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martes, 20 de enero de 2015

Transportar un barco por carretera.

Es otra de las ventajas de los barcos pequeños. Si miden menos de 2,5 metros de manga (de ancho) se pueden transportar en un remolque. Eso amplía enormemente el horizonte de navegaciones posibles. Por ejemplo puedes llevar un barco de Santander al Mediterráneo en un solo día, cuando navegando tardarías 1-2 meses y te quedarías sin vacaciones sólo en el transporte. Con los barcos grandes y las vacaciones normales de un mes, terminas conociéndote a la perfección las 100 o 200 millas alrededor de tu puerto base y enseguida te saben a poco, pero si te alejas más se te acaban las vacaciones y te arriesgas a tener que dejar el barco en otro puerto y dedicar otras vacaciones a traerlo de vuelta. Por carretera tienes acceso a un número casi ilimitado de destinos al alcance de un día de remolque, y allí botar el barco y conocer costas alejadas. Si el barco es de orza abatible es aún más cómodo, pues el centro de gravedad en el remolque queda más bajo y es más seguro.

Eso sí, remolcar un barco exige unas condiciones legales estrictas (carnet, potencia del vehículo, tipo de frenos en el remolque, etc) y no está exento de riesgo de accidentes en el trayecto. Por eso la otra opción es alquilar un camión que lo transporte. Es más seguro, no te obliga a dejar tu vehículo en un puerto desconocido y con el remolque vacío durante las semanas que estés navegando, y te da la libertad de volver a casa desde un puerto diferente si el plan de navegación cambia sobre la marcha.

Cuando dentro de unos años el grumete Brizuela me acompañe a alguna navegación por el Mediterráneo, a lo mejor  llevamos el Corto Maltés por carretera. Eso sí, espero que no seamos tan gafes...