arnés a un punto seguro. Llama la atención que no usara la línea de vida para desplazarse siempre amarrado hasta la proa, y que no llevase una baliza personal de hombre al agua que en esos barcos de presupuestos millonarios parece obligatoria.

John es el séptimo marino fallecido en la historia de esta regata alrededor del mundo en equipaje, y los expertos preven que si no se modifican las características de los veleros que participan no será el último.


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