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lunes, 18 de abril de 2016

¡Y nosotros pensando cómo llevar la bici en el barco!

Para moverse por las ciudades y los puertos cuando navegas es imprescindible una bici. Lo habitual es que los puertos están alejados algunos kilómetros del centro y de los comercios, e ir andando a hacer la compra y los recados es un rollo. En la vuelta a España llevábamos una plegable. Nos hubiera gustado llevar dos, pero en aquel momento lo consideramos imposible en un barco tan pequeño. En aquella circunnavegación de la Península la estibábamos bien que mal en el cofre de la bañera y la usamos muchísimo, tanto para hacer los recados como por gusto en las pistas que corren paralelas al Canal de Midi.

Dentro de los recados fue de especial utilidad para encontrar las gasolineras, pues cuando en un puerto no había una específica para los barcos debíamos buscar una de carretera, que habitualmente están en las afueras y andando significa media o una hora de paseo y cargando con los bidones. En el Canal de Midi sirvió como deporte y además para acelerar el tránsito por las esclusas (uno se adelantaba con la bici para tener la esclusa abierta) y en las ciudades que visitábamos para hacer más ágil la visita. Pero en toda la vuelta a España estuvimos lamentándonos de no tener dos, pues teníamos que repartírnosla y quedar a una hora intermedia para intercambiarla.

Para la navegación a Bretaña del año pasado conseguimos una bici extraordinaria, la Boomerang 3.7, de lo más pequeño del mercado, con ruedas de 14 ‘’. Sólo admite pasajeros de hasta 70 Kg. (yo los doy justitos) y es tan pequeña que tiene el centro de gravedad muy detrás y si arrancas con fuerza o llevas una mochila pesada la rueda de delante se levanta. Por supuesto no tiene cambios de marchas, pero es tan pequeña que plegada se guarda dentro de una maleta, y sin maleta la encontramos acomodo en el aseo, debajo de la repisa del lavabo y al lado del retrete químico.

 De esta manera llevábamos dos bicis, la “grande” en el pañol de la bañera como en la vuelta a España, y la “pequeña” en el baño. ¡Menudo lujo dos bicis en un barco de 6 metros!. Las escalas fueron otra cosa, y hemos vuelto tan satisfechos que ahora defiendo que en la navegación de crucero vale más la pena llevar dos bicis que otro juego de velas, por ejemplo.

Pues hay navegantes que tienen el problema contrario, no cómo llevar la bici en el barco sin cómo llevar el barco en la bici. Aún así fijaos lo que da de sí la imaginación:





¡El tío lo consiguió!.

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