Visitas:

martes, 14 de agosto de 2012

¡Cómo tira el puré de lentejas!

Hola amigas y amigos, hoy vamos a contaros el descenso del río Garona hasta Burdeos y nuestra estancia en esta ciudad. Salimos muy temprano para aprovechar la corriente de marea y poder hacer los más de 50 km. que nos separaban de Bourdeaux en pocas horas. Con el motor a no demasiada potencia bajamos a 8-9 nudos. Al principio el agua estaba limpia, pero a medida que descendíamos se fue transformado en un lodazal que parecía puré de lentejas:


Era tan espesa, que todo el camino íbamos viendo en el agua la sombra de nuesro propio barco:


Lo de "todo el camino" es un decir, porque casi todo el tiempo navegamos con una niebla espesa que nos obligó a ir tocando la bocina de niebla,  confirmando la posición en el Plotter y siguiendo la línea en la mitad del río que nos indicaba.

El río Garona está poco urbanizado hasta pocos metros antes de Boudeaux y es de una gran belleza natural. Ambas orillas tienen vegetación muy frondosa y no se puede atracar debido a la gran corriente de marea, por lo que están muy  respetadas. Sin embargo están llenas de casitas de maderas hechas sobre pilares que se utilizan para pescar angulas por la noche:


En esta foto se ve el típico "mar de humos" que de vez en cuando se espesaba más y se convertía en niebla. Algunas de estas casitas dan la impresión de que  no se utilizan para pescar, sino como chalecito:


En las orillas del río hay algunos barcos amarrados en zonas excavadas para protegerles de la marea. Normalmente son canalones perpendiculares al río, pero fijaos alguno qué difícil hace lo que tendría que ser  fácil:


A media mañana llegamos a Bourdeaux, una ciudad preciosa declarada en 2007 patrimonio de la humanidad y últimamente muy restaurada. Es la segunda ciudad más visitada de Francia después de París. Pasamos bajo el famoso puente de piedra, que tiene 17 arcos correspondientes a las 17 letras de "Napoleón Bonaparte". Estos arcos estrechan mucho el río y la corriente por sus ojos es impresionante. Nos quedamos en el "pantalán de honor", justo detrás de este puente:


Aunque el Corto Maltés nunca había estado en un pantalán de honor, este nombre induce a engaño. Es el único pantalán de espera que hay en el río, por otra parte, poco dotado de instalaciones náuticas dado lo difícil que es navegar con tanta corriente de marea. Nuestra idea era haber entrado a los muelles a flote para levantar el palo allí. Son dos muelles protegidos por esclusas, pero nos encontramos que también aquí el calor dilata el mecanismo de las puertas y no pueden funcionar de día, o sea, que sólo es posible entrar en las pleamares nocturnas. Además están muy lejos del centro. Por eso hemos decidido quedarnos en el pantalán de honor los 3 días que vamos a permanecer en Bourdeaux, y poner el palo en Pauillac, un poco más al norte. Iremos allí el jueves 16.

Bourdeaux es una ciudad plana y muy peatonal, ideal para circular en bici. Este es uno de los inventos que no tendría que tardar en llegar a España: junto a los aparcamientos de bici hay un inflador de utilización libre:


Ahora fijaos qué calle más curiosa, le han dado el nombre de "calle de Dios", a un callejón sin salida


Y para terminar, da la casualidad de que a 50 m. de donde estamos atracados vive una familia de ragondins, o coipos, con sus crías y todo, a los que la gente da de comer. Os enseñamos su imagen para sondear vuestra opinión y hacer una encuesta para ver qué os parecen:


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonitos los palafitos al borde del río, preciosa la goleta que os acompaña en el amarre, y hasta las ratas parecen monas, como las de la película Ratatouille, que estos franceses son muy finos para todo.


Y una nueva enhorabuena por esta penúltima parte de la travesía, que ya estáis casi en tierra conquistada.

Un abrazo. Jorge

Anónimo dijo...

Según la wikipedia, el coipo está incluido en la lista de las "100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo" de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Anónimo dijo...

Por algo decía yo que no me gustaban nada...
Maribel