Visitas al blog:

jueves, 5 de junio de 2014

Poner puertas al mar.


Bueno, no duró el tiempo veraniego. El martes llegamos a Pasajes, la entrada es impresionante, una falla entre dos acantilados tan estrecha que para que entren y salgan los grandes barcos han tenido que poner un semáforo, porque no pueden cruzarse en el estrecho paso. A los veleritos no nos afecta, porque circulamos por fuera de su canal, pero impresiona cruzarse con uno de ellos. La entrada al paso hay que hacerla entre las balizas roja y verde, y aunque parece que han querido poner puertas al mar, como no lo hagas despídete del barco, porque hay rocas a ambos lados:





Luego viene un estrecho corredor de casi dos kilómetros, rodeado de casitas típicas de Euskadi que hunden sus cimientos en el mar, como las de Venecia:





Algunas incluso tienen acceso directo al mar, para un chapuzón improvisado:


Al final el corredor se divide en dos, accediendo al pueblo de Pasajes de San Pedro a la derecha y Pasajes de San Juan a la izquierda. Fuimos a un atraque de pantalanes donde un paisano superamable, Gabi, nos facilitó la pernocta. Es un navegante de la costa Norte de España que se desplaza habitualmente por nuestras Comunidades Autónomas a bordo de su velero, y que esperamos recibir en Santander. Gracias Gabi.

Hicimos una excursión obligada a Rentería, en bici, para comprar unos repuestos para arreglar la bici roja, que se había comido la camisa del freno delantero y las zapatas del trasero. Una excursión alucinante, porque tiene muchas cuestas y bajarlas sin frenos era de infarto. Luego fuimos hasta el mar por una senda costera que al final está destrozada por un argallo, y esperamos la puesta de sol en un chiringuito frente al faro:


Por la noche se desencadenaron todos los elementos, y de madrugada nos despertaron las rachas de viento y los azotes de la lluvia. Y ya no paró en todo el día. Estuvimos dudando si seguir hoy el viaje con tan mal tiempo, y finalmente decidimos hacer una etapa corta hasta Bayona. Salimos de Pasajes después de comer, y nada más abandonar ese bello refugio nos dimos cuenta de lo que había fuera. Rachas de viento de hasta fuerza 6 y olas de hasta 2 metros, lluvia y frío. Otra vez a sacar los trajes de agua, los arneses, la ropa térmica y toda esa parafernalia. Iniciamos la travesía con la mayor en el primer rizo y el génova al 50%, y así hicimos picos de 6,5 nudos pero con el barco muy forzado. Pero estaba tan revuelto que hasta daba miedo ir a la proa a tomar otro rizo, así que lo dejamos como estaba. Un poco después cruzamos la línea imaginaria que en el mar separa España de Francia, frente al Cabo Higuer:


(lo que se ve a la izquierda es Francia, a la derecha España). Y como estaba previsto, al final de la tarde se calmó todo, el viento y las olas, y tuvimos que acabar la etapa a motor. Llegamos al puerto de Anglet (la marina deportiva de Bayona) hacia las 20 h. y ya estaba la oficina cerrada. Es un puertito muy coqueto en la orilla derecha del Río Adour, el que finalmente lleva a Bayona si sigues remontándolo, al que se entra entre dos grandes espigones de rocalla que salen de la playa. Al cabo de un corto recorrido aparece el puertito con una pequeña entrada a una zona que previamente estaba inundada pero separada del cauce principal por un murete. A alguien se le ocurrió aprovecharlo para hacer una marina y ha dado resultado:


Como la oficina estaba cerrada sólo pudimos hablar con el vigilante, un hombre muy amable que sin conocerme de nada me recibió diciéndome en español: “!es mi último mes de trabajo!”. En efecto, se jubila en julio, y habla español por la proximidad con la frontera. No nos supo decir los detalles de la conexión wifi de la marina, pero él vive en un pequeño apartamento sobre la oficina y nos sugirió un atraque debajo de su ventana para recibir su señal de wifi privada. Un detallazo, aunque finalmente no llegaba hasta nuestro barco. También nos dio la clave para acceder a los baños, pero se le olvidó decirnos que la ducha funciona con fichas que te dan en la oficina. Cuando ya estábamos en bolas para entrar a la ducha nos dimos cuenta de que no había grifos. Nos quedamos con las ganas y helados. Mañana será otro día.

Ya sólo nos queda la última etapa pero la más dura, por su longitud (64 millas) y porque tendremos que navegar de noche para presentarnos en las bocas de Arcachon en la pleamar de la mañana, y con la incertidumbre de si podremos pasar o no. Hemos decidido posponerla al viernes 6, principalmente porque hoy jueves hay ejercicios de tiro del ejército francés en la zona de exclusión, y aunque navegásemos por las 3 millas paralelas a la costa (la zona permitida) no nos apetece oír pasar los obuses sobre nuestras cabezas, y menos calcular mal y meternos en el sarao, porque nos vencen seguro. Hemos contactado con el faro de Cap Ferret, a la entrada de Arcachon, y nos han confirmado que en los próximos 2-3 días no habrá problemas para entrar. Hoy aprovecharemos para descansar y coger fuerzas, para toda la intendencia, y para conocer Bayona en bici. Deseadnos suerte.

3 comentarios:

Fernando - Andua dijo...

La verdad es que leyéndote parece todo tan fácil...
Aún no conozco yo ese puertito de Anglet, ya me has puesto una nueva meta para este verano.

Y como tu quieres, os deseo buena suerte y mejor viento.
Un abrazo.

PD. Ya me dio pena no poder acercarme a Pasajes, obligaciones familiares me lo impidieron. Veremos si a la vuelta podemos coincidir.

Hooper dijo...

Suscribo el comentario de Fernando... :-)

¿Tenéis alguna fuente de consulta de los puertos franceses? ¿Alguna dirección de internet?

Saludos :-)

corto_maltes dijo...

Hola de nuevo Hooper. Yo me fío fundamentalmente de las guías náuticas, llevo la Imray y el Pilot Cotière. También la cartografía electrónica en un pequeño plotter que me regalaron, y cuya cartografía compré antes de la vuelta a España (2012). Las consultas en Internet las hago antes de salir de viaje, y si hay algo muy interesante lo llevo impreso en papel. Me arece básico llevar una cartografía o guía náutica impresa en papel por si falla la electrónica, lo que no es inhabitual. En este viaje, como en la vuelta a España, el GPS perdía los satélites al final del día, justo cuando estás arribando a puerto y más te fastidia.