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domingo, 29 de junio de 2014

Ya están en la biblioteca.

Los libros "La vuelta a España del Corto Maltés" y "La sonrisa de Mikel" ya están disponibles en la Biblioteca Central de Cantabria, donde se pueden obtener en préstamo.

jueves, 26 de junio de 2014

Llegamos a buen puerto.

Pues sí, después de un mes y con casi 600 millas náuticas en la estela, ayer arribamos a Santander. Fue un día de navegación relajada, con vientos contrarios pero suaves que nos permitieron navegar dando largos bordos hasta pasar el Cabo de Ajo, y luego a rumbo directo a Santander con vientos del NW. Hoy toca arranchar el barco para ponerle en orden después de la tralla.

En el balance, la placidez de los recuerdos de una navegación y unos sitios preciosos, al alcance de unos días de vela, la sensación de seguridad en el barco a pesar de su reducido tamaño, y la convicción de que con prudencia y disponiendo de tiempo para la planificación de la meteorología, con un barco pequeño se puede ir a cualquier sitio. Incluso a paraisos donde un barco grande no puede llegar, sencillamente porque no cabe.

¡Hasta la próxima!.


martes, 24 de junio de 2014

¡Qué cerca de casa!

Pues sí, ya estamos en Laredo. Parece mentira después de un mes de vagabundeo y de travesías tan lejanas.

Ayer salimos de Hondarribia y llegamos hasta Elanchove. Fue una travesía con poco viento e hicimos una parada intermedia en Orio para conocer este puerto, situado en el interior de una ría. Antes la ría era de difícil entrada por su poco calado, pero ahora está dragada y balizada y no tiene ningún problema. Nos llamó la atención que faltaba la luz roja de babor a su entrada, porque los temporales de este invierno han roto el extremo del espigón y con él se ha ido al agua la luz que le marcaba, que ha sido sustituida por boyas rojas flotantes:


La entrada está muy cerquita de la península de Guetaria, el típico "ratón":


Después de hacer gasolina en Orio y comer salimos enseguida porque se estaba levantando el esperado viento del NW que llevábamos esperando todo el día. Por la tarde Aguirre pescó una caballa, la primera pieza cobrada en este viaje:


Continuamos camino hasta el precioso pueblo de Elanchove. Está situado a sotavento del Cabo Ogoño, en una ladera casi vertical asomado al mar y con un puerto pequeñito y precioso:


Nos quedamos amarrados al muro, y fijaos aquí lo que baja la marea:


Como no teníamos a bordo para cocinar el pescado por nuestra reiterada falta de suerte con la pesca, tuvimos que pedir en un bar que nos dieran unos dientes de ajo y cebolla para hacerlo, y hago constar que ha sido el primer pescado cogido en travesía que se ha cocinado en el Corto Maltés. Como Aguirre es, entre otras cosas, cocinero, hizo que hasta a mí, que no me gusta el pescado, me encantara la cena. Para no dejar olores en la pequeña cabina del barco, sacamos la cocinita fuera y lo guisamos todo en la bañera:


Las calles de Elanchove son tan estrechas que cuando el autobús llega al final del pueblo no puede dar la vuelta, y han hecho en el suelo una plataforma circular en la que se sitúa el autobús, con un mando a distancia se gira 180 grados y sale en la dirección contraria a la que entró:




El mar estaba en calma total dentro del puerto y dormimos de un tirón toda la noche. Hoy por la mañana hemos salido con pronóstico de vientos flojos del W pero que finalmente de flojos no tuvieron nada (han oscilado entre 15 y 20 nudos) y dando largos bordos y muchos pantocazos hemos conseguido llegar hasta Laredo, en una etapa de 40 millas, que añadidas a las 44 de ayer ya os imagináis que nos han dejado baldados.

Si todo va bien mañana a media tarde llegaremos a Santander. El pronóstico es de vientos otra vez del W (llevamos toda la semana ciñendo) pero manejables, y si no lo son ya haremos lo posible por domesticarlos y que nos lleven a casa.

Un abrazo a todos.



domingo, 22 de junio de 2014

La segunda noche de Walpurgis.

En efecto, ayer salimos de Arcachón con un tiempo extraordinario y pronóstico de vientos del NE al NW, per siempre portantes y muy flojitos hasta el punto de que preveíamos hacer toda la travesía a motor. La salida por las bocas de Arcachon estaba tan tranquila que ni siquiera había rompientes en las orillas del canal, y la hicimos en marea vaciante. Salimos al mediodía y hasta media tarde no se levantó el viento. Inicialmente fue flojito y bajo un sol abrasador.

A la altura de Mimizan tuvimos la visita de unos aviones del ejército francés, unos cazas que nos sobrevolaron varias veces y un avión pesado de transporte que nos hizo varias pasadas en círculo a una altura tan baja que pudimos ver a los pilotos. Pero no se comunicaron por radio con nosotros ni nos hicieron ninguna seña. Nos quedamos sorprendidos, porque aunque es verdad quie habíamos "invadido" la zona del campo de tiro por apenas una milla, nos habían asegurado que ayer no había ejercicios. Total, que nos quedamos sin saber a qué atenernos. Como no se comunicaron con nosotros seguimos nuestra ruta, y finalmente no pasó nada. Pero ¡menudo susto!.

Al anochecer el viento fue arreciando y finalmente hicimos toda la travesía a vela con unos vientos del W fabulosos que nos permitieron no bajar de los 4,5 a 5 nudos en toda la noche. Lo malo fueron las tormentas, porque otra vez nos chupamos 5 ó 6 de ellas, con aparato eléctrico y unos chubascos que parecía que nos tiraban el agua con calderos. Finalmente pudimos alargar la etapa un poco más de lo previsto, y en lugar de recalar en Capbreton o en Bayona, como preveíamos, nos hemos venido a Hondarribia. Eso sí, después de no pegar ojo en toda la noche, hemos dedicado el día a recuperar el sueño perdido y estamos pasando un día relajado de descanso.

Mañana seguimos nuestra ruta hacia el Oeste, por desgracia con pronóstico de vientos del W para toda la semana, aunque flojitos, que nos van a obligar a avanzar haciendo bordos, algo que en la vela, y sobre todo en las etapas largas de travesías, es exasperante. A ver si esta vez se equivocan y por una vez el error nos beneficia.

Os recuerdo que ya hemos actualizado el localizador, y en la columna derecha del blog están las instrucciones para que podáis ver en tiempo real dónde nos encontramos (sección "¿dónde estamos?"). Gracias a Pablo por el tiempo que le ha dedicado.

Un abrazo a todos

Alvaro  y Aguirre.

viernes, 20 de junio de 2014

Despedidas y huelgas.

Pues sí, hoy era el día de las despedidas porque se ha marchado Ana y espero a Jorge para el viaje de vuelta. Por si fuera poco triste el día, al llegar a la estación nos enteramos que se ha suspendido el trayecto para el que teníamos billete por una huelga de trenes. Llevamos todo el día mandándonos SMS entre los tres para informar de a qué altura del viaje está cada uno y cuándo espera llegar a casa. Un día negro, vaya. A cambio el pronóstico para salir mañana de Arcachon es muy bueno y para el trayecto también, con vientos flojitos del W o del NW que nos permitirán nevegar por el través de estribor tranquilamente hacia España. Eso sí, no haremos una media muy buena de nudos y suponemos que necesitaremos una 20 horas. A lo mejor no volvéis a tener noticias de nosotros hasta el domingo por la tarde-noche o el lunes. Deseadnos suerte.

jueves, 19 de junio de 2014

Andernós y los amores eternos.

Hoy hemos hecho una navegación de ida y vuelta a Andernós, con una escala de despedida en la Isla de los Pájaros, 16 millas. Andernós es un puerto ostreícola al norte de la bahía, famoso por su espigón, de 232 metros de largo, que según las guías turísticas es el más largo de Europa, aunque yo creo que los franceses aquí han exagerado un poco:



Es de hormigón salvo su parte final, que tiene un pantalán flotante dedicado al transporte de pasajeros, pero que uno de sus lados admite barcos de tránsito y es gratuito. Siempre queda un poco de agua en bajamar, al estar tan lejos de la orilla, pero no entraba en nuestros planes quedarnos a dormir porque mañana coge Ana el tren de vuelta y se incorpora Jorge Aguirre para la navegación hasta Santander, y no queríamos arriesgarnos a perder alguna combinación durmiendo tan lejos de Arcachon. Por lo tanto fuimos con la pleamar, conocimos el pueblo y los alrededores y nos volvimos:






(fijaos en el ciclista detrás nuestro porque luego volveré sobre él).

El pueblo está volcado en la recolección de ostras, aunque había también ambiente veraniego de turismo. Su acceso es difícil, contando y marcando las boyas como para ir a Le Teich, algo difícil si no imposible de hacer solo, pues hay que ir buscándolas en la carta y luego con los prismáticos para identificarla. Nosotros, yendo dos, nos salimos una vez de la canal y no pasó nada gracias a que estábamos casi en pleamar y había agua de sobra.

Después retrocedimos sobre nuestros pasos hasta encontrar el canal que lleva a la Isla de los Pájaros, preciosa pero de triste recuerdo por la noche toledana que nos hizo pasar. Fuimos allí a comer y descansar un rato, a modo de despedida de este sitio emblemático. Nos marchamos de allí cuando se retiraba el mar, y el velero que estaba fondeado al lado nuestro no estuvo tan espabilado y se quedó varado. Ahora no saldrá hasta la pleamar de por la noche.

Después de unos bordos frente a Arcachon para grabar mejor en la memoria su imagen, volvimos a puerto otra vez con un encarguito para la bici, pues con tantos baches que la hemos hecho soportar había perdido nada menos que la tuerca que sujeta la rueda de atrás.

Mañana es día de despedidas pues se marcha Ana (¡sniff!) y viene Jorge para ayudarme a llevar el barco de vuelta a Santander. Pensamos salir el sábado o el domingo según la meteorología, y cuando estemos en España volverá a funcionar el localizador en el blog. Lo que ya está claro es que ninguno de los dos días habrá ejercicios de tiro del ejército sobre nuestras cabezas, lo que tranquiliza mucho porque no, no son disparos de fusil, fijaos con lo que tiran:
 


Y para terminar un comentario sobre los amores eternos. Fijaos lo que ha hecho este señor cuando su mujer se quedó inválida:


Ha fusionado la silla de ruedas con el cuadro de la bici para poder seguir dando paseos en bici con ella por su pueblito, Andernós. Eso si es autenticidad.

Y un aviso a los grumetillos: ya he puesto en la página de Flickr una entrada para apuntarse a la primera navegación de este verano, que será el sábado 5 de julio.





miércoles, 18 de junio de 2014

Hasta el final del cabo.

Ayer después de hacer el blog fuimos a dar un paseo nocturno y a la vuelta seguía soplando el mismo viento de NW con  tanta fuerza que había sacado a un velero de su plaza de atraque. De las cuatro amarras que siempre tiene un barco se habían roto 3, y la cuarta era sólo un hilillo a punto de romperse. Estaba fuera, descolocado, y golpeando con el fueraborda y el espejo de popa de su vecino. Con aquellas olas no habría durado ni media hora la amarra que le quedaba y se habría estrellado contra la costa u otro pantalán. Fue nuestra buena acción del día (claro, le colocamos en su sitio como pudimos, uniendo los trocitos de cabo que le quedaban y buscando puntos fijos de donde amarrarle, porque las cornamusas se le habían arrancado).

Hoy hemos ido a conocer la punta del Cap Ferret (el día anterior nos quedamos en el faro). Fuimos a por gasolina al puerto de La Vigne, donde tan bien nos recibieron la semana pasada, y tuvimos la suerte de que volvieron a dejar que nos quedáramos en una plaza vacía. Desde allí fuimos a conocer la península en las bicis. Fue providencial, pues los otros sitios que habíamos pensado utilizar ya veréis los problemas que tienen.

El primer sitio es la Jetée de Belisaire, un pantalán de hormigón donde amarran los pequeños transbordadores que unen las dos orillas de la bahía, como en Santander las Pedreñeras. Pensábamos que para unas horas podríamos amarrarnos allí, pero está prohibido. El plan B era haber varado en Mimbeau, una playa que se seca en bajamar detrás de una península de arena y dunas, como El Puntal de Santander, justo a sotavento del Cap Ferret. El sitio es precioso, completamente protegido, pero el fondo es de vasa y habría sido difícil bajar las bicis y además tendríamos que haber esperado casi 12 horas para volver a salir de allí navegando:

El paisaje es espectacular, siempre presidido por el famoso faro de Cap Ferret blanco y rojo del que os hablé otro día:





Y finalmente continuamos hasta la mismísima punta del Cap Ferret, una playa salvaje donde aún permanecen búnquers de la 2ª Guerra Mundial, expuesta a los vientos y las olas del Océano, y que últimamente están protegiendo con muros de contención y estacas de madera para que no se deteriore.

Al acabar el día volvimos a Arcachon. Quiero comentaros algunas cosas sobre esta bahía. En primer lugar llama la atención la limpieza de sus aguas. No se ve ni una bolsa de plástico, ni una botella, nada. Todo el entorno vive del cultivo de ostras y otra cosa sería fatal para ellos. Por eso la marina está dotada de varias bombas para vaciar las aguas negras, las sentinas, e incluso los retretes químicos:

Esto último no lo he visto en España y es lógico pues cada vez más barcos se están pasando a los WC químicos por la nueva normativa que obliga a llevar un depósito de negras, que en los barcos pequeños no hay donde situarlos.

También deciros que en la marina de Arcachon el personal es de lo más amable que he conocido en mis años de navegante. Te atienden enseguida y se desviven por facilitarte la estancia. Las instalaciones son ejemplares, en limpieza y orden, y sólo echamos en falta que no tengan wifi, por lo que tenemos que ir obligatoriamente a una cafetería, dentro del puerto, que sí tiene. Este servicio es muy raro que no lo tengan, para consultar la meteorología, hablar con la familia, etc.

Me está gustando tanto que mirad lo que me he traído al barco de recuerdo de Arcachon. El contenido es el mismo, ¿pero a que la estética ha mejorado?





martes, 17 de junio de 2014

¿Un atolón del Pacífico en Francia?

Pues sí, eso es el Banc D'Arguin. Hoy hemos ido por segunda vez parea meternos en la segunda laguna. Esta segunda se ha formado muy recientemente, por los movimientos de arena en los temporales de invierno. En la cartografía de hace dos años no existía. Fijaos dónde estábamos fondeados según el plotter, cuando en realidad estábamos en el centro de una laguna circular cerrada (y más divertido aún, observad el trak y veréis que para entrar estábamos navegando, según el plotter, por encima de la isla):


 Se entra a la laguna por un estrecho canal sólo accesible en pleamar y con barcos de escaso calado:


Cuando baja la marea el canal de entrada se seca pero la laguna no, y te quedas encerrado dentro de ese pequeño paraiso. Las corrientes en el canal son impresionantes, como en los atolones. Hoy estábamos dentro unos 10 barcos, pero he leido en una guía que en los fines de semana de  julio y agosto puede haber dentro 900 (sí, novecientos). Imaginaos el embotellamiento.

Por desgracia no pudimos desembarcar. Estando dentro se levantó un viento del NW de más de 20 nudos y contra ese viento no conseguimos levantar el fondeo para acercarnos a la orilla (el Corto Maltés no tiene molinete y hay que levantar el ancla a pulso). No nos quedó más remedio que esperar a que amainase y subiese la marea (entonces la cadena del ancla tira más vertical y se desclava más fácil) y cuando al final conseguimos levantarla salir de la trampa antes de que volviese a cerrarse en bajamar. A pesar de los problemillas fué un día precioso.

Respecto a la cola de ballena que os comenté otro día, resulta que no tiene ninguna historia detrás. Es una escultura flotante que instalaron hace 4 años como mera curiosidad turística (da muy bien en las fotos) y cada año la pintan de un color esotérico, porque ya ha sido rosa, verde, azul y blanca:



lunes, 16 de junio de 2014

Cada 6 horas.


Ayer vinimos al puertito fluvial de Le Teich. Como íbamos a salir por la tarde, por la mañana hicimos una excursión en bici a la Duna de Pilatos. A la vuelta reparamos que en el suelo de una plaza de Arcachon hay moldes con los pies derechos de sus navegantes famosos (como en Hollywood las manos de los actores). Así comprobamos que Eric Tabarly, el mejor navegante francés (aunque murió ahogado por no ponerse el chaleco y el arnés, que él consideraba “de señoritas”) tenía los dedos en gatillo. Fijaos que le falta el meñique:



Como os decía, salimos para Le Teich por la tarde para aprovechar la pleamar. Es un puerto situado cauce arriba de un río de los que desemboca en la bahía de Arcachon, sólo navegable en pleamar. Tuvimos un fuerte viento de fuerza 5 por la popa, que nos hizo correr más de lo que queríamos. En efecto, sólo con el Génova (más la corriente de marea) hacíamos 5-6 nudos. El problema es que el rumbo transcurría entre cultivos de ostras y había que identificar más de 30 boyas una a una para llegar a destino. Nosotros teníamos que llegar hasta la K15 y luego hasta la J5. A ese velocidad uno tenía que llevar el timón (menos mal que estaba Ana) y otro irlas identificando con los prismáticos, decirle el rumbo necesario, e irlas anotando para comprobar que no te habías saltado ninguna (un atajo en este campo minado de cultivos de ostras sería fatal). La mayoría son boyas cardinales, pero también rojas y verdes de babor-estribor, y a veces simples palos clavados en el fondo. Ni hablar de pretender tomar las posiciones de GPS en el cuaderno de bitácora: no daba tiempo. Sólo apuntar el número de boya que dejabas por babor o por estribor y a buscar la siguiente.

Al llegar a la J5 llamamos por teléfono al responsable de la Asociación Le Teich que nos iba a esperar en el pantalán, para pedirles instrucciones pues según la cartografía ya no había más boyas. Nos dijo que no nos podía ayudar, que teníamos que encontrar la entrada al río nosotros. Si hubiera salido algún barco habría sido fácil, pero por allí no navegaba nadie y tuvimos que arriesgarnos buscando con los prismáticos, y acertamos. Una vez dentro del río la cosa era más fácil, pues está balizado con las verdes y rojas sin dificultad, salvo que en algunos recodos las boyas estaban tan cerca de la orilla que parecía imposible que hubiera que pasar por allí. Pero ante la duda, en un sitio que desconoces, yo recomiendo fiarse del balizamiento por absurdo que parezca.

El río es un mosaico de vegetación de rivera, juncos y similares, y bancos de arena. Como seguía viniéndonos el viento por la popa pudimos remontarle entero a vela, y ha sido una de las experiencias más placenteras del viaje.

Por el camino nos cruzamos con otro velero que salía, y aunque no es el nuestro os lo enseño para que veáis la imagen que debíamos dar nosotros, además navegando a vela, no como ellos que iban a motor:


Al llegar a puerto nos estaba esperando Michel Graziani, para recibirnos y explicarnos todo lo relativo a su puerto. No deben recibir muchas visitas, pues a todo el que se cruzaba le decía que tenían visitantes de España, nos presentaba y cruzábamos unas palabras. Nos dijo que estuviéramos todos los días que quisiéramos, que por ahora la plaza estaba vacía, y al final tampoco nos cobró. Se agradece tan buena acogida cuando estás lejos de casa, gracias Michel.

Le Teich es un puertito precioso, y aquí la diferencia entre el gran paraíso y el pequeño infiernito se produce cada 6 horas, con la marea. Ya estamos en la zona de la bahía de Arcachon que se seca y el puerto pasa de ser esto:



a esto:

Ahora hay una rutinas nuevas a bordo. Antes de la bajamar hay que quitar el motor y cerrar la llave de paso del desagüe de la cocina para que no se obstruyan de barro. Ahora nuestra bañera está más encombrada, pero hemos aprovechado para engrasar bien el motor:


Por lo menos el barro no huele mal ni hay mosquitos, como nos temíamos. Y dormir se duerme fenomenal, porque como no hay olas y el barro es blandito, cuando el barco queda apoyado en el fondo no da golpes en el suelo y ni te enteras. Además no hay que poner los puntales porque él solo se hace una cuna en el barro. Eso sí, es peligroso bajarse al barrizal, es como las arenas movedizas. Las guías advierten: “Evitar absolutamente tirarse al agua para intentar mover su barco si encalla,  riesgo de ser engullido”. Un piragüista se bajó antes de llegar a la rampa y el cieno le engulló hasta el tórax. Menos mal que se agarró a la popa de la piragua y tirando desde la proa consiguieron sacarle:

Después de una noche tranquilísima, aprovechamos el día siguiente para conocer la reserva ornitológica. Se hace por unas pistas que permiten circular en bici y que discurren entre los remansos del delta del río. Hemos visto unas cigüeñas enormes:

cisnes, ánades, garzas, y multitud de otros pajaritos que no sabemos ni nombrar. También el puerto es su dominio, y hay unos pequeñitos (más pequeños que los gorriones) que campan a sus anchas entre los barcos:

Los caminos de la reserva están pavimentados, como siempre, con conchas de ostras:


 Pero también hay otros que son intransitables, por lo menos con las bicis que tenemos. Por ejemplo esta, que bautizamos “ahítejodas”, que tiene los árboles en mitad de la senda y con unos socavones entre las raíces de los árboles donde se metían las ruedas. Tuvimos que deshacer el camino andado porque no éramos capaces de seguir:


En el puerto hemos conocido a una familia de navegantes que recorren habitualmente la costa del Cantábrico en verano y que en julio van a ir a Santander, y a los que esperamos ayudar en su estancia como ellos han hecho con nosotros. Tienen un Feeling de 10 metros y medio y son los únicos de este puerto (en el que hay 180 barcos) que salen de la bahía de Arcachon a navegar. Es de orza abatible, como la mayoría de los que navegan por esta bahía.

Y si alguno se queja si algo no está bien en El Sardinero, fijaos aquí a lo que llaman “playa”:



Es un socavón con arena artificial y que se llena con el agua marrón del río por una compuerta. Pero los niños se bañan encantados. Y si alguien cree que sólo hacemos chapuzas en España, reparad en este cobertizo:



El día siguiente madrugamos para ir a Biganos. Es otro puerto fluvial, el que se adentra más en la tierra (unas 3 millas río arriba). Madrugamos a las 6 h. para aprovechar la pleamar de la mañana. Igual que para llegar a Le Teich, desde la bahía tienes que encontrar tú mismo la entrada al río con los prismáticos. Esta vez nos costó menos porque salía un barco y orientó nuestra proa. Ya dentro del río, está bien balizado y no hay más que seguir las balizas y en los meandros arrimarse a la orilla exterior, donde la curva es más larga (allí siempre hay más fondo). A todo lo largo del río hay embarcaderos artesanales con los barcos amarrados a pilotes clavados al fondo:



Tras un recorrido precioso, esta vez a motor, llegamos al puerto de Biganos. Está dragado para que nunca se seque, pero el propio río sí se seca en bajamar, por lo que te quedas como en una poza desconectada del exterior hasta la siguiente marea. Nos quedamos en el pantalán de tránsito, que para una noche es gratuito. De Biganos sólo voy a contaros que sobrevaloramos las posibilidades de nuestras minibicis para explorar fuera de la carretera:


y que ha sido el lugar más bonito, el polvillo de oro de los recuerdos de este viaje.  Por eso con vuestro permiso esta vez no vamos a compartirlo, y lo guardamos para nosotros solos.



viernes, 13 de junio de 2014

El Cap Ferret y el Banc d’Arguin.

El puerto de La Vigne finalmente no nos cobró la estancia en sus aguas, todo un detalle con nosotros. Y no sólo no nos cobró, sino que no nos pidió ni los papeles del barco  del seguro, algo inaudito en las marinas. Se construyó en 1966 aprovechando una laguna, no conectada con el mar, que existía allí de forma natural desde tiempo inmemorial. Era de agua dulce, y al unirla al mar para hacer el puerto desplazaron de su hábitat a las ranas que allí había, y ahora se han instalado por los alrededores y te amenizan la noche con su croar. El puerto es tan pequeño que la forma de amarrar los barcos es solidarizarlos al pantalán, pues no tiene fingers ni amarras al fondo por el extremo opuesto al pantalán. En las maniobras el espacio es tan reducido que todos tienen los motores protegidos contra los golpes:




Fijaos qué motores utilizan por aquí para poder hacer frente a las potentes corrientes de marea de las bocas de Arcachon:


El premio a la desproporción se lo hemos dado a esta motora, cuyo fueraborda ocupa la tercera parte de la eslora:


Desde La Vigne hicimos una excursión en bici al Faro de Cap Ferret. Es el que marca la entrada a las bocas de Arcachon, y uno de los pocos del mundo cuya luz es roja, suponemos que para marcar aún más la peligrosidad del lugar. Se llega a él por una pista ciclable entre pinares, toda en sombra, lo que se agradece mucho. El faro tiene una imagen característica, con la torre blanca y el tope de color rojo, como su luz. A la vuelta nos asomamos a través de las dunas a las playas del Oeste de la península de Cap Ferret, y al ver el mar desde allí comprendimos por qué los de la bahía a lo que hay fuera lo llaman “el Océano”:


Pasamos en La Vigne una noche tranquilísima y dormimos 10 horas seguidas, descansando de la noche loca de la Isla de los Pájaros y de la excursión en bici de la tarde.

 Al día siguiente fuimos al Banc D’Arguin, un de los lugares típicos de Arcachon. Es un conjunto de bancos de arena emergidos, al pié de la Duna de Pilatos y por tanto fuera de la bahía, que cambian constantemente de forma por los movimientos de arena con los temporales del invierno. Son reserva natural, se controla su acceso, y sólo puede irse cuando el mar está tranquilo, pues se forman rompientes como en las bocas de la entrada. Hoy se daban esas condiciones decidimos ir a conocerlos. Están separados de la Duna de Pilatos por un canal que antes se conocía como “paso del Sur” para entrar a la bahía de Arcachón, pero que ya se ha colmatado de arena y no se utiliza como tal. En la foto se ve la Duna de Pilatos, el canal, y los bunkers de la guerra mundial que se construyeron arriba de la duna, y la erosión de la misma les ha hecho descender poco a poco hasta llegar a su posición actual en la orilla:


 La travesía de ida la hicimos en plena bajamar, y era emocionante ir esquivando los bancos de arena identificándolos por el color del agua, y comprobando cómo habían cambiado en tan solo dos años con respecto a la cartografía que llevamos a bordo. Lo mas espectacular es que antes había una laguna semicerrada que comunicaba con el mar por un estrecho canal, y ahora resulta que hay dos. Han emergido zonas de arenales que antes estaban sumergidos y han cerrado un brazo de mar que antes estaba abierto, convirtiéndolo en una segunda laguna. Desembarcamos en la primera de ellas y recorrimos a pié una parte de su orilla, hasta la zona de la reserva natural que ya no se puede acceder. Como la marea estaba subiendo el desembarco en muy fácil: clavamos la proa en la orilla y llevamos el ancla hacia arriba por la playa, de manera que a la vuelta recuperamos el barco, que ya ha quedado alejado al subir la marea, con la cadena. La primera vez que hicimos esto al comprar el barco no nos dimos cuenta de lo alto que es su francobordo en la proa, y casi no conseguimos subir (la escalera está en la popa, pero no se debe acercar la popa a la orilla pues cualquier ola puede hacer chocar el timón con el suelo y romperlo). Ya lo aprendimos y ahora dejamos colgada una escalera de escalada para la vuelta:


Volvimos tranquilamente a Arcachon, donde también hay estos catamaranes-botellón:

Son catamaranes enormes pero sin cabina, sólo una barra de bar y asientos como en los cines, en fila, para llevar al público.

Hoy y mañana desde Arcachon pensamos ir a dos puertitos del interior de la bahía, Le Teich y Biganos, para aprovechar las grandes pleamares e intentar llegar a ellos. Normalmente no reciben visitantes y no tienen plazas para transeúntes, pero al menos en Le Teich ya nos han facilitado una. El presidente de la Asociación de Propietarios ha sacado su barco para sus vacaciones, y nos dejan ocuparle a nosotros. El de la oficina lleva trabajando allí desde 2001 y me ha dicho que somos el primer barco de tránsito que solicita amarre allí desde que él tiene memoria. Hay que remontar un río sólo accesible en pleamar, como el Río Cubas, que transcurre por una reserva ornitológica.  Va a ser emocionante.

A los grumetillos quiero decirles que nos acordamos de ellos todos los días porque dormimos con la mantita que nos regalaron en 2011:


Y finalmente comentar que en los viajes en barco tiene gracia volver, por necesidad, a las costumbres antiguas. Por ejemplo para ir a la compra: