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martes, 19 de julio de 2016

Hasta Aigues Mortes.

Hola navegantes.

Anoche dormimos más de 10 horas seguidas en aquel remanso de paz, después del madrugón y la paliza de la navegación anterior. Primero fuimos al pueblo de Saint Gilles.  Se lo tienen un poco creído. Si duermes en su muelle te cuesta 22 euros. En la oficina de turismo hay 5 o 6 personas para explicarte que en su pueblo se pueden ver dos cosas, una abadía y el edificio del Ayuntamiento (la 2ª y 3ª fotos). Por ver la escalera de caracol que sube a las ruinas de la torre, que según ellos es única en el mundo, cobran 3 euros, y 5 por añadir la cripta donde yace Saint Gilles. Una pasada. Creo que su alcalde está necesitando viajar un poco.

Al amarrar hablamos un rato con la pareja que vive en la gabarra negra detrás del Corto Maltés en la primera foto. Mide 40 metros de eslora, y aunque ahora viven solos y se les queda enorme, como tuvieron 12 hijos allí estaban de miedo. Tienen hasta aire acondicionado. Les pedí que me congelaran los frigolines, porque como aquí vamos poco a las marinas necesitamos el sistema antiguo de tener frío. ¡Qué pinta me vería que al ir a recogerlos me tenía preparadas de regalo varias cajas con frutas y verduras!. Sólo le admití lo que veis en la foto, porque si le admitiera todo se me habría estropeado. Lo primero que hice al volver a bordo fue afeitarme, a ver si así doy menos pena.

El pueblo estaba con la calles valladas, y resulta que también aquí hacen encierros de toros. Pero la gente corre detrás de ellos, no delante, y los toros llevan una bola en la punta de cada cuerno para que las cornadas no sean mortales.

Luego seguimos hacia Aigues Mortes. Por el camino hice "la trompa" al palo. Es una prolongación con maderas bien aferradas para que si dentro de una esclusa se descontrola la proa, el golpe no se lo lleve el herraje del palo, en mi caso el del enrrollador del génova, sino esas maderas.

El canal en este tramo discurre por el parque natural de Camargue, y hemos visto muchas manadas de los caballos típicos de aquí. Hasta los cuatro años son marrones, y luego se hacen blancos. En la foto veis un potro marrón, tumbado, y los adultos blancos.

Hemos venido a dormir a Aigues Mortes, una ciudad preciosa dentro de un recinto amurallado perfectamente conservado. Desde varios kilómetros antes de llegar el canal es una recta infinita, y pasamos media tarde viendo en el horizonte la Torre de Constance, símbolo de la ciudad. En la última foto podéis ver a nuestro barquito en el puerto fluvial (pequeñito a la derecha de la foto) al pie de la misma torre.

Hasta mañana navegantes.

2 comentarios:

Paco Pineda dijo...

Vamoavé... los caballos "blancos" no existen... son TORDOS... ¿de que color es el caballo blanco de Santiago?... TORDO. Todos los caballos Tordos, nacen o bien grises (marengo casi negro) o bien castaños (tirando a pelirrojo)... esto con el crecimiento cambia a tordo en capa gris o tordo "vinoso" (por el color de las pequeñas pecas que les quedan)... esto es como en los toros, cada capa tiene un nombre y unas características. Como curiosidad... los caballos negros nacen "arratonaos" (o sea un gris color ratón). Pero caballunadas aparte... acostumbrese Vd. al chauvinismo francaise (si no lo está ya), se ahorrará muchos malos ratos. Jejejejeje.

Gambucero (en LTP).

corto_maltes dijo...

Muchas gracias por las aclaraciones, Paco. Te habrás dado cuenta que soy ignorante total en temas equinos, como en tantas cosas. Un saludo.