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lunes, 12 de diciembre de 2016

Dibufirma de Saint Gilles.

Hola navegantes.

Navegamos por el río Ródano, y luego por su afluente el Pequeño Ródano, hasta tomar el Canal del Ródano a Sète en la esclusa de Saint Gilles. 40 millas bajo la canícula y el motor aguantó. Seguimos adelante sobre un agua marrón y cenagosa, tan diferente del agua esmeralda del Mediterráneo. Era un canal con las orillas frondosas y algunos embarcaderos rústicos de madera, y cuando calculamos que estábamos ya a punto de llegar al pueblo nos quedamos en el último que vimos. Empezaban esas etapas maravillosas por los canales, en que podríamos quedarnos a dormir donde quisiéramos sin tener que sacar la billetera .

Fuimos a conocer el pueblo de Saint-Gilles y se lo tenían un poco creído. Su atraque para visitantes era un simple muelle de piedra al lado de una de las calles del pueblo donde había autocaravanas para aprovechar, como nosotros, un grifo que había a ras del suelo. Pues por dormir allí te cobraban 22 euros. En la oficina de turismo había 5 o 6 empleados para explicarte que en su pueblo las cosas a visitar ascendían a dos: el edificio del Ayuntamiento y una abadía del siglo XII. El edificio del Ayuntamiento era bueno para verle desde la acera de enfrente al pasar y para dar sombra. Y en la abadía, cuya mitad estaba en ruinas, por ver la escalera de caracol que subía a las ruinas de la torre, escalera de piedra que según ellos era única en el mundo, cobraban 3 euros, y por añadir la cripta donde yacía Saint-Gilles, su santo patrón, 5 euros. Una pasada. Creo que su alcalde estaba necesitado de viajar un poco.


Ver entrada del 17 de julio.

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