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lunes, 12 de febrero de 2018

Vuelta a Francia: las trampas de su costa. 5) los puertos de varada o con "umbral" sumergido.

En la costa de Bretaña y Normandía muchos puertos se secan en bajamar. Hay tres opciones:
  • Puertos de varada: directamente te posas en el fondo. Según el tipo de fondo puedes necesitar o no los puntales. Si es arena o barro duro, los puntales se necesitan para que el barco no se acueste de lado. Puedes pisar el fondo para desembarcar. Pero si es barro blando el barco se hunde en él hasta la línea de flotación como en las arenas movedizas, y se queda equilibrado sin puntales. No se puede pisar el fondo porque te tragaría igual que se ha tragado la obra viva del barco. Además el barro puede obstruir las tomas de refrigeración del motor. Como el mío es fueraborda, suelo quitarlo antes de que se se sumerja en el barro.
  • Puertos con esclusa: la entrada consta de dos compuertas en cuyo interior se modifica el nivel del agua para pasar. A diferencia de las esclusas de los canales, que pueden funcionar a cualquier hora pues siempre se llenan desde la parte más elevada del canal, las de los puertos de marea sólo funcionan en el entorno de la pleamar, pues la compuerta exterior se abre en función de la altura de la marea.
  • Puertos con umbral: en su entrada tienen construido, en el fondo, un muro artificial que retiene el agua en el interior del puerto cuando baja la marea, para que no se vacíe. Es como quedarse dentro de una palangana, porque en el puerto hay agua (hasta la altura de ese muro) pero su acceso se queda en seco. Simplifica mucho la maniobra de entrada, pero está limitada a la altura que alcance la marea por encima de ese muro y al calado de cada barco. Un panel luminoso indica la altura de agua por encima del umbral en cada momento, y uno decide cuándo entrar según el calado de su barco. Como el Corto Maltés sólo cala 70 cm con la orza subida, nuestra horquilla para entrar será bastante amplia, pero no indefinida. En la foto, hay 6,8 metros de agua sobre el umbral.

     
     
    Los errores a evitar:

    • Calcular mal la horquilla temporal para entrar en cada puerto: es el peor de todos porque puedes encontrarte el puerto cerrado y quedarte varado fuera. Es bastante peligroso, porque el suelo fuera del puerto puede tener piedras o ser irregular, y aunque pongas los puntales el barco puede tumbarse (de hecho, tumbarse de lado encima de un puntal es peor que hacerlo sobre el suelo). Además con la prisa puedes quedarte varado atravesado a la onda de marea en vez de mirando a ella (lo que se debe hacer con un ancla a proa y otra a popa). En esta posición comprometida, la onda de marea creciente te coge atravesado y tumba al barco de lado, pudiendo dañar el casco.

    • Planificar  las etapas sin tener en cuenta las corrientes de marea. Grosso modo el Canal de la Mancha se "llena" al subir la marea desde el Este y desde el Oeste hacia su centro (siguiente foto: marea entrante):

        y se "vacía" al bajar la marea desde su centro hacia el Este y el Oeste (siguiente foto: marea vaciante):
       
       
      Como las travesías hay que hacerlas a favor de la marea ya que contra esas corrientes de hasta 10 nudos no hay velero que avance, la segunda mitad de nuestra travesía por el Canal (a partir de Cherburgo)  será la peliaguda. En efecto, para avanzar hacia el Este tendremos que elegir los periodos de marea vaciante (bajando) lo que nos hará llegar a los puertos de destino cerca de la bajamar, dificultando su acceso. Eso nos complicará mucho las etapas y nos obligará a hacerlas cortas. Aunque a lo mejor navegar a favor de esas corrientes poderosas hace que nos cunda más (más millas en el mismo tiempo), pero no tengo experiencia en eso y es una de las cosas que aprenderé.

    •  Bajar a tierra con el anexo mientras todavía queda agua y tener que volver cuando el puerto se ha secado. En efecto, te arriesgas a tener que pisar ese barro de arenas movedizas y si no puedes hacerlo, tener que dormir en tierra en un banco hasta que la marea suba.

    • Olvidar dejar un cubo de agua lleno a bordo. En efecto, volver a bordo por esos fondos de basa negra y pegajosa deja el barco podrido de la suciedad de tu calzado cuando regresas. Hay que coger un cubo de agua del mar antes de que se retire y dejarlo en la bañera para meter allí las botas o las sandalias, y limpiarte los pies, en cuanto vuelvas.
Está claro que llegar navegando a esos sitios de pellízcame no se improvisa.

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