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viernes, 12 de agosto de 2016

Dibufirma de Marsella.


Después del temporal que nos retuvo en Port Gardian salió un día de vientos del oeste de fuerza 5-6 que, como iban a ser portantes pues nuestro rumbo era hacia el este, decidimos aprovechar. Y acertamos plenamente, ya que hicimos todo el recorrido a vela y no tiramos del motor nada más que unos minutos al salir y entrar a puerto. En efecto, pusimos el espí nada más salir y navegamos todo el día a 6-7 nudos, y en las bajada de la ola hasta 8 nudos. Esa velocidad endiablada nos permitió comernos las 46 millas en 7 horas, algo inaudito. Sólo llegando a Marsella y ya a la vista de la ciudad el viento roló al Norte (nos entraba por el través de babor) y arreció tanto que con el espinaker el barco se tumbaba mucho y lo sustituimos por el génova. Fijaos cómo soplaría que sólo con el génova navegábamos a más de 5 nudos. Eso sí, aquello era una coctelera, sólo pudimos "comulgar" un café (con tanta ola hay que prepararlo de rodillas frente a la cocinilla y parece que estás haciendo la Comunión) y llegamos a puerto a las 17:30 sin haber comido. Y luego me preguntan por qué cuando navego me quedo en el fuselaje. En esta navegación a Elba perdí 6 kg.

El caso es que llegamos a tiempo de que Mario cogiera su avión. Luego en Marsella estuvimos retenidos dos días más por el mistral, pero no nos transtornó mucho pues ese fin de semana hicimos el cambio de tripulación. Al despedirse Mario se incorporó Nacho para acompañarme los siguientes 17 días y llevar el Corto Maltés hasta Pisa.


Ver entrada del 14 y 15 de mayo.

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