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sábado, 31 de enero de 2015

Dibucarta de febrero 2015

Hola grumetillos. Aquí está la dibucarta prometida. Como en febrero es Carnaval, a lo mejor en esas vacaciones os pongo otra. ¡Animo!.


domingo, 25 de enero de 2015

Ñapas, chapuzas o bricolajes.

Pues sí, unos con más gusto que otros pero todos los marinos dedicamos una parte del tiempo libre a las chapuzas a bordo. Cuanto mayor y más complejo el barco, más tiempo hay que dedicarle. Desde el mantenimiento obligatorio anual, que incluye la pintura de la obra viva (la parte sumergida) para que no se peguen caracolillos y que obliga a sacar el barco del agua cada año, y las revisiones del motor, a las múltiples revisiones y fallos de la electrónica, la costura de las velas, la limpieza de todos los cabos que en invierno se ensucian de verdín, el engrase de los winchies, el endulzado de todas las piezas de cubierta para quitarles el salitre, las mejoras de todo tipo, el arreglo de lo que en invierno nos rompen los temporales o de lo se va desgastando con el uso, etc. Y no digamos si el barco es de madera. ¿Os imagináis lijar y barnizar un barco entero?.

En la vuelta a España en el Corto Maltés hicimos nada menos que 40 operaciones de mantenimiento o reparación en los 3 meses. Es verdad que el barco no paró de navegar en los 3 meses, y que navegando se estropean más cosas que con el barco amarrado y parado, pero os podéis hacer una idea de que hay que ser bastante autosuficiente para la navegación de crucero. Si cada una de ellas la hubiéramos encargado a un profesional, aparte del coste, no hubiéramos terminado la vuelta por falta de días.

Lo que a mí siempre me ha sorprendido es que hay quien disfruta más con estas ñapas que navegando, y parece que sirven ellos al barco en lugar de lo contrario. Personalmente las considero una obligación latosa, las hago sin entusiasmo y quiero terminarlas cuanto antes para salir a navegar. Y para eso nada mejor que un barco pequeño. Como dice un refrán marinero, "barco pequeño, pequeños problemas".


viernes, 23 de enero de 2015

Plásticos en el mar.


Son nefastos para la navegación, uno de los principales problemas hoy en día y una de las primeras causas de tener que solicitar rescate. Duran en el agua eternamente y no flotan, sino que se quedan entre dos aguas donde pueden ser pillados por la hélice. Las bolsas de supermercado, que pesan poco, son incluso absorbidas hacia la hélice al pasar cerca de ellas y una vez atrapadas se enroscan en el eje del motor hasta que bloquean la hélice y el barco se para.

Si el motor es fueraborda se puede intentar subir a bordo y deshacer el lío en la bañera, pero en los motores intraborda no queda más remedio que tirarse a bucear. Como estas cosas siempre pasan con mal tiempo, bucear debajo de un barco con oleaje es peligrosísimo, pues el barco puede caer con todo su peso sobre tu cabeza en el seno de una ola y dejarte seco (algunos navegantes prudentes llevan a bordo un casco para este trabajito). Las enormes bolsas de plástico de ensilar, que miden varios metros de largo, a veces llegan al mar arrastradas por el viento o por los ríos y son tan grandes que pueden bloquear la hélice de un pesquero o de un mercante pequeño. Y una vez enroscadas sobre el eje de la hélice son duras y prietas como una soga. En el peor de los casos tienes que pedir remolque, pero si te pasa cerca de la costa o de una ruta de mercantes y te has quedado sin propulsión sólo te queda confiar en tu buena estrella, porque poco más puedes hacer. Un barco sin propulsión está a merced de los vientos y las corrientes, y si quieren tirarte contra las rocas o cruzarte en la ruta de un mercante, es muy poco lo que puedes hacer para evitarlo.


martes, 20 de enero de 2015

Transportar un barco por carretera.

Es otra de las ventajas de los barcos pequeños. Si miden menos de 2,5 metros de manga (de ancho) se pueden transportar en un remolque. Eso amplía enormemente el horizonte de navegaciones posibles. Por ejemplo puedes llevar un barco de Santander al Mediterráneo en un solo día, cuando navegando tardarías 1-2 meses y te quedarías sin vacaciones sólo en el transporte. Con los barcos grandes y las vacaciones normales de un mes, terminas conociéndote a la perfección las 100 o 200 millas alrededor de tu puerto base y enseguida te saben a poco, pero si te alejas más se te acaban las vacaciones y te arriesgas a tener que dejar el barco en otro puerto y dedicar otras vacaciones a traerlo de vuelta. Por carretera tienes acceso a un número casi ilimitado de destinos al alcance de un día de remolque, y allí botar el barco y conocer costas alejadas. Si el barco es de orza abatible es aún más cómodo, pues el centro de gravedad en el remolque queda más bajo y es más seguro.

Eso sí, remolcar un barco exige unas condiciones legales estrictas (carnet, potencia del vehículo, tipo de frenos en el remolque, etc) y no está exento de riesgo de accidentes en el trayecto. Por eso la otra opción es alquilar un camión que lo transporte. Es más seguro, no te obliga a dejar tu vehículo en un puerto desconocido y con el remolque vacío durante las semanas que estés navegando, y te da la libertad de volver a casa desde un puerto diferente si el plan de navegación cambia sobre la marcha.

Cuando dentro de unos años el grumete Brizuela me acompañe a alguna navegación por el Mediterráneo, a lo mejor  llevamos el Corto Maltés por carretera. Eso sí, espero que no seamos tan gafes...


domingo, 18 de enero de 2015

Pueden ocurrir tantos percances en la vida y en la navegación...

... Lo importante es luchar por las soluciones juntos.


jueves, 15 de enero de 2015

Dormir fondeado...

...es agotador. Uno asocia la noche a un sueño reparador, sobre todo si vienes de navegar 8 ó 10 horas y con el estrés de entrar en un puerto desconocido, en el que todo son posibles peligros. Pero si decides dormir fondeado, es decir, no en el puerto sino en una bahía sólo sujeto al fondo por el ancla, ¡despídete de descansar!. Aunque todo se dé bien (no haya viento, olas ni corriente) estás tan preocupado que duermes con un ojo abierto y te despiertas varias veces preocupado por cualquier ruidito. Lógicamente lo peor es garrear, es decir, que el ancla no agarre bien al fondo y el barco se desplace hacia la costa y termine por encallar. Puede ocurrir cuando el viento o la corriente se invierten (muy habitual en los sitios con grandes mareas), cuando se levantan olas durante la noche, cuando al subir la marea la cadena del ancla tira más en vertical y la desclava, o por pura mala suerte en algunos tipos de fondo. Los peores "tenederos" (es decir, los fondos en los que peor agarra el ancla) son los de algas. Los mejores los de arena. Los de roca son buenos para agarrar pero malos para marcharse, porque cuando el ancla se queda debajo de una roca por supuesto agarra bien, pero ¡cualquiera la levanta luego!. Es normal tenerse que tirar a bucear para liberarla. Son tantos los problemas que pueden presentarse por la noche en un fondeo que cuando hay suficiente tripulación es habitual establecer "guardias de fondeo", que parece absurdo pero consiste en quedarse alguno despierto para vigilar el entorno, como si se siguiera navegando. Pero si estás solo o con poca tripulación tienes que arriesgarte, y a veces...


lunes, 12 de enero de 2015

Sólo se acuerdan del capitán cuando algo sale mal.

Puedes entrar 100 veces al atraque con viento de lado en una maniobra perfecta, pasar 100 veces por encima de un bajo calculando bien, acompasar 100 veces la velocidad del barco para entrar a puerto a la hora exacta de la marea, adelantarte 100 veces a tomar un rizo antes de que las condiciones se degraden... y nadie dice nada. Si la 101 te sale mal, estará todo el mundo mirando y diciendo cómo lo tenías que haber hecho. ¡Qué vida esta!.


domingo, 11 de enero de 2015

Amarrarse a una boya...

Hasta llegar a ella es una maniobra fácil y que depende del patrón. Todo consiste en llegar casi sin inercia y de proa al viento o a la corriente, para que al amarrarse el barco recule y no se traben la orza o el timón con el cabo que une la boya al fondo. La dificultad es para el proel (el marinero de proa) porque en cuanto el barco está en punto muerto recula con una fuerza inesperada, que es mayor cuanto más grande el barco y cuanto mayor sea el viento o la corriente. Es habitual ver a marineros agarrando el bichero con todas sus fuerzas para que no se les escape la boya, haciendo de ello una cuestión de honor de cara al público, pero finalmente teniendo que soltarlo porque es imposible sujetar un barco en esas condiciones. Y han empeorado la situación porque el bichero se hunde enseguida, y sin bichero no hay forma de coger la boya. Hay que tener preparado a bordo un cabo ya amarrado en una cornamusa de las del fondeo, con un extremo libre. En cuanto se coge la boya se sube a bordo el extremo de la estacha que ya suele venir con una gaza preparada, se pasa por esa gaza nuestro cabo, se echa al agua de nuevo la estacha y se amarra el extremo de nuestro cabo en la otra cornamusa. Si se ha entrenado todo se hace en pocos segundos, antes de que el barco recule, y cuando recula ya está amarrado.  Es una maniobra muy bonita de contemplar, y que nada más verla demuestra la experiencia de una tripulación.


sábado, 10 de enero de 2015

Esto no me ha pasado nunca...

... pero hace años era normal vaciar la basura al mar. Imaginaos la situación en uno de esos sitios de grandes mareas (en Francia y Canadá hay puertos donde la marea sube y baja hasta 14 metros en vertical; como comparación, en Santander no pasa de 5). En bajamar no se ve ni el palo del velero (el palo del Corto Maltés no llega a los 8 metros). Podías encontrarte con la cubierta barnizada de basura.


viernes, 9 de enero de 2015

Las comodidades modernas.

Pues sí, en aras de la comodidad los veleros modernos ponen cada vez más maniobras automáticas o movidas por motores eléctricos. Una de ella es el enrollador de la vela mayor dentro del palo, para no tener que salir de la bañera a tomar rizos cuando aumenta el viento y las condiciones se degradan. Pero la vela se recoge dentro del palo, un espacio minúsculo y cualquier arruga hace que el rollo se bloquee. Hay que enrollarla en unas condiciones determinadas de flexión del palo (regulada por el bakestay) y de tensión de la botavara (regulada por la trapa) para que entre sin una sola arruga. Pero ya os imagináis que precisamente cuando se toman rizos es porque el viento está enfureciéndose y esas condiciones ideales son difíciles de garantizar. O sea que es habitual encontrarse en mitad del temporal con una vela trabada a medio recoger, que no puedes ni enrollar entera ni desenrollar para arriarla. El típico problema de algo que funciona bien en la "demo" y mal en la vida real.


miércoles, 7 de enero de 2015

martes, 6 de enero de 2015

Dibucarta de cuando se perdió Baltasar.

Espero que ya hayáis abierto vuestros regalos de Reyes. Este es el último, y tiene dos premios. Cuando la leáis lo entenderéis. ¡A por ella, grumetillos!.


viernes, 2 de enero de 2015

La vida misma.

Esto que parece un chiste:


con nuestros grumetillos es la vida misma. Pero nos lo pasamos bien.