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miércoles, 18 de junio de 2014

Hasta el final del cabo.

Ayer después de hacer el blog fuimos a dar un paseo nocturno y a la vuelta seguía soplando el mismo viento de NW con  tanta fuerza que había sacado a un velero de su plaza de atraque. De las cuatro amarras que siempre tiene un barco se habían roto 3, y la cuarta era sólo un hilillo a punto de romperse. Estaba fuera, descolocado, y golpeando con el fueraborda y el espejo de popa de su vecino. Con aquellas olas no habría durado ni media hora la amarra que le quedaba y se habría estrellado contra la costa u otro pantalán. Fue nuestra buena acción del día (claro, le colocamos en su sitio como pudimos, uniendo los trocitos de cabo que le quedaban y buscando puntos fijos de donde amarrarle, porque las cornamusas se le habían arrancado).

Hoy hemos ido a conocer la punta del Cap Ferret (el día anterior nos quedamos en el faro). Fuimos a por gasolina al puerto de La Vigne, donde tan bien nos recibieron la semana pasada, y tuvimos la suerte de que volvieron a dejar que nos quedáramos en una plaza vacía. Desde allí fuimos a conocer la península en las bicis. Fue providencial, pues los otros sitios que habíamos pensado utilizar ya veréis los problemas que tienen.

El primer sitio es la Jetée de Belisaire, un pantalán de hormigón donde amarran los pequeños transbordadores que unen las dos orillas de la bahía, como en Santander las Pedreñeras. Pensábamos que para unas horas podríamos amarrarnos allí, pero está prohibido. El plan B era haber varado en Mimbeau, una playa que se seca en bajamar detrás de una península de arena y dunas, como El Puntal de Santander, justo a sotavento del Cap Ferret. El sitio es precioso, completamente protegido, pero el fondo es de vasa y habría sido difícil bajar las bicis y además tendríamos que haber esperado casi 12 horas para volver a salir de allí navegando:

El paisaje es espectacular, siempre presidido por el famoso faro de Cap Ferret blanco y rojo del que os hablé otro día:





Y finalmente continuamos hasta la mismísima punta del Cap Ferret, una playa salvaje donde aún permanecen búnquers de la 2ª Guerra Mundial, expuesta a los vientos y las olas del Océano, y que últimamente están protegiendo con muros de contención y estacas de madera para que no se deteriore.

Al acabar el día volvimos a Arcachon. Quiero comentaros algunas cosas sobre esta bahía. En primer lugar llama la atención la limpieza de sus aguas. No se ve ni una bolsa de plástico, ni una botella, nada. Todo el entorno vive del cultivo de ostras y otra cosa sería fatal para ellos. Por eso la marina está dotada de varias bombas para vaciar las aguas negras, las sentinas, e incluso los retretes químicos:

Esto último no lo he visto en España y es lógico pues cada vez más barcos se están pasando a los WC químicos por la nueva normativa que obliga a llevar un depósito de negras, que en los barcos pequeños no hay donde situarlos.

También deciros que en la marina de Arcachon el personal es de lo más amable que he conocido en mis años de navegante. Te atienden enseguida y se desviven por facilitarte la estancia. Las instalaciones son ejemplares, en limpieza y orden, y sólo echamos en falta que no tengan wifi, por lo que tenemos que ir obligatoriamente a una cafetería, dentro del puerto, que sí tiene. Este servicio es muy raro que no lo tengan, para consultar la meteorología, hablar con la familia, etc.

Me está gustando tanto que mirad lo que me he traído al barco de recuerdo de Arcachon. El contenido es el mismo, ¿pero a que la estética ha mejorado?





1 comentario:

Hooper dijo...

Viendo en Google Maps La Vigne y otros...
Decididamente, ser pequeño tiene sus ventajas... ;-)