Visitas al blog:

martes, 19 de julio de 2016

Una escala poco acertada.

Hola navegantes.

Hoy salimos de Aigues Mortes a media mañana, después de recorrer otra vez la ciudad amurallada. Salimos sin destino fijo en dirección a Sete, con idea de quedarnos en un puerto intermedio. Inicialmente pensamos en Palavás, que está a mitad de camino.

Pasamos por el puente "guillotina" donde el canal se cruza con el río Vidourle. Un puente guillotina es una infraestructura que permite represar el río donde se cruza con el canal, cuando viene de crecida. En condiciones normales el agua del río y del canal están a la misma altura, pero cuando el río crece podría desbordar el canal y las tierras adyacentes produciendo grandes daños. Entonces se cierra la guillotina y quedan separados. Entonces lógicamente no se puede navegar por el canal. La señal de la derecha, la del círculo negro, significa que hay que sonar la bocina de niebla, por si otro barco desciende por el río. Al ir a usar la nuestra comprobamos que estaba rota, y tuvimos que sacar la de repuesto, que es con aire comprimido.

Hoy hemos navegado por los estanques de Mauguio, Pérols, Mejean y Griego. Aquí llaman estanques a los mares interiores, como el Mar Menor en España. Pero los que hemos atravesado hoy no creo que sean navegables. Las pocas entradas que hemos visto desde el canal o tenían una señal de prohibido o manifiestamente no tenían calado para pasar con el barco, y dentro veíamos a los flamencos rosas que sólo les cubría por los tobillos. O sea que pasamos de largo.

A la hora de comer llegamos a Palavás. Tiene dos puertos, uno en el mar y otro en el río, en un cruce del canal con el río Lez. No contestaban por VHF y entramos pensando ocupar un puesto vacío en la marina, pero a pesar ir con la orza subida tocamos en el fondo y tuvimos que salir marcha atrás. Este puerto debe tener medio metro de calado. Retrocedimos y nos quedamos en  un pantalán que recorre la orilla izquierda del río, donde el calado es escasísimo pues se tocaba el fondo con el bichero. Como desde él no se accedía al pueblo nos cambiamos a la orilla de enfrente abarloados a una gabarra abandonada y en estado de descomposición, que  seguro que no va a salir a navegar hoy ni mañana.

Luego nos fuimos a ver el pueblo y ha sido la decepción más absoluta. Ambiente Benidorm y nada más. El río está lleno de empresas de alquiler de motos de agua, piraguas, paracaídas remolque, etc, y las calles de toda la parafernalia playera.

Por si fueran pocas la dificultades de los veleros en los puertos, siempre pendientes de obstrucciones por debajo de la quilla o por encima palo (puentes, tendidos eléctricos, etc) fijaos la última lo que han plantado aquí. Nada menos que un telesilla que cruza a gente de una orilla a otra, a unos 200 metros de la desembocadura, y con una altura sobre el agua de unos 6 metros lo que impide el paso a casi todos los veleros. ¡Qué originales!.

Hasta mañana navegantes.