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sábado, 4 de febrero de 2017

¡Madre mía, todavía quedan!.

Todavía quedan navegantes de verdad, de los de antes, que se atreven a echarse al mar sin super-barcos de 10 ó 15 metros y sin la electrónica de un Boeing. Fijaos a quién he conocido a través del blog. Se llama Paul De Meerschman, es francés, y con un Challenger Horizon  (barco de 6,8 metros de eslora, como el Corto Maltés) ha hecho estos recorridos:

De Port Camargue, en el Mediterráneo, a Túnez ida y vuelta. Otro año hasta cabo San Vicente, en Portugal, y regreso por Gibraltar y la costa marroquí, Argelia, Túnez, hasta Grecia occidental y vuelta a Niza en 13 meses. Otro año la vuelta de Francia, pasando por el Canal de Midi. Una vez en Calais, el punto más estrecho del Canal de la Mancha,  le cruzó para llegar a Londres y luego siguió por Belgica, Holanda, Alemania, y por el canal de Kiel hasta Copenhague. Un curioso canal, por cierto, de más de 100 km sin una sola esclusa que "separa" Dinamarca de Europa. Para volver al Mediterráneo retrocedió sobre sus pasos hasta Bélgica, entró por los canales en Amberes, cruzó por Bruselas y salió en Marsella. Sin alharacas.

Navegantes que salen de travesía sin que nadie diga "damas y caballeros", y que vuelven sin que nadie diga "bravo, bravísimo", pero que aprueban con sobresaliente. Un honor, Paul, que sigas este blog. Gracias. Y si en alguno de tus viajes vienes por el Cantábrico aquí tienes tu casa.




Aquí va mi homenaje, es su barquito, el ZEN:


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