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miércoles, 5 de agosto de 2015

Otra ría preciosa y muchas curiosidades.

Hola navegantes.

Esta mañana, como estaba previsto, nos tuvimos que ir de la isla de Yeu a las 7.30 que habría la esclusa. Las alternativas eran o quedarnos fondeados fuera hasta que fueran saliendo los barcos que habían dormido en la marina y confiar en que nos llegara el turno (si era que no, habríamos perdido la mañana) o bien seguir navegando para conocer algún puerto más de la costa. Optamos por lo segundo y nos vinimos a Saint Gilles Croix de Vie. El tiempo estaba nublado y frío pero la navegación muy agradable, 5 horitas para 22 millas a vela.

El puerto está en el interior de una ría, y la guía Imray advierte de la peligrosidad de la entrada cuando baja la marea, por corrientes de hasta 6 nudos. Hoy hemos entrado en mitad de la bajamar, cuando más tira, y no ha sido para tanto. ¿O será que ya nos estamos acostumbrando?. La entrada recuerda mucho a la de Suances entre dos espigones, pero es mucho más larga y termina en una marina grande y bien equipada. A todo lo largo de la ría hay barcos amarrados a boyas de proa-popa, y los anexos para embarcar y desembarcar los dejan en las rampas de piedra que contienen las orillas.

Llegamos antes de comer y dedicamos la tarde a conocer el pueblo, del que por cierto no nos han sabido explicar su curioso nombre. Fuimos al faro de Grosse Terre y en el camino costero hay una curiosidad natural que a los de Santander os recordará algo. Aquí también hay un Puente del Diablo, que no sólo tiene el mismo nombre que el nuestro sino que es igualito (antes de que se rompiera). Y otra coincidencia, mirad las papeleras con forma de manguerote, que yo creía que eran originales de Santander y parece ser que las fabrica alguna multinacional. También nos llamó la atención que la silla de vigilancia de la playa esta en el agua, como podéis ver en la cuarta foto.

Pero lo más sorprendente es que también por este pueblo pasa cada año una migración de cangrejos. Es un fenómeno natural del que os hablé en un capítulo del libro de la vuelta a España, y que observamos en Portugal. Aquí hay señales de tráfico advirtiendo de su presencia (no es por proteger a la especie sino para evitar accidentes) y les han hecho hasta una escultura, todos los cangrejotes con una cara muy simpática.

En la playa hemos visto un artilugio que mezcla la vela con los deportes de velocidad en tierra, y son unos patines a vela para regatear en la arena. Y finalmente os enseño las perlas del pantalán de este pueblo. A uno de ellos hasta le han puesto 3 piedrulas encima de la tapa del tambucho. ¿Será para que no le desarme el viento?.

Mañana intentaremos llegar a Les Sables  d'Olonne, el puerto de salida de la Vendé Globe.

Hasta mañana navegantes.