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viernes, 21 de agosto de 2015

Una valoración del Tonic 23 para este viaje.

Hola navegantes.

 Ya lo demostró en la vuelta a España y ahora lo confirma. Este barquito sirve para travesías largas sin duda. Todo lo que dije en la entrada del 27-8-2012 al volver de los 3 meses de la vuelta a España lo ratifico. Enseguida te haces a vivir en su interior y es suficientemente "cómodo" para que se convierta en tu casa y aguantes meses en él.

Estoy muy contento de la adquisición de la nevera de camping. En las marinas la conectaba a la electricidad del pantalán con un adaptador a 12 V y siempre tenía frigolines dentro. Aunque no se congelasen, mantenían el frío hasta la siguiente escala sin problemas, aunque durante la travesía fuera desenchufada. Si además durante la travesía había suficiente insolación, y si arrancábamos el motor, entonces la conectaba a la batería y no me la llegaba a descargar. ¡Si la hubiéramos tenido en el Canal de Midi los líos que nos habría evitado! porque allí íbamos lógicamente a motor y bajo un sol de justicia, y siempre estábamos pendientes de comprar hielos.


También fue una buena adquisición la balsa inflable "de juguete" en lugar de la tabla de surf o una zodiac para los desembarcos. La tabla de surf en la vuelta a España fue un incordio en la proa, siempre pendientes de cambiar su amarre según navegásemos o no con el espí, en los fondeos, etc, y sólo permitía desembarcar a uno. El inflable de juguete le hemos estibado en su bolsa en el tambucho de popa, casi no ocupa espacio, y nos ha permitido desembarcar sin problemas a dos personas, siempre en distancias cortas.


Respecto a la capacidad del Tonic 23 para afrontar el mal tiempo, en esta navegación sólo nos hemos debido quedar en puerto 9 días de los 76 debido a fuertes vientos (fuerza 6-7), a olas que impedían la salida del puerto o a lluvia torrencial. Esos días vimos a muchos barcos mayores que el nuestro hacer lo mismo, esperar a que pasase lo malo, para salir.  No creo que con un barco más grande hubiera salido a navegar con fuerza 6-7 o lloviendo de aquella manera. Para mí la vela no es una demostración de testosterona, sino una actividad para disfrutar. Por lo tanto aquí tampoco le veo una ventaja a un barco grande. En algunas etapas hemos vivido a bordo 3 personas y nos hemos adaptado perfectamente.

Esta navegación habría sido imposible con un barco de quilla fija. En muchos puertos había 70 cm de calado y en sus entradas a veces bastante menos (nosotros mismos hemos tenido que calcular en muchos de ellos  la hora de entrada según la marea). Es evidente que la orza abatible te da acceso a lugares preciosos que no podrías visitar con un barco de quilla fija.

Y finalmente, sigo comprobando que con un barco pequeño caes simpático en los puertos y te dan más facilidades que si llegas con un superyate. Y eso también cuenta.

Hasta pronto, navegantes.


1 comentario:

Daniel Tribaldos dijo...

Gracias a ti, nos encanta seguirte.
Saludos.