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martes, 5 de julio de 2016

Seguimos la ruta de las islas.

Es verdad, en la vida había ido a tantas islas como este verano. Hoy hemos salido de Port Miou con destino a la islas de Frioul, que ya vimos en la navegación de ida.

Pudimos salir de nuestro amarre proa-popa en el acantilado sin tener que bañarnos, a base de alargar la amarra de proa e ir recuperando la de popa hasta llevar el barco al acantilado, y allí soltar el nudo. El corte del acantilado es tan vertical que pudimos llevar el Corto Maltés casi hasta la roca. Luego dedicamos la mañana a recorrer a motor la Calanques, en primer lugar porque no había viento y en segundo porque así pudimos entrar hasta el fondo de todas ellas.

Las Calanques son una sucesión de calas estrechas y profundas en la costa ante llegar a Marsella, con paredes verticales que van al agua, vegetación y un agua cristalina, que constituyen una reserva natural. Muchas terminan en playas de arena y en todas se puede fondear sin meterse mucho hasta la orilla. Están prohibidas para barcos de más de 20 metros. Un solo megayate que se metiera haría un tapón insoslayable. ¡Pobres los de los megayates!. Se pierden lo mejor, tienen que quedarse fuera fondeados soportando la olas, y cuando van a las marinas pagan más de 1.300 euros por noche, total para cenar con la popa a un metro del paseo marítimo donde son la comidilla de todos los paseantes.

A eso de las 12.30 se levantó un viento del SW fabuloso que fue arreciado hasta fuerza 5, y que nos permitió una navegación a vela que en sólo dos bordos nos trajo hasta las islas Frioul. Son esas dos que os conté en el viaje de ida que están unidas por un muro  artificial detrás del cual de ha hecho el puerto.

Para mañana vuelven a anunciar vientos del NW de fuerza 5 a 7, otra vez el maldito mistral de proa. Si se confirma volveremos a vernos confinados en una isla, pero bueno, ya sabéis que más vale un mal día de vela que un buen día de trabajo. Hasta mañana navegantes.