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martes, 8 de abril de 2014

Bahía de Arcachon: las luces y las sombras.

En efecto, tiene sitios paradisiacos con embarcaderos entre paisajes campestres a los que se llega tras remontar unos kilómetros alguno de los ríos que desembocan en la bahía:


Pero también puertos con fondos de vasa (la forma fina de llamar al barro pestilente) donde ni siquiera hacen falta los puntales porque el barco se hunde hasta la flotación en el chorongal:


Lo que me preocupa de estos puertos es que el barro obstruya las válvulas y las tomas de agua del fueraborda y se averíe el motor. Habrá que sacarle cada vez o buscar una forma de protegerle con una bolsa. Por supuesto ni pensar en bajarse andando al chorongal, es como arenas movedizas. O te quedas "amarrado" al muelle o a esperar la siguiente marea sin moverte. Cuando un barco se ha ido y baja la marea, en el fondo ha dejado su huella:



Por otra parte hay playas de arena donde serán más eficaces los puntales, pues allí el fondo es duro y quedaremos apoyados en el quillote:


Es un terreno curioso de convivencia entre los barcos y los tractores (éstos van a los barcos en bajamar a recoger la pesca del día):


No es mi caso, pero a los que le gusten las ostras en la bahía de Arcachon hay tantas que las conchas se usan para pavimentar el suelo:


y como elementos de construcción:


En fin, un sitio curioso para conocer. Pero igual que en la vuelta a España la recompensa (el Canal de Midi) había que ganársela, la bahía de Arcachon es lo mismo: primero hay que conseguir entrar en ella. De las dificultades de entrar y salir de ella os hablaré otro día.

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